"Lo normal es crecer de a poquitos, Nacho creció muy rápido": Javier Frana, capitán de Argentina en Copa Davis, y su elogio a Ignacio Buse

Los orígenes del milagro Beccacece en el Perú: Del obsesivo del VHS entre combis y menús en el Boys de Sampaoli a vencer a Alemania en un MundialArte callejero, identidad latina y fenómeno futbolero: así es la otra ‘invasión argentina’ en Miami con los murales de 20 metros dedicados a MessiTiene familia peruana y lleva a Lima siempre como un hogar. Uno de los principales referentes del tenis sudamericano aterrizó en Perú para el segundo Congreso de Entrenadores, evento organizado por la Federación Peruana de Tenis que congregó a varios de los más grandes especialistas en el tenis de la región.
Javier Frana: extenista profesional, top 30 del mundo, ganador de GrandSlam, medallista olímpico, comentarista del deporte, y hoy capitán de la selección Argentina en la Copa Davis. Conversamos con él sobre las diferentes etapas de su carrera deportiva, su propósito hoy en la escuadra albiceleste y sus proyecciones sobre los nuevos talentos como Ignacio Buse.LEE: Ignacio Buse vs Emilio Nava: fecha hora y canal del partido por Wimbledon 2026Me gustaría empezar un poco hablando sobre la actualidad, sobre tu rol como capitán de la Copa Davis.
Asumes la capitanía del equipo argentino en un contexto exigente, con recambio generacional y con mucho ruido alrededor sobre el presente del deporte. ¿Cuál fue tu diagnóstico del equipo al inicio cuando recibes la posta de Guillermo Coria y cómo ha ido mutando con el tiempo no solo el equipo, sino tus sensaciones?
Básicamente me encontré con un grupo de seres humanos espectaculares, unos chicos muy accesibles con quienes yo ya tenía una cierta relación, pero que me dieron la posibilidad de ir conociéndolos más. La verdad que me la pusieron muy fácil.
En general, parte del desafío, por lo menos en mi caso, es más el proceso que conlleva estar en un equipo, ir siendo parte de sus vidas por sobre el resultado puntual. Por el formato de la competencia que es muy esporádico, está bueno darles un acompañamiento a ellos, estar más al servicio y disposición de los equipos.
Estoy lejos generacionalmente de ellos, pero tiene una ventaja y a la vez ha sido muy fácil la relación. Teniendo en cuenta lógicamente que cada serie es diferente, para ti ¿cuáles son los principales criterios al momento de convocar a los jugadores?
¿Qué pesa más? La obligación que tengo como mandato por la responsabilidad que me pusieron tiene que ver básicamente con estar siempre armando el mejor equipo que tenga disponible.
Por lo tanto, me queda claro y lo hago saber, que nunca nada es personal, y en ese sentido, te digo que era la parte que quizás a mí más me hacía ruido a la hora de tomar la decisión de ser capitán. Decía “bueno, tengo buena relación con todos, no quiero dejar a nadie afuera, no quiero herir susceptibilidades”...es esa la parte incómoda, la más fea.
Los días en que tienes que estar tomando la decisión son cuando más me agarra el dolor de panza, pero todas estas cuestiones ayudan cuando el tiempo te permite conectar más con todos. Para mí el equipo no son los 5 o 6 que van a jugar, sino es un abanico mucho más amplio, y una vez que te conocen saben mejor cuáles son tus intenciones y eso hace que no se lo tomen personal, y hay mucho respeto de su lado en aceptarlo, así como yo también acepto cuando alguno tiene alguna situación y no está disponible.
Se habló mucho y hubo opiniones muy divididas respecto a la última serie versus Corea del Sur, particularmente. Es sabido ya que el proceso fue complicado por varios factores y se tuvo que tomar decisiones que inevitablemente iban a generar ruido interno y externo.
¿Cómo manejas sostener estas decisiones en el tiempo no solo durante sino después, ya con los resultados en la mano? Fue un proceso difícil, claramente incómodo, es innegable.
