Cuando vestirse también es comunicar

Cuando alguien llega por primera vez a una reunión, a un evento o a cualquier contexto profesional, muchas veces la forma más rápida de identificarlo es visual.“¿Llegó la de amarillo?”“¿Es la del sombrero?”No porque eso defina quién es esa persona, sino porque lo visual es lo primero que registramos.Es ese segundo inicial en el que todavía no escuchaste a alguien hablar, pero ya estás decodificando algo. En comunicación existe el famoso photo opportunity: ese momento armado para que la foto diga todo.
Bueno, la vestimenta tiene algo parecido. Una especie de first opportunity: ese instante donde tu imagen ya está contando parte del plot.Es ese primer instante donde todo entra por los ojos.
Un mini momentum de flirt visual con la persona que acaba de aparecer.Después vendrá todo lo demás: lo que dice, lo que piensa, lo que hace.Pero ese primer frame ya sucedió.Y por algo existe esa frase bastante conocida: there’s no second chance for a first impression (no hay segunda oportunidad para la primera impresión).Yo vengo del mundo de la comunicación. Estudié publicidad y trabajé muchos años en marketing y branding.
Y si algo aprendí en ese universo es que todo comunica.Comunica cómo hablás, cómo te movés… y también cómo te vestís.Con el tiempo mi camino profesional me llevó al mundo de la moda. A través del desarrollo de una marca de zapatos empecé a viajar muchísimo y a observar cómo se viste la gente en distintos lugares y contextos.
A esa mirada práctica se sumó una formación académica en moda en París y Londres, que me permitió entender algo que después se volvió bastante evidente: la ropa es un lenguaje.Experta en desarrollo personal. Mel Robbins explica cómo es su método para lograr cambios profundosHoy hablamos mucho de herramientas para desarrollar liderazgo.
Hay personas que trabajan su oratoria, otras que siguen formándose académicamente, otras que trabajan su seguridad personal o su timidez.Todo eso suma, obvio.Pero curiosamente, cuando aparece el tema vestimenta, muchas veces surge un prejuicio medio extraño, como si prestarle atención a cómo te vestís te volviera automáticamente superficial.Es un hecho que nadie se vuelve más inteligente por ponerse un saco.Pero sí puede ser una herramienta más para comunicar presencia, energía o estilo cuando aparecés en un espacio.Es un poco como cuando vas a un restaurante. Antes de probar el plato lo primero que decís es: “qué pinta tiene esto”.
Después puede ser espectacular o puede ser un fiasco, pero la primera percepción entra por los ojos.Con las personas pasa algo parecido.Obviamente la ropa no define cuán capaz sos. Pero sí puede dar una señal inicial de por dónde viene la cosa.Si sos creativa, probablemente se note.Si sos más clásica, también.Si te gusta marcar presencia, algo de eso se va a ver.Podés tener un estilo superconvencional y está fantástico.
Pero la idea es que no se pierda ese pequeño punto de impacto de entrada. Ese momento donde aparece el primer avance de tu historia.
En mi caso, por ejemplo, tengo varias marcas de estilo pero hace un par de años que estoy fascinada con los pañuelos.No importa cómo esté vestida: siempre tengo un pañuelo en algún lado. Puede estar en la cabeza, como collar, como pulsera, colgando de un bolsillo, atado en una bota, enganchado de un botón… donde sea.Le da un vibe a cualquier outfit.
Lo maximiza.Y siempre me cargan por eso.“Vos siempre con los trapos colgados”.Y sí. Esa soy yo.
Una cebolla. A full con las capas.
Algún día voy a terminar apareciendo en un evento con una sábana de seda colgada.Ojo: siempre bien intervenida.Porque al final del día, por más evolución social que haya, las personas seguimos etiquetando.La del pañuelo.La de los brillos.La que siempre viene de negro –todos mis respetos-.Y lejos de ser algo necesariamente negativo, muchas veces esas pequeñas marcas terminan convirtiéndose en una especie de firma personal…Ahora bien, eso tampoco significa que “vale todo” en cualquier contexto.No es lo mismo vestirse para un vernissage que para una reunión de directorio de un banco de inversión internacional. No porque una cosa esté bien y la otra mal, sino porque cada contexto tiene su propio lenguaje.Vestirse también implica saber leer el momento, el lugar y el clima de lo que está pasando.
En criollo, leer la jugada.No prestar atención a la vestimenta no te hace más profundo ni más profesional. Solo significa que estás dejando de usar una herramienta que, guste o no, forma parte de cómo nos perciben.La ropa no define quién sos.Pero sí puede amplificar quién sos.Y esa amplificación está, en gran parte, en tus manos.
Porque cuando entrás a cualquier lado, te guste o no, alguien te va poner una etiqueta.La diferencia es si la elegís vos…o si la elige otro.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
View original article ↗
💬 Comments (0)
Sign in or create your account to comment.