Hubo un momento en que el Reino Unido pareció convertirse en un experimento acelerado. Un país agotado por el Brexit, la pandemia y los escándalos de Boris Johnson entregó el poder a una dirigente que prometía crecimiento rápido, rebajas fiscales masivas y una revolución económica sin complejos.

Apenas unas semanas después, los mercados se desplomaban, la libra se hundía y Downing Street entraba en estado de pánico.Seguir leyendo...