De potrero y también de equipo: Thiago Almada juega para los que saben de fútbol
Argentina está empatando 0 a 0 con Austria. Messi falló un penal apenas comenzado el partido y luego perdió las siguientes tres pelotas que recibió.
Aún tiene ese error en su cabeza. No sólo Leo.
También sus compañeros que no pueden reconectarse con la inconfundible e inimitable manera de jugar que tiene el equipo, el mejor seleccionado del mundo desde hace cinco años. De golpe, el rival se siente competitivo y le discute la posesión de la pelota.
Genera alguna aproximación sin tanto peligro para el arquero Martínez. Pero, aun más importante que esa llegada, es esa sensación de que puede imponer sus condiciones y su plan de partido.
Llega la pausa de hidratación que, en realidad, es un tiempo técnico para entrenadores y una enorme fuente de ingresos para las cadenas televisivas. Según el experto en show business Joe Pompliano, la señal Fox podría recaudar hasta 250 millones de dólares por los avisos que se emiten durante los hydration breaks.
Pompliano hace la siguiente cuenta en su newsletter: son 104 partidos, 2 pausas por encuentro y 4 avisos de 30 segundos por cada tanda. Multiplicamos y llegamos a 832 spots.
El precio del comercial varía según el partido y el equipo. Un aviso durante un partido del seleccionado local dirigido por Mauricio Pochettino puede venderse en 750.000 dólares.
En algunos juegos de la fase de grupos, el número habrá sido inferior pero nunca por debajo de los 200.000. El autor calcula un promedio de 300.000 por spot.
Volvamos a multiplicar. Ahora la cuenta es 832 x 300.000.
Y así llegamos a los 249.600.000 de dólares.De acuerdo con Pompliano, Fox adquirió los derechos del Mundial para Estados Unidos en 485 millones. Habrá financiado el 52% de la operación gracias a lo recaudado en las abucheadas pausas hidratantes.
Pasan los comerciales y regresamos al primer tiempo de Argentina - Austria. La música cambia.
Empieza a parecerse a la de siempre. Se escucha La Nuestra dentro de la cancha.
El juego fluye. El equipo se junta alrededor de la pelota.
Toco y me voy. O toco y me quedo, según cada jugada.
Es una ejecución coral. Pero se distingue claramente quién dicta el tempo en este partido, quién es el director de orquesta en el mediodía de Dallas con estadio techado.
Toca y se mueve. Se ofrece siempre.
Maneja el ritmo y la intención. Ejerce de pegamento para sus compañeros.
Se acerca y se aleja para recibir libre, según el momento y el lugar. Tiempo, espacio y engaño, como decía el sabio Menotti.
Como natural consecuencia de ese control del juego en su pura esencia, Argentina hace un golazo, uno más de Messi en esa zona 14 que tan bien explicó Thierry Henry como analista de la cadena Fox aquí en USA. La zona 14 y el 10 argentino son indefendibles.
Es el sector que rodea a la medialuna. A espalda del 5 rival y con los centrales en retroceso, Leo encuentra en esa zona que debería llevar su nombre el excelente pase atrás de Facundo Medina.
El resto es rutina de lo extraordinario para el mejor de todos los tiempos. Pero falta algo para disfrutar de ese gran gol argentino.
Hay un futbolista que da un pase sin tocar la pelota. La deja pasar porque sabe que atrás viene el mejor definidor del equipo, el verdadero 9 de la selección.
Se llama Thiago Almada, el protagonista de esta historia. El Guayo marcó el camino en el último partido competitivo del defensor del título.
Él cambió el guion post-pausa de hidratación. Almada es uno de los 17 campeones del mundo de 2022 que repiten en 2026.
Llegó a Qatar junto con Angel Correa por las lesiones de Joaquín Correa y Nico González en la recta final. Se enteró de su convocatoria después de un picado y un asado con amigos.
