POSADAS.— En la cocina de un hotel de campo de Dos de Mayo, Miguel Rodríguez está acostumbrado a transformar ingredientes en platos, pero fuera de su trabajo como chef, con su creatividad e inventiva logró, después de meses de pruebas y experimentación, desarrollar un sistema de cocina, una especie de anafe en realidad, que funciona con aceite usado como combustible, una alternativa que busca reducir costos, reutilizar residuos y ofrecer una solución para emprendimientos gastronómicos e industriales.Rodríguez, de 63 años, es correntino de nacimiento pero vive en Misiones desde hace 21 años y desde hace 19 está radicado en Dos de Mayo. Asimismo de desempeñarse como chef, es maestro de enseñanza práctica, inventor y curioso.La idea de construir estos equipos surgió de la combinación entre una experiencia de juventud y la observación de nuevas tendencias en otros países.

Durante su paso por la escuela técnica había conocido un sistema que utilizaba aceite usado para alimentar un quemador destinado a fundir metales.“Este método o esta forma de utilizar aceite yo ya lo había experimentado cuando era estudiante en la escuela técnica... utilizábamos para fundir un sistema de estos con aceite de auto usado para que prenda un mechero y caliente un crisol donde se derretían los distintos metales”, recordó.Años después, mientras investigaba, encontró experiencias similares en países de América Central y Asia. "Y dije yo, pero esto no es nuevo, pero sí es nueva la forma como lo están planteando.

Entonces decidí hacer dos modelos de este tipo de anafe, cocina, mechero, como quieras llamarlo que ahora presento en sociedad. Vuelvo a repetir, es nuevo el modelo, no el sistema", explicó.“Los modelos que hice, uno tiene un recipiente para el aceite de 2,600 litros y otro de 1,850 litros, uno tiene una tobera de cuatro pulgadas y la otra de seis”, se explayó.Una alternativaLos equipos desarrollados por Rodríguez pueden funcionar con diferentes tipos de aceite: mineral, vegetal, animal. “Yo lo comprobé con cada uno de ellos y funciona perfectamente”, afirmó.El principio de funcionamiento combina temperatura y aire forzado.

Según explicó, el aceite debe alcanzar el calor adecuado para iniciar la combustión y luego un soplador inyecta aire para intensificar la llama. Ese proceso permite alcanzar temperaturas de entre 700° y 800°, una potencia que se considera especialmente útil para tareas que requieren grandes volúmenes de calor.

Por eso aclaró que no están pensadas para reemplazar la cocina doméstica.“Yo no recomiendo para el uso diario porque tiene su secreto... la hornalla no tiene un mínimo como las cocinas tradicionales. Se tiene que usar en lugares ventilados, no en un interior”, advirtió.

En cambio, consideró que son una herramienta ideal para elaborar comidas a gran escala, hervir grandes cantidades de agua o abastecer pequeños emprendimientos.“Estas cocinas sirven para cocinar, para calentar, sirven para todo tipo de industria, una mini pyme que quiera trabajar en la provincia, en la región y utilizar un aceite que hoy por hoy es poco usado”, remarcó.Llegar al modelo definitivo no fue sencillo. El primer prototipo demandó dos semanas de trabajo y una larga serie de ajustes técnicos.

Rodríguez debió calcular el tamaño de los orificios del quemador, seleccionar los sopladores adecuados y adaptar componentes que inicialmente solo conseguía mediante compras internacionales. “Toda la parte técnica yo la tuve que aprender pero a prueba y error”, resumió.Los dos prototipos están construidos íntegramente en hierro y poseen distintas capacidades de depósito y tamaños de tobera. Ambos, afirmó, ya fueron probados y funcionan correctamente.

Su objetivo, no obstante, no es solamente vender el equipo sino transmitir el conocimiento necesario para utilizarlo de forma segura.“Yo lo que publico funciona, por eso me interesa que el que lo va a comprar sepa cómo prender, cómo apagar, porque acá también hay un grado de responsabilidad por la gente que lo va a adquirir, pero con toda la seguridad de que le voy a enseñar lo que yo aprendí”, aseveró.El proyecto también responde a una inquietud personal vinculada al reciclado y la reutilización de residuos, una temática que Rodríguez viene explorando desde hace años.A su entender, en una provincia donde el gas envasado y la electricidad representan costos elevados, el aprovechamiento de aceites descartados puede convertirse en una alternativa accesible para producir calor.“Esto que es ecológico, ya despierta la idea a otras tantas personas que necesitan calor ya que el gas envasado es caro, la electricidad es cara. Esto con algo práctico, sencillo y simple”, indicó.Asimismo, destacó que hoy los componentes necesarios para fabricar estos equipos ya pueden conseguirse en el país, lo que simplifica notablemente su construcción respecto de los primeros ensayos."Esto es una puerta más para una actividad laboral real, esto no es inteligencia artificial.

Hay un montón de soluciones para algunas pymes que necesitan calentar agua, calentar algún tipo de líquido... Hay distintos modelos adaptados a cada necesidad y podemos ser los primeros en Argentina.

Para mí eso es algo fundamental", concluyó.