Quienes sostienen que el menú degustación es una fórmula agotada, o que la cocina creativa está de capa caída, deberían hacer una visita a Enigma (Sepúlveda, 38-40) para recuperar la alegría. Aquí desmontan el discurso de esos agoreros que tanto temen aburrirse.

Cada visita a Albert Adrià y a su equipo (ahora su hijo Àlex está haciendo prácticas) es una fiesta. Y la constatación del talento de este cocinero capaz de hacerte pensar y gozar a partes iguales.

El servicio adapta el ritmo a medida de cada mesa, que elige la velocidad a la que quiere degustar los platos, si prefiere conocer lo que contienen antes o después de haberlos comido y de forma escueta o exhaustiva. “El menú está vivo y puede variar -o no- varias veces la misma semana; el año pasado hubo 183 versiones”, cuenta el director de la sala, Xavi Alba.Seguir leyendo...