LONDRES, enviado especial. Wimbledon la recibió de pie, con el respeto reservado para las leyendas.

Serena Williams volvió al singles en el Court Central a los 44 años, casi cuatro temporadas después de su último partido individual, y estuvo cerca de una victoria de alto impacto: salvó un match point en el tie-break del segundo set y llegó a estar quiebre arriba en el parcial decisivo. Pero Maya Joint, 87ª del ranking y de apenas 20 años, cortó una racha de 11 derrotas consecutivas con una actuación de notable madurez y se impuso por 6-3, 6-7 (6) y 6-3, en dos horas y 22 minutos.

La australiana avanzó a la segunda rueda, donde enfrentará a la preclasificada número 29, Alexandra Eala.La organización preparó el clima del gran escenario. Antes del partido, en las pantallas del estadio se proyectó un video con los momentos más emotivos de la Reina en el césped londinense, ese territorio donde levantó siete veces el trofeo de singles, seis en dobles junto a su hermana Venus y una más en dobles mixto.

Fue un repaso de una carrera descomunal, casi una ceremonia de bienvenida. Pero el tenis, implacable como siempre, no permitió un regreso épico.

Del otro lado estuvo Joint, una rival con otra velocidad, otra frescura y otra obligación: jugar el partido y descolgar el póster. La joven pelirroja entendió pronto por dónde pasaba la llave: movió a Serena, la obligó a desplazarse hacia los costados y encontró allí una diferencia decisiva.

Williams conservó ráfagas de jerarquía, golpes que todavía llevan su firma, pero se la vio falta de movilidad, sobre todo cuando tuvo que defender lejos del centro de la cancha. A rapturous reception for @serenawilliams from the Centre Court crowd.#Wimbledon pic.twitter.com/IoEwGeWkPo— Wimbledon (@Wimbledon) June 30, 2026El primer set quedó en manos de la australiana por 6-3.

La diferencia estuvo en un quiebre, suficiente para inclinar un parcial en el que Serena nunca logró imponer del todo su peso competitivo. Joint fue más punzante en los momentos importantes y terminó ese tramo con 10 winners contra siete de Williams, un dato que durante años habría parecido casi una anomalía: Serena, acostumbrada a dominar desde la potencia y la iniciativa, esta vez corrió detrás de una rival más liviana, más rápida y con menos historia encima.Tampoco ayudó la cuenta de errores.

Williams acumuló 14 no forzados, contra 12 de Joint, una brecha mínima en los números pero pesada en el desarrollo. Porque en el caso de Serena cada error tenía otro eco: no era solo una pelota larga o una devolución mal calculada, sino la señal de una jugadora que buscaba reencontrarse con un ritmo competitivo.En el segundo set, Joint quebró primero el saque de Williams y pareció encaminar el partido, pero no pudo sostener la ventaja.

A partir de allí, el parcial entró en una zona de inestabilidad: se quebraron varias veces hasta el 5-5, cuando Serena logró conservar su servicio y la australiana hizo lo propio. Así llegaron al tie-break, donde la estadounidense salvó la situación con autoridad competitiva y se lo llevó por 8-6, ante el rugido del Court Central.

Pero en el tercer set Williams ya no pudo sostener la misma intensidad física ni tenística, y Joint aprovechó la caída para cerrar una victoria que jamás olvidará.Los números del partido explican buena parte del triunfo de Joint: la australiana fue bastante más productiva en ataque, con 40 winners contra 26 de Williams. En errores no forzados terminaron igualadas en el total, con 37 cada una, aunque repartidos de manera distinta: Joint cometió más con la derecha (24) y Serena sufrió más con el revés (17).

Con el saque también hubo una leve ventaja para la australiana, que conectó 10 aces y cinco dobles faltas, frente a los siete aces y siete dobles faltas de la norteamericana.Los espectadores que colmaron la cancha central de la Catedral no dejaron de acompañar a Williams, aun con un resultado previsible. Cada acierto de Serena tuvo una celebración especial, como si el público quisiera empujarla de vuelta hacia aquella versión que dominaba Wimbledon con autoridad.

Pero Joint no se dejó arrastrar por la escena.En la entrevista post partido para la televisión, Joint reconoció que la dimensión del match la desbordó antes de entrar en la cancha. “No dormí mucho en la noche. Estuve hasta las 2 de la mañana pensando en lo que venía”, admitió la australiana, que incluso contó que, al caminar hacia el Court Central, llegó a olvidarse del calentamiento: “No sé qué pasó.

Mis dedos no se movían”. Aun así, pudo superar el impacto inicial y construir una victoria inolvidable ante una rival que, según sus propias palabras, impone por lo que representa: “Tiene un aura, es una leyenda”.

Para Joint, el triunfo tuvo asimismo un peso emocional especial: “He estado soñando con este momento desde que era pequeña, así que esto es bastante loco”. La derrota de Williams no borra el impacto del regreso.

Volvió al escenario donde construyó una parte esencial de su leyenda y eligió hacerlo en singles, la prueba de máxima exigencia. Se fue como había entrado: ovacionada de pie por un Court Central que entendió la dimensión de ese instante.

Wimbledon estuvo a la altura de su historia; Serena, también.