Los estudios rigurosos, nos indican que Colombia necesita un Estado moderno; no volver a los siglos XIX y XX; sería un grave error.Uno de los rasgos más característicos del pensamiento contemporáneo, consiste en rechazar las visiones simplificadoras del Estado. Esta institución, no puede entenderse exclusivamente como aparato burocrático, ni como simple estructura jurídica.

Tampoco debe comprenderse como un instrumento de dominación o un mecanismo técnico de administración.El Estado constituye una construcción histórica compleja en la que convergen instituciones, normas, valores, liderazgos y procesos de legitimación social. Su estabilidad depende tanto de su capacidad administrativa como de su legitimidad política.

Por esta razón, su fortaleza no puede medirse únicamente mediante indicadores de eficiencia. Debe evaluarse también por su capacidad para generar confianza ciudadana; promover la participación democrática; y garantizar el bien común.

Esta concepción permite superar la tradicional oposición entre eficiencia administrativa y legitimidad política; ambas dimensiones son complementarias.Como colombiano, comprometido con nuestra democracia, entiendo que: El Estado es la institución jurídico-política racionalizadora de los intereses generales que, a través de los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y electoral, institucionaliza y dinamiza sus funciones para facilitar la gobernabilidad.Notemos que un Estado eficiente, pero carente de legitimidad, difícilmente puede sostenerse. Del mismo modo, un Estado legítimo pero incapaz de responder a las necesidades sociales, termina debilitando su propia credibilidad.

Observemos ahora que, según sea el concepto que tengamos del Estado, vamos a estar en presencia de proyectos neoliberales o social-demócratas; individualistas o solidarios; partidarios del statu quo o de los procesos de cambio social. El manejo del Estado y de las nuevas relaciones entre los sectores público y privado colombianos, implica saber hacia dónde se va, cuál es el proyecto que tenemos, cuál es el tipo de sociedad que estamos construyendo.

Es necesario, por tanto, un ente interventor que racionalice el interés general; que defina políticas públicas graduadas hacia la apertura de oportunidades de desarrollo humano sostenible, con perspectiva participativa y de género, desde los ámbitos locales y regionales. Al pensar en desarrollar la modernidad en Colombia, se presenta fundamental que el Estado ejerza su función mediadora y reguladora, permitiendo cristalizar la gobernabilidad democrática.Cuando pensamos en la reforma del Estado en nuestros días, tenemos que conocer muy bien el contexto de América Latina, Norteamérica, la Unión Europea, África, China y el grupo de países emergentes del Asia.

Frente a esta reconfiguración mundial, hay que emprender transformaciones que apunten a la sociedad global y no solo a la instancia económica. ¿Cuál es entonces, el tipo de Estado que necesitamos en Colombia, para responder a los actuales retos latinoamericanos y las nuevas realidades mundiales, frente a un mundo de competencia capitalista?

¿Cuáles deben ser las posiciones de ese Estado, para asegurar a la mayoría de la población, los beneficios generados por los progresos de la sociedad moderna?Conocemos que, desde el punto de vista teórico-económico, la teoría neoclásica ha demostrado históricamente ser perversa para erradicar la pobreza, pues no permite un desarrollo equilibrado. En nuestro país, está demostrado que es necesario un ente interventor que racionalice el interés público, que defina políticas graduadas hacia la apertura de oportunidades de desarrollo humano sostenible con perspectiva participativa y de género, desde los ámbitos locales y regionales.

Para nuestro país, lo que necesitamos es desarrollar articuladamente: la descentralización; la regionalización; la planeación indicativa participativa y la democratización; todo ello, dentro de un plan de desarrollo centrado en lo humano. Lo que necesitamos, para ser eficaces y eficientes, es modernizar el Estado: ordenarlo, especializarlo, fortalecerlo y fiscalizarlo.

Ignorar estas medidas son de un alto peligro para la estabilidad democrática nacional y entrevería entonces, el reaparecimiento de formas dictatoriales para el mantenimiento del orden-desorden.Complementariamente y pensando en el futuro inmediato de Colombia, creo que para modernizar nuestro Estado es necesario fortalecer la Oficina del Presidente con administradores públicos y tecnócratas muy bien preparados y éticos. Sin ellos, no será posible hablar de que estamos construyendo democracia participativa, como lo ordena nuestra Constitución. roasuarez@yahoo.com.