La situación que me tocó atravesar nos terminó afectando a todos. Yo trato de marcar como una hoja de ruta a la hora de tomar decisiones, cosa que así no ando de una punta a otra, sino simplemente trato de estar siempre dentro de un parámetro de una guía.
Los “no” que tuve no fueron personales hacia mí o hacia la situación, fue el contexto, fue estrictamente profesional la decisión. Yo entendí que ninguno expresó “no” con liviandad, o sin ganas de competir, sino que fue una decisión discutida.
Por otro lado, como hablé con ellos, no salí a convencer a ninguno, no porque no haya sido una opción, sino porque me parece que cuando pedís el favor a alguien del equipo para que juegue, eso te da un cierto compromiso de pensar “este chico me salvó en algún momento” y por mantener la salud a largo plazo del proceso, de la relación entre nosotros, fue no pedirle por favor a nadie, porque quizás esa persona más adelante podría no ser convocado y llegar a sentir que no tuvo de vuelta lo que él dio. Creo que los grandes conflictos empiezan cuando se empieza a personalizar las cosas.
El “no” no fue hacia mí, fue hacia la participación en esta serie. Para mí fue un inconveniente, y por muy poquito los resultados no se nos dieron, pero para mí siempre será más importante que cada uno pueda manifestar su posición, que sea respetada plenamente.
Creo que ellos me respetaron a mí muchas veces, yo también a ellos y la gestión al final fue buena porque no hubo ninguna situación extrema. Sí hubo un impacto, porque el tenis argentino se vio perjudicado, y ellos también en cierta manera, pero dentro de todo, todo siguió de manera ordenada.
Oíd, mortales. pic.twitter.com/2rXEDQrAYs— Asociación Argentina de Tenis (@AATenis) February 7, 2026 Este año enfrentas tu primera serie como local ante Turquía. ¿En qué se diferencia la preparación para una serie en casa versus cuando toca de visitante?
¿Cómo es el proceso? Sí, va a ser mi primera experiencia.
Ahora estamos en una etapa más de seguimiento. Aún no tengo en la cabeza quién va o quién no va, o pensando que si uno gana tal torneo ya lo tengo que poner, o que si le gana a tal también lo tengo que poner, porque si me meto en esa caigo en un juego desgastante.
Es la parte más estresante para mí, así que ahora me pongo a seguirlos y ver sus partidos, estar a disposición de ellos, a hablar con sus entrenadores. Te diría que ni me acuerdo de que en setiembre ya tengo que estar ahí.
Ya llegará su momento, te diría que cuando pase Wimbledon y sea más cerca la fecha ya empezaré a ver cómo venimos, quiénes están, cómo vamos a jugar. Son pocos los jugadores argentinos que han representado tantas veces a su país como tú.
¿Qué cosas de tu etapa como jugador aplicas directamente hoy como capitán? Lo que trato de tener siempre muy presente, pero entendiendo que es otra generación, es que tienen otra manera de relacionarse.
Con sus afectos, con sus familias, sus parejas, con sus vidas profesionales. Para mí es un fascinante ejercicio de también tener que ir desafiando mis propias convicciones en el sentido de no ser demasiado rígido en eso.
Porque imagináte, yo jugué desde Panamericanos, Juegos Olímpicos, representé a mi país en épocas de tifus, cólera, fiebre amarilla, fuimos a la India, no faltó nadie. Yo con eso podría estar hoy muy desencontrado con la decisión de los jugadores de no estar en un equipo, en algunos justificarías más, en otros menos, pero yo no me puse a filtrarlo bajo mis ojos o mis vivencias, sino que tomé lo que ellos presentan y plantean y eso te lleva a tratar de ir entendiendolós y de ir marcandolés tener cuidado con la inmediatez, porque en el entorno en que viven con lo inmediato a veces hay caminos menos visibles, pero más reconfortantes.
Tenemos un cruce, te diría, muy despojado de lo que cada uno hace, todo muy sincero entre todos. Hay un ida y vuelta muy bonito.
