Consumir apenas poco más de una cucharadita de azúcar añadida al día puede asociarse con un crecimiento menos favorable y una mayor acumulación de grasa abdominal en niñas y niños menores de dos años, de acuerdo con un estudio que dio seguimiento a 248 pares de madre e hijo durante los primeros 24 meses de vida. La investigación encontró que una ingesta de siete gramos o más de azúcares añadidos al día también se relaciona con conductas alimentarias que podrían afectar la salud a largo plazo, como una mayor tendencia a comer por razones emocionales y un incremento en la selectividad o rechazo a distintos alimentos.

Los resultados, publicados en el estudio Early Life Added Sugars and Associated Appetite, Satiety, Growth and Adiposity in the First 2 Years of Life, muestran que la exposición al azúcar aumenta rápidamente durante los primeros años de vida: pasa prácticamente de cero gramos a los seis meses de edad a una mediana de 19.4 gramos diarios al cumplir los dos años. Entre los principales hallazgos destaca que las y los menores que consumían siete gramos o más de azúcar añadida diariamente presentaban una circunferencia de cintura aproximadamente dos centímetros mayor que quienes no ingerían estos azúcares.

Asimismo, registraron un menor crecimiento en longitud para su edad, indicadores asociados con un desarrollo menos favorable durante una etapa clave del crecimiento. El estudio también documentó que los primeros mil días de vida representan una ventana crítica para el desarrollo del gusto y las preferencias alimentarias.

Una exposición frecuente a alimentos dulces puede modificar los mecanismos cerebrales relacionados con la recompensa y favorecer la preferencia por sabores intensamente dulces, desplazando alimentos de mayor valor nutricional, como frutas, verduras y otros productos frescos. Otro de los hallazgos fue el efecto protector de la lactancia materna.

Las niñas y los niños que recibieron lactancia materna exclusiva durante más de tres meses consumieron significativamente menos azúcar añadida durante sus primeros dos años de vida. Quienes continuaron siendo amamantados después de los seis meses registraron una reducción aún mayor en el consumo de estos azúcares.

La investigación identificó, asimismo, que conforme aumenta la edad, el azúcar de mesa, los productos de panadería dulce, algunos yogures, los jugos industrializados y diversas fórmulas infantiles se convierten en las principales fuentes de azúcar añadida en la alimentación de las y los menores. En el estudio participó la doctora Mónica Montserrat Ancira Moreno, académica del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana y responsable del Observatorio Materno Infantil, quien indicó que los resultados refuerzan la necesidad de revisar el contenido de azúcar en los alimentos dirigidos a la primera infancia y limitar el consumo de productos ultraprocesados desde los primeros años de vida.