PINAMAR.— “Esto funciona como una amenaza, como la inminencia de la destrucción: es un objeto que desafía el orden establecido. Acentúa esa sensación de colapso o, por lo menos, de un equilibrio inestable”.

Así define Eduardo Basualdo la esencia de Cruz del Sur, el proyecto que acaba de ganar el Premio Pinamar Contemporáneo #2254, impulsado por Fundación arteba y Pinamar S.A para promover el vínculo entre arte, naturaleza y urbanismo.Más allá del Mundial, Dallas es un museo a cielo abierto con una movida cultural que se extiende por la ciudadEntre 178 propuestas provenientes de distintos lugares del país y del exterior, el jurado eligió la de este artista consagrado a nivel internacional, que expuso sus obras en ferias como Art Basel Miami Beach y otros espacios destacados de la escena global como el Palais de Tokyo, en París. Este año, luego de haber exhibido una muestra individual en el Museo MAR, en Mar del Plata, trabaja también con Mariana Tirantte para crear la escenografía de Principio de éxtasis, obra con coreografía de Goyo Montero y música de Gustavo Santaolalla inspirada en “El Aleph” de Jorge Luis Borges, que se estrenará en septiembre en el Teatro Colón.

No será su primera vez: en 2023 llevó a cabo la escenografía de Obra del demonio, en el Teatro Nacional Cervantes. “Todo mi trabajo tiene algo teatral: hay algo de la dramaturgia que siempre se repite, un conflicto que hay que atravesar”, dice mientras revela sus bocetos a LA NACION en su taller de Chacarita, un antiguo edificio donde antes se arreglaban autos y que también está reformando. “Está en proceso, esto puede cambiar”, agrega al rodear una maqueta de la obra que llegará a medir más de diez metros de alto. Lo que sí puede anticipar es la idea que permanecerá cuando se presente el 9 y 10 de diciembre en una rotonda de Pinamar Norte (la de Avenida Del Olimpo y Avenida Shaw).

Desde múltiples puntos de vista será posible observar cómo un enorme objeto similar a una piedra hace equilibrio sobre una fina estructura que lo sostiene a ocho metros de altura. Parecerá que puede llegar a caer, apenas el viento marino sople un poco fuerte.

Claro que todo está calculado. De que eso no ocurra se ocupará nada menos que Dante Tisi, ingeniero civil descendiente de una familia de inmigrantes especializada en la fabricación y montaje de estructuras metálicas.

Como parte de varios trabajos para algunos de los principales arquitectos del mundo, construyó por ejemplo la escalera de acero inoxidable que funciona como columna vertebral del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).También evaluaron cada detalle la curadora del premio, Solana Molina Viamonte, y un jurado integrado por el arquitecto Martín Bodas; las artistas Adriana Bustos y Luciana Lamothe; Enrique Shaw, director ejecutivo de Pinamar S.A., y Andrés Duprat, curador y director del Museo Nacional de Bellas Artes. Ellos no sólo decidieron otorgarle el premio a Basualdo –que consiste en 15.000 dólares de honorarios, aparte de la producción de la obra-, sino también una mención especial a Débora Pierpaoli, otra de las finalistas del concurso junto con Benjamín Felice, Valentín Demarco y Paula Castro.

La obra de Basualdo se presentará en el marco de la primera temporada de Pinamar Contemporáneo, una nueva plataforma internacional que cuenta con la dirección artística de Duprat y la participación del colombiano José Roca como curador invitado. Incluirá asimismo producciones de los argentinos Marta Minujín y Matías Duville -quien representa al país en la actual edición de la Bienal de Venecia-, Tania Candiani (México), María Elvira Escallón (Colombia) y John Gerrard (Irlanda), que se instalarán en distintos puntos de Pinamar.

Algunas se podrán ver durante más de un año y otras, como el Nido de hornero de Minujín que cumple medio siglo desde su creación original, se integrarán de forma permanente al paisaje de la ciudad. “Lo que me gusta del arte público es que lo ves de forma involuntaria”, opina Basualdo, que ya tiene experiencia en el tema. En la primera edición de Bienalsur, en 2017, presentó Rosario Nosotros, una instalación compuesta por dos rejas metálicas de seis metros por cuatro, en la cual la palabra que le da el título puede leerse entre sus barrotes.

Las dos hojas están cruzadas, de forma que se sostienen mutuamente, y el espacio entre los barrotes es suficiente para pasar a través de ellos. Durante la segunda edición la bienal, fue emplazada de forma definitiva en el Parque Independencia de esa ciudad.Y en San Juan creó para Arte Bestial, proyecto impulsado por Ezequiel Eskenazi y curado por Fernando Farina, un cubo de paredes dislocadas, ubicado en uno de los puntos más altos del Valle de Zonda en una zona sísmica.

Lo que se ve al entrar es un agujero en el techo, atravesado por un volumen similar al que pronto hará equilibrio en Pinamar. “La veo como una nostalgia de las reglas que todavía nos protegen, pero que están en transición. Es un mundo que se está deshaciendo y no hay una nueva propuesta”, expresó el artista porteño al presentar el año pasado en el marco de Conexión arteba esta pieza site-specific que considera una síntesis de su muestra Pupila, inaugurada en el museo Moderno en 2022.

La de Pinamar, aclara, “tiene que ver con un momento anterior de mi trabajo. Es el diálogo entre dos naturalezas distintas: lo orgánico y las reglas humanas”.Las obras anteriores realizadas a la intemperie, reconoce, le permitieron “desarrollar un lenguaje que puede funcionar en el espacio público, una conjugación de materiales que soportan la erosión”, explica Basualdo, que fue jurado en la primera edición del Premio Pinamar en 2024.

El ganador entonces fue Donjo León con Albor de árbol, un gabinete que muestra la lenta descomposición de un tronco caído, emplazado en el vivero que dio origen al pinar local.“Me encanta esta idea de generar un proyecto de escala urbana, que es privado pero está muy en diálogo con la intendencia -observa Basualdo-. Y que nos permite a los artistas preguntarnos cuestiones a nivel social.

Sobre el modelado de una escultura mayor, que es tanto la ciudad como la comunidad”.