¿Cuál sientes que es hoy la identidad del equipo argentino, si tuvieras que definirla en una frase? Uff.
Para mí, lanzo una, el equipo argentino tiene mucha pasión. Sí.
Es un equipo muy apasionado. Es muy profesional.
Yo te digo que en todas las experiencias hasta ahorita no tuve una situación en la que hubiera tenido que hacer recapacitar a un jugador por su mala conducta o actitud en las prácticas. No te estoy hablando de “casi nunca”, te estoy hablando de nunca.
Ninguna. No hubo un raquetazo, no hubo una revoleada de toalla, no hubo un insulto en la cancha.
Hubo días que se entrenó bien, días que no, pasó un poco de todo, pero jamás una llamada de atención, y eso para mí es muy placentero porque trabajás con chicos que han estado con una entrega...uf. Creo que, si pudiera decir una palabra ahora sí, sería entrega.
Saliéndonos ya un poco de la capitanía para comentar sobre el panorama más general y hablando justamente de los jugadores argentinos, otro tema que suena mucho en los medios es la tristemente célebre frase “el tenis argentino está muerto” que es bastante injusta. Mucha gente argumenta que hoy no existe un Juan Martin del Potro, un Guillermo Vilas, que no se ven títulos de Grand Slam hace mucho...no obstante hoy tienen 10 singlistas en el top 100, 9 hombres y una mujer, y 4 doblistas en el top 50, entre ellos quien fue n1 del mundo, hoy n2.
Son potencia del tenis con apenas el 1% del presupuesto que otros gigantes como Italia tienen. Tienen una larga lista de torneos locales que permiten a los tenistas hacer carrera en su casa, programas de incentivos, y así un largo etcétera de pros.
¿Cuál es tu posición sobre esto? ¿Crees que realmente pese más, por ejemplo, que hubiera uno solo ganando Slams a que hayan 10 en el top 100 acumulando otros títulos?
Yo creo que tenés que tratar de capitalizar lo que hay. Pensar en qué manera podés crecer en lo que todavía haya margen para hacerlo.
Yo no entro mucho en el juego de “bueno pero no tenés un top 10 o un posible campeón de Grand Slam”, porque si tenés uno muy arriba y después no hay nadie abajo, tenés que trabajar para que haya mucho más abajo. Y si tenés muchos pero que tal vez todavía tienen un margen de crecimiento hay que ir por ello.
Ver qué nos está faltando para estar peleando un Grand Slam o estar peleandolé mano a mano al #1 y al #2...ver por dónde estamos débiles. Creo que esa es la manera más inteligente y la más constructiva porque vivimos en una sociedad donde es más fácil criticar que analizar o sacar conclusiones.
Es muy bueno lo que está pasando en Argentina. Es muy bueno que esté Nacho Buse también sumándose a ese pelotón sudamericano de jugadores que van a torneos con posibilidades de ganarlo, que empiezan a ser protagonistas.
Caso Fonseca, etc. A veces uno cree que es solo una cuestión limítrofe.
Guga ayudó a que en Sudamérica el tenis crezca, el Chino Ríos en su momento, Del Potro, Nalbandián o Coria también, y acá nos alimentamos todos de los grandes jugadores que podamos generar. Espacios como este Congreso de Entrenadores, que fue lo que me trajo a Lima, son necesarios para pasarnos información y compartir problemáticas y plantear soluciones.
Porque, por ejemplo, si el tenis peruano empieza a subir, va a ayudar a que el ecuatoriano y el colombiano también estén atentos y así vamos mejorando entre todos. Y justamente hablando de estos nuevos proyectos del tenis sudamericano...hay muchos talentos que han empezado a despegar ya, pero sigue faltando inversión y apoyo.
¿Cómo lo ves desde el lado del público? Eso va de la mano.
Lo interesante es cuando el crecimiento es parejo porque sino la mesa te queda con una pata más corta que otra y corrés el riesgo de que cuando un país tiene una gran figura, esa figura supere al tenis. Cuando eso ocurre, como país, tu vida tenística depende de esa figura.
