La Puerta del Paraíso acechada por el infierno del abandono

SANTA FE.— Sobre calle San Martín, a metros de La Rioja , en el muro de la basílica de Nuestra Señora del Carmen se abre la "Puerta del Paraíso", excepcional legado del artista Francisco Marinaro. Este portal de genética renacentista, retoma la temática de las almas redimidas, que se alzan del Purgatorio hacia el cielo en el gran fresco que Juan Cingolani, su amigo y colega, dejó plasmado en el centro de la bóveda basilical.
Pero si bien en el fondo el tema es el mismo, lo que aquí cambia de modo radical es el abordaje, la materia empleada y el lenguaje expresivo. Es que, a diferencia de la piedra esculpida en Europa con cinceles, Marinaro modelará las figuras con sus dedos y algunos simples instrumentos (técnica equiparable al fresco en pintura).
Según me explicó décadas atrás su hijo Vicente, maestro de Arte en Rosario, su padre montó allí un tinglado con andamios, cubierto con telas de arpillera que humedecía a diario para que no se le secara la mezcla mineral de granito reconstituido y otras sustancias, con la que daba forma a figurillas que recuerdan a las de los grutescos italianos, enredadas en una urdimbre ascendente que en su país de origen llaman "de Candelieri" (porque recuerdan a candelabros antiguos realizados por orfebres). Son las que ornan las pilastras laterales del portal.
Así, figuras religiosas y mitológicas, entretejidas con representaciones heráldicas, copones, grifos, mascarones y vegetales estilizados, quedaron integradas en las fajas decorativas visualmente simétricas, pero diferentes en lo que respecta al contenido de los diseños. Un plus de entrega, en fin, de un artista enamorado de lo que hacía.
Y, por añadidura, procedente del sur de Italia, de la Basilicata profunda, poblada desde hace milenios en una encrucijada de culturas, y receptiva de diversos mitos y leyendas provenientes de la Magna Grecia y el Asia Menor. Por eso no es extraño que en la base de las pilastras aparezcan grifos simétricos pero opuestos, animales míticos con cabeza y alas de águila, y cuerpos y patas traseras de león, seres mitológicos que llegaron en vuelos de la imaginación desde Persia hasta Europa, e invadieron cornisas de iglesias, castillos y palacios como imágenes representativas de poder y vigilancia, capaces de desalentar o disuadir a merodeadores y enemigos.
En Santa Fe, a la que arribaron siglos después, se posaron en las pilastras decorativas que Marinaro -artista y mensajero- diseñó en la puerta lateral de El Carmen. Pero también, para quien se interese en mitología, pueden observarse en lo alto del ornamentado frontis historicista del rectorado de la Universidad Nacional del Litoral.
Tenemos pues, la compañía de monstruos muy antiguos, aunque inofensivos si se comparan con los que hoy, muy reales, habitan la interioridad humana. En la base de la pilastra izquierda, aportan su caudal icónico dos esfinges que se dan la espalda, figuras de origen muy antiguo (basta recordar la esfinge que se alza junto a la pirámide de Keops en Egipto), con cabeza y pechos de mujer y cuerpo y patas de león.
En el imperio regado por el río Nilo, y en la mejor de sus versiones, representaban la sabiduría y la fuerza imaginarias del faraón. En Grecia, tenía perfiles homicidas y antropofágicos.
En suma, un monstruo hecho y derecho. Pero en los grutescos del Renacimiento redujeron su impacto visual al de figuras misteriosas útiles para decorar arquitecturas y despertar la curiosidad de los observadores.
En esa misma pilastra, la escena es completada por dos niños pequeños más parecidos a putti o amorcillos paganos que a angelitos cristianos. Flanquean un copón que, mediante articulaciones vegetales remata en la imagen de un cisne de alas abiertas representativo de la pureza, justo debajo del número romano que expresa el año de finalización del trabajo: 1927.
En el rectángulo inmediato superior, una nimbada figura femenina que, de acuerdo a la ondeante filacteria que la acompaña, encarna a la Caridad, ha perdido la cabeza (¿metáfora de este tiempo en que esa virtud teologal está en vías de desaparición?). Encima de ella se advierte la presencia de otro icono, esta vez de origen medieval, que muestra el rostro antropomorfizado de un león o, por el contrario, de un hombre aleonado, cuyos bordes se transforman en follaje, mutación que remite a los ciclos de cambio y renovación de la naturaleza.
Una variante de mascarón grotesco, probablemente de Hombre Verde, se observa encastrado entre las esfinges de la pilastra opuesta, que al igual que la del lado derecho, pero con otra morfología, muestra un copón con putti sedentes a sus lados. Hacia arriba, un diseño enrulado se abre en sendas cornucopias que enmarcan un águila de alas abiertas para sostener la simetría con el cisne del lado opuesto.
El águila, en el cristianismo, representa la divinidad de Cristo, y su resurrección. En otro orden, en el tetramorfo, simboliza a San Juan Evangelista.
Más arriba, jugando con la figura femenina de la tira escultórica de la derecha, en la aure
Information from El Litoral (Santa Fe). Edited by: Noticias Today.
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