De Fuerte Apache, se crio con su abuela en el Monoblock 2 porque sus padres trabajaban todo el día. Fue botellero y vendió frutas en los monoblocks para ayudar a su familia.
El baby fútbol es el fundamento de su juego. Arrancó a los cuatro años y fue absorbiendo todo el conocimiento para agregarle su técnica individual.
Con la visión de juego de un adulto, sus padres y sus entrenadores lo ayudaron para enfocarse sólo en el fútbol en un lugar peligroso.Un pase sin tocar la pelotaPrimer gol de Argentina vs AustriaPino Hernández, ex delantero de Vélez, aprovechó la cercanía y lo llevó para El Fortín. El Guayo ya había escrito su leyenda en esa canchita de tierra de Santa Clara.
Sigue influyendo en ese lugar donde fue feliz durante su infancia. Ahora la canchita tiene piso de cemento para que los chicos jueguen en mejores condiciones.
El Fuerte también ofrece a la comunidad un merendero y comedor, gestionado por los abuelos de Almada. Thiago asomó en la primera de Vélez promovido y contenido por Gabriel Heinze, que también lo acompañó durante un conflicto con el club.
Se fue al Atlanta United de la MLS a los 20 años. Una elección de vida, con motivos más importantes que el crecimiento deportivo.
Se convirtió en el primer campeón del mundo jugando en esa liga. Supo registrar que su calibre le demandaba un contexto más exigente porque corría el riesgo de estancarse.
Fue otra muy buena decisión. Salió para Botafogo y se consagró campeón de America y del Brasileirao.
Sin Copa América pero con Juegos Olímpicos en el seleccionado durante 2024, formaba parte del plantel pero no era incluido en esa rotación de 14/15 futbolistas importantes. Todavía era Thiaguito.
El consorcio empresarial de clubes lo mandó a Lyon a principios de 2025. Y en marzo de ese año cambió todo.Sin Messi lesionado, Argentina se enfrentaba con Uruguay de visitante y Brasil de local en la doble fecha de eliminatorias.
Scaloni lo puso de titular en el Centenario. Sobre la izquierda como referencia defensiva.
Por cualquier lado para manejar la pelota junto con Paredes, Mac Allister, Enzo Fernandez y Julián Álvarez, más Simeone como alternativa de jugar al espacio. La rompió e hizo el golazo de la noche para el 1-0 final.
Cuatro días después, el equipo le dio una sandunga de novela a Brasil en el Monumental y lo goleó 4 a 1. Fue titular y gran protagonista del baile con De Paul por Simeone como único cambio respecto de Montevideo.
Ya no más Thiaguito. Señor Thiago a partir de ahí.
Reforzó su condición de punto fijo para el seleccionador con excelentes rendimientos ante Chile (pase gol) y Colombia (gol del empate). Atlético de Madrid se lo llevó en julio.
Su temporada en España fue irregular, marcada por lesiones y, sobre todo, una evidente incompatibilidad entre su manera de jugar y el estilo del equipo de Cholo Simeone. No obstante, no hubo ninguna duda respecto de su rol y de su influencia en el campeón del mundo.
Ofrece soluciones con y sin pelota. Tiene el retroceso para defender delante del lateral izquierdo.
Y le da calidad a la posesión argentina con esa predisposición para tocar y moverse. O tocar y quedarse, según pida la jugada.
No es Ángel Di María, uno de los futbolistas más importantes de la historia de la selección. Pero se quedó con su lugar en el equipo titular, algo impensado hace dos años durante aquella Copa América que no jugó “preservado” para los Olímpicos de París.
Brilló sin Messi y también se entiende a la perfección con el 10. Siempre lejos de los reflectores, es jugador de potrero y futbolista de equipo según lo que haga falta.
Ejerció de líder en esa fase complicada del partido ante Austria y contagió a sus compañeros. Nunca lo dirá porque no es su estilo.
Karim Benzema, autor de la gran frase, lo aprobaría: Thiago Almada juega para los que saben de futbol.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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