Después de algunos años si esa figura se va, se te va mucha afición. Lo importante es que crezca la masa de gente que juega, que se acerca al tenis, que lo consuma, que lo disfrute, que vayan a torneos y reconozcan lo bueno que está tener a Buse, a Varillas, a Bueno, o a cualquier sudamericano ganando.
Así crece de manera pareja, sino cuando esa figura se va, el tenis vuelve a quedar aplastado. Y se va a sumar gente que quizás no sea la gente que más te sirve, porque es la gente que no entiende del todo el deporte y se pegó por la figura, entonces cuando ese jugador pierda un par de partidos van a arrancar con que “es un desastre”, “lo inflaron”, etc.
Hay que entender y saber qué es lo que pasa, que se valore porque es muy difícil lo que hacen. Lo que hizo recién Nacho no es lo normal o lo usual.
Lo normal es crecer de a poquitos, ir escalando con varios tropiezos o retrocesos, Nacho creció muy rápido. Si nosotros como argentinos vamos a tomar como únicas referencias a Del Potro o Nalbandián...bueno, no funciona así.
El público es muchas veces muy ingrato. Está solo en las buenas y en las victorias.
Tal cual. Y por eso tenemos que ayudar a que la gente entienda la dificultad.
Cuanto más conocés, sos menos crítico. Porque vas entendiendo cómo funciona y así también el jugador puede empezar a vivir de forma más natural.
Por ejemplo, con Nacho, ahora es el ídolo, es el show. Pero cuando pierda dos partidos...que los va a perder seguramente, porque es normal, porque se puede dar, que la gente entienda que no es “un desastre”.
No puede pasar “de ser el mejor” a ser “el peor”. Es solo alguien que está generando un impacto muy fuerte en el circuito y es duro, es muy duro.
Qué lindo te quedan esos colores junto a un trofeo, Nachito. 🥹❤️🇵🇪 pic.twitter.com/uizu8vgcPJ— María Paula Regalado (@mapiregaladom) May 23, 2026 Justo esta semana hiciste una reflexión muy linda en tus redes sobre la presión a la que están expuesta los tenistas hoy. Y hace unos meses en una entrevista mencionaste que el tenis es un deporte en el que en la búsqueda constante de la perfección uno se puede olvidar de todo lo que logró.
¿Cómo trasladas este aprendizaje ahora a tu rol como capitán? Porque evidentemente hay momentos en los que hay que buscar esa “perfección” para conseguir títulos, pero la gente no ve todo lo que hay detrás.
Sí, es tratar de tener algún cable a tierra que te baje los niveles peligrosos de toxicidad para no caer en exceso de perfección o exigencia. No escapo a que en la competencia de alto rendimiento hay que apretar, hay que exigir, hay cosas que se tienen que hacer en condiciones difíciles y hay que bancarlas por más que duela y aunque no haya ganas.
Pero te vas acostumbrando a los parámetros logrados. Yendo al ejemplo, si Nacho pierde segunda o tercera ronda de un torneo 250, quizás para él hace un año jugar, aunque sea la primera ronda, era algo para celebrar, y hoy ya dejó de serlo.
Y es natural que ya no sea la meta, pero a la hora de caer en un pozo, es donde entra este cable a tierra donde tenés que decir “pará, todo bien, pero pongamos un límite”. Si no, mientras más subís, tenés probabilidades de que todo caiga más rápido y que al final un triunfo ya no sume, y ganar primeras rondas no te generen nada.
Es valorar los progresos, medirte con el jugador que eras un año atrás. La rueda de competencia hace que los chicos hoy estén bajo una enorme presión.
Mucha gente dice “pero ganan mucho dinero y tal”, pero va más allá de eso, no es una queja liviana, son sacrificios de año, las presiones son muchas, es un deporte donde no tienes nada garantizado. Te lesionas y no sabés si se terminó tu carrera o tenés que parar un año y no poder jugar y te olvidás de cómo ganar...hay un temor muy grande.
