Messi, el intransigente que aprendió a sentarse en el banco de suplentes
El día anterior había cumplido 27 años. Acababa de convertirle dos golazos a Nigeria para ganar 3-2 el último partido del grupo, en Porto Alegre, y asegurar la cómoda clasificación de la selección a los octavos de final del Mundial 2014.
Para resumir su fantástica actuación, el entrenador africano Stephen Keshi exclamaba frente a los periodistas: “¡Messi es de Júpiter!” Messi ya le había convertido tantos a Bosnia y Herzegovina, en el Maracaná, y a Irán, en el Mineirao, es decir, su tercera Copa del Mundo le sonreía. Pero en ese encuentro contra Nigeria había pasada algo más, y algo tan extraordinario que no volvería a suceder hasta esta Copa del Mundo: Messi fue reemplazado, dejó la cancha en el minuto 62 y entró Ricky Álvarez. “Lo habíamos hablado.
Me expresó que me iba a sacar… ¡y me sacó nomás!”, bromeó el capitán refiriéndose a Alejandro Sabella. Con una sonrisa, pero aquella amable comprensión llevaba una carga de advertencia también.
Sabella había elegido cargar con su decisión. Era el Messi que odiaba salir.
La historia cuenta que no faltaron roces hasta con Pep Guardiola. “Yo tengo que jugar siempre. Poneme”, cuentan que Messi llegó a exigirle al entrenador, cuando el catalán pretendía graduar las actuaciones del crack en Barcelona.
Caras largas, gestos de fastidio y hasta algunas ausencias en los entrenamientos. Si Messi no jugaba, lo demostraba.
Relata una leyenda urbana que un día, Pep, en charla con Sabella, se atrevió a confiarle un consejo: a Messi convenía no sacarlo nunca de la cancha, ni siquiera para que se llevara una ovación. Camino al título en la Copa América de 2021, Scaloni también lo entendió a la fuerza.
Y se lo grabó para siempre. El 21 de junio, el entrenador pensaba dejarlo en el banco contra Paraguay, iba a armar una línea de cinco y, con el tiempo lo admitirían desde el cuerpo técnico, hasta ‘Papu’ Gómez sabía que él sería el titular.
Pero Messi (entre las eliminatorias y la Copa América había jugado sucesivamente los 90 minutos el 3, 8, 14 y 18 de junio) cambió los planes cuando escuchó la propuesta de Scaloni. Se respetó el compromiso asumido con ‘Papu’ Gómez –salió Lo Celso con relación al juego anterior con Uruguay- y el dibujo táctico del fondo voló por el aire.
Fueron seis las variantes que introdujo Scaloni, pero Messi mantuvo la titularidad. Scaloni comenzaba a asumir que debía compartir con el capitán la decisión sobre su presencia y sus minutos en la cancha.
Con el tiempo, el DT hasta lo aceptaría públicamente, sin que eso significara un recorte de autoridad. Y para cerrar aquel capítulo rumbo al título que cortó la sequía de 28 años sin títulos, la selección se impuso por 1-0, con gol de… ‘Papu’ Gómez.
Para septiembre de 2021, ya campeón de América, Scaloni lo confesaba: “Conmigo Leo va a jugar siempre. En el equipo, todos saben que hay uno solo que es titular”.
Y avanzaba: “Yo soy del pensamiento de que tiene que estar siempre, que es inamovible. Nos respetamos y eso es lo más importante”.
Y en pleno Mundial 2022, después de vencer a Polonia en el cierre del grupo, el entrenador fue mucho más enfático todavía: “Si Messi no me lo pide, no lo saco”. Quedaba claro que todo el poder lo tenía el crack, ¿qué haría con esa potestad, con tanta autonomía?Creció.
Entendió lo que cierta imprudencia motorizada por la pasión le impedía ver. LA NACION lo adelantó en un informe especial en noviembre de 2024, cuando contó cuál era su plan para jugar su sexta Copa del Mundo, aunque en ella fuese a cumplir 39 años.
La piedra basal del ‘operativo 2026’ era cuidar el cuerpo. Messi siempre fue muy profesional, los buenos hábitos estaban consolidados, ahí no habría riesgos.
El gran salto asomaba en otros dos aspectos que comenzaba a poner en práctica: aceptaba que debía dosificar los minutos y no apresurar la recuperación de cualquier dolencia, asumiendo que se perdería partidos, incluso de la selección, que antes se rehusaba a negociar. Se lesionó en la final de la Copa América, contra Colombia, el 14 de julio de 2024, y no reapareció hasta dos meses después, el 14 de septiembre contra Philadelphia Union en la MLS.
Esa lección estaba aprendida: paciencia. Un paso clave. “Después de las lesiones necesita un tiempo extra para perder el temor, ir ganando soltura.
Parece increíble, pero hasta él piensa demasiado los frenos y los arranques cuando está volviendo de una inactividad”, le contaban por entonces a LA NACION.Messi, su más despiadado crítico, conoce como nadie cada ruido interno de su cuerpo. Y empezó a hacerle caso a cada señal para extender su carrera.
Porque si jugaba el Mundial 2026, sería para protagonizarlo, no para disfrutar de homenajes. “Por un récord o por decir jugué cinco o seis mundiales, no. Nunca le di importancia a los récords.
Si se da y llego y estoy bien, perfecto, pero estar por estar, no”, advertía. Aceptaba que tal vez ya no sería siempre decisivo, pero al menos debía seguir siendo influyente. “Leo tendría que aceptar en su cabeza que en algunos partidos podría estar, en otros menos, y quizás en alguno podría no estar.
Si acepta ser importante de otra manera, llega al Mundial”, se entusiasmaba una muy confiable fuente de LA NACION hace casi dos años. Y sucedió.
Los números los explican mejor, o lo certifican. En sus últimos diez partidos en la selección, de junio 2025 a junio 2026, Messi empezó como suplente y luego ingresó en tres encuentros, con Chile, Mauritania e Islandia, y en otros tres salió, no completó los 90 minutos: Colombia, Angola y Argelia, después de los tres goles en el debut de su sexto Mundial.
La genialidad también se esconde en reinventarse, en la astucia para adaptarse. Esta noche contra Jordania volverá a esperar en el banco para saltar en el segundo tiempo.
Domesticó los impulsos, pero la bestia sigue suelta.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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