¿Qué ocurre cuando los niños se saltan las comidas?

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son discretos, especialmente en la infancia y adolescencia. No inician abruptamente, sino con acciones simples, normalizadas y hasta aplaudidas por la sociedad, por ejemplo: estar horas frente al espejo, pesarse constantemente y preocuparse por las calorías.Pero dentro de todas estas conductas, Carla Rivadeneyra, psicóloga especialista en adolescentes y nutrición, señala dos que son clave no sólo para detectar a tiempo un posible TCA, también para frenarlo. 1.
Cambia su relación con la comidaEn su entrevista con MILENIO, la fundadora del Centro Integral de Consciencia (CIC) explicó que la primera señal es cuando la relación del hijo o la hija con la comida se ha modificado.Aquí la observación constante y consciente adquiere un rol indispensable, ya que estos cambios son paulatinos y, por ende, casi imperceptibles. No obstante, una de las señales más claras es cuando han comenzado a saltarse comidas o empiezan a desarrollar una “relación tóxica” con los alimentos.
Este punto no sólo se centra en la omisión de, por ejemplo, el desayuno, el almuerzo o la cena. También se ve en otros comportamientos, como:Unirse a modas como los ayunos intermitentesExcluir cierto tipo de alimentos al catalogarlos entre “buenos” y “malos”.Necesidad de hacer ejercicio inmediatamente después de comer para liberar cierta sensación de culpa o angustia.Encontrar que esconde comida o busca comer a solas.Jugar con la comida y mostrar ansiedad.Llegar tarde a los eventos o reuniones familiares.
Específicamente, después de que “ya todos hayan comido”.“Por ejemplo, que diga: ‘Voy a comer hamburguesa pero sin pan’. Y esas son situaciones que antes no hacía”, abundó Rivadeneyra. 2.
Empieza a expresarse con asco o vergüenzaSi de algo está clara Rivadeneyra es que “ningún ser humano nace odiando su cuerpo”. Más bien, se aprende a sentir disgusto o vergüenza ya sea por los estándares de belleza que ven en redes sociales, en productos culturales o por los mismos comentarios supuestamente bien intencionados.Por ello, cualquier comentario con el que el niño o la niña exprese asco o vergüenza de su cuerpo debería ser un foco de alerta para madres y padres.
De ahí que la especialista sugiere evitar las básculas dentro de los hogares, o en caso de necesitarlas, tenerlas con responsabilidad —ya que es una herramienta que puede intensificar la angustia por monitorear su peso.“Si decidimos tenerla, muy bien, pero con la responsabilidad de que los niños y adolescentes no accedan a ella”. El cambio en la forma de vestir también puede ser una señal de alerta.
Es decir, si ahora opta ropa más ancha, holgada y gruesa, cuando anteriormente solía utilizar prendas ajustadas. No obstante, destaca Rivadeneyra, el uso abrupto de ropa “pegada” tampoco debería pasarse por alto.“Se cree que nada más utilizan ropa holgada para esconder el cuerpo y puede suceder con ropa pegada.
Si busca vestirse solamente con un par de prendas, pareciera haber perdido su seguridad con el resto de su ropa. Ahí vale la pena echar un ojo”.No cambia sus círculos sociales, cuando es un fenómeno común de la adolescenciaVemos comportamientos de irritabilidad, tristeza y aislamiento que se prolongan por dos semanas o más ASG
Information from Milenio (México). Edited by: Noticias Today.
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