No es como en un trabajo regular que se puede retomar. Imagináte, pensá que estás dentro de los 50, 60, 100 mejores del mundo.
Se pueden meter dentro de un bus o un avión. Es muy fácil quedarse afuera.
Una linda coincidencia para esta entrevista es que este año y particularmente justo en estas semanas se cumplen 30 años de tu título de dobles mixtos en Roland Garros junto a Patricia Tarabini. ¿Qué recuerdos nos puedes compartir de ese momento especial? (Risas) Mirá.
Tengo recuerdos muy lindos. Con Patricia siempre nos llevamos muy bien, nos divertíamos mucho jugando dobles mixtos.
Era una disciplina que se jugaba muy en serio pero que a la vez era un poco más distendido todo. Pasamos muchas cosas divertidas, desde enojos y peleas con los adversarios, hasta ver ese cuidado por tu compañera.
La dinámica jugando mixtos cambia mucho que jugando entre puros hombres también. Es entretenido, me gustaba mucho.
De hecho, jugué también mucho con Laura (Arraya). Y ese Roland Garros con ‘Pato’ empezó con los dos diciendo “che, bueno, quién nos tocará, hay que seguir”, y así entre risas y divirtiendonós pasamos a la final y terminamos ganando.
Hablando justo de la modalidad de dobles que ha sido una parte muy importante en tu carrera, parece ser que hoy se está desprestigiando un poco al juego del doblista. El año pasado por ejemplo hicieron toda una modificación en los dobles mixtos del US Open muy polémica que perjudicó a los especialistas en dobles, y ahora pasó también en Roland Garros que hubo pocos inscritos, algo muy raro de ver en un Grand Slam.
¿Qué crees que está sucediendo? ¿Crees que la gente ha perdido interés?
Honestamente no sé bien cuál es el motivo por el que se le está buscando un nuevo formato. Claramente a veces los torneos quieren la participación de los más conocidos y empieza ese tironeo en el que el singlista cada vez quiere menos dobles y el doblista lo hace más específico, entonces hay una manera de jugar que cada vez se especializa más.
Ahí empiezan los intereses chocados porque el torneo quiere que las grandes figuras del singles jueguen en dobles y a veces por eso después se bajan...se va profesionalizando todo y cada vez hay más competencia y más dinero. También hay cada vez menos tiempo entre torneo y torneo entonces empiezan a cortar el dobles cuando no les va tan bien.
Los torneos quieren hacer algo más simple, más corto, más contundente, más “tentador y atractivo al público” en plan “el público quiere ver a Alcaraz y a Sabalenka jugando dobles” y hacerlo más show, y no tanto como una competencia en realidad. ¿Crees que darle esa prioridad al espectáculo del dobles termine perjudicando a largo plazo la carrera del doblista?
Es posible. Lo que pasa es que al final todo cae en la misma trampa.
El torneo dice “bueno, me pedís más dinero, pero para generar más dinero yo necesito convocar más gente, generar con participación, y para que esto ocurra tenés que jugar” y si juega el singlista le sacás el espacio al doblista porque no entra y luego los especialistas no pueden jugar...entonces entras en una sábana corta que para donde la tirés te queda un lado desprotegido. Entrenando ya a tu faceta como comentarista del deporte...en esta era de la digitalización hay mucho más alcance para los medios, pero también hay mucha gente con micrófono que no necesariamente es profesional y eso termina desvirtuando un poco la labor del periodista.
Podemos ver con mucha frecuencia incluso que los jugadores se incomodan o que prefieren evitar las ruedas de prensa. Desde tu posición como analista hoy que asimismo ha estado en la posición del atleta, ¿qué cosas del análisis mediático actual del tenis te gustan o rescatas y cuáles descartarías?
El tiempo pasa muy rápido. Ya voy por el sexto año que no estoy comentando partidos, pero creo que, aunque es delicado opinar, me parece que siempre es el equilibrio de poner en contexto que el jugador sabe cuando el que entrevista tiene conocimientos y fundamentos.
Ahí el ida y vuelta es más fácil. Por otro lado, la idea es que se pueda analizar desde un lado más técnico para que se sepa de lo que se está hablando, porque sino, entrás en la cosa más superficial.
Con las redes hoy hay mucha más gente que opina de tenis, lo cual en cierta forma está bueno, pero a la vez genera que haya más hincapié en, por ejemplo, la ropa que usan los deportistas o en lo que come y se van por las ramas. Hoy ya se rompió eso de que solo haya un único medio que comenta, se ve por todos lados.
Hay mucha gente que hoy tiene un micrófono y está bueno siempre y cuando uno sepa seleccionar con responsabilidad. Por ejemplo.
Si yo estudio la historia de la NBA y me decís “Javier, te doy 6 meses para que estudies y va a haber un examen”, yo probablemente me saque 95/100, pero eso no significa que yo sepa de basket. Me sé la historia de la NBA, los jugadores de los Celtics, los partidos importantes, etc.
Pero no conozco del deporte. Eso es lo que hoy puede generar con la gente que habla de lo que ocurre en el tenis, pero no necesariamente sabe del deporte.
La idea es sumar gente que genere opiniones constructivas desde un lado positivo. Se dice mucho en los medios también que no volveremos a vivir una época dorada del tenis como la que fue hace un corto tiempo con el Big 3, o incluso con generaciones anteriores.
Si hablamos de cómo el tenis ha ido evolucionando, ¿qué cosas del tenis de tu época trasladarías a lo actual y viceversa? Es un hermoso desafío constante, no quedarte agarrado a lo que era el deporte.
Porque todo va evolucionando, las formas de jugar cambian. Las cosas que antes funcionaban ahora ya no funcionan.
Siguen habiendo ciertos principios, que son más difíciles de concretar. Antes el jugador tenía quizás uno o dos buenos golpes y tenía uno o dos lugares débiles...hoy ya casi no tienen.
Tal vez en una época el drive era mucho mejor que el revés, hoy el revés en algunos casos superó al drive...la velocidad de hoy hace que muchos principios sigan teniendo valor, pero son muy difíciles de aplicar. Por darte un ejemplo, a veces decís “hay que jugar más angulado y abierto”, pero te tiran una bola a 200 km por hora, antes te tiraban a 120 km por hora, y más o menos se podía manejar, hoy ya no.
Hay que buscar nuevas cosas, hay condiciones que hacen que las variables tácticas se limiten o sean imposibles, y con eso los jugadores empiezan a parecerse más entre ellos, los estilos opuestos ya no están tan marcados como en una época que tenías al que te hacía saque y red todo el tiempo o al que te tiraba puro globo. Hoy todos más o menos hacen un poco de todo, estratégicamente me parece que es mucho más difícil que antes encontrar las formas porque todos van vertiginosamente.
Tratás de tomar cosas del pasado, pero adaptandoló porque el librito de esa época no funciona más. Y ya para ir cerrando... más allá de los resultados y de los títulos que puedan obtener, ¿cómo te gustaría que se evalúe tu paso por la Selección Argentina cuando cierres este capítulo de tu vida?
Me gustaría que me recuerden como alguien que trató de iluminarlos. De alguien que tenía un propósito y que lo hayan podido sentir.
Que ellos sientan ese manifiesto y que lo hayan vivido. Y, por sobre todas las cosas, como parte de mi gestión, que los chicos sepan que, a quienes jugamos muchas veces el mundial, lo que nos quedó de la Copa Davis fueron los momentos, sobre todo los lindos.
Que a veces no van de la mano con haber ganado o perdido. Capaz a veces se ganó pero la pasamos mal, o capaz se perdió pero la pasamos muy bien.
El resultado queda en el camino con el tiempo, pero lo que más importa y lo que yo quiero es que ellos se lleven los mejores recuerdos de lo que construimos en un lugar donde se pudo crecer, donde cada uno tuvo la libertad de ser quien realmente es, plantear y traer lo que quiera...Cuando miren eso, quiero que digan “che, la pasamos bien, aprendimos”, ese es mi propósito. *************
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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