Walsh y la masacre de la desinformación

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— El periodismo cumplió muchas veces roles centrales para exponer al poder. A 70 años de los fusilamientos de José León Suárez, narrados por Rodolfo Walsh en “Operación Masacre”, la Justicia Federal de San Martín dispuso que los hechos constituyen crímenes de Lesa Humanidad.
Walsh había publicado los artículos que luego compiló en el libro, en el semanario “Mayoría”, de Tulio y Bruno Jacovella, entre mayo y julio de 1957. La revista, de carácter nacionalista y peronista, fue el único medio que publicó las entrevistas sobre los fusilamientos clandestinos de 12 personas (aunque 7 sobrevivieron), ordenados luego del levantamiento cívico militar liderado por Juan José Valle y Raúl Tanco, contra la autodenominada “Revolución Libertadora”, al mando de Pedro Eugenio Aramburu.
En años en los que la censura promovida por el Estado era una estrategia de defensa de las peores atrocidades, la voz de Rodolfo Walsh inaugura el periodismo de no ficción en la Argentina, y lo combina con técnicas de crónica literaria. “Operación masacre” es anterior, incluso, a otra obra considerada cumbre en el uso de recursos periodísticos en la literatura de no ficción: “A sangre fría”, de Truman Capote. Veinte años después, labró su acta de desaparición: escribió la “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”, distribuida en medios clandestinos e internacionales el 24 de marzo de 1977.
Un día después, fue secuestrado por un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). “Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido”, denunció. Las palabras de Walsh cobran actualidad.
La censura promovida por la Junta Militar de la última dictadura, bien puede contrastarse con el bombardeo informativo y la falta de veracidad de la información que hoy circula. La asimilación llega por el contraste.
Los dos mecanismos pertenecen a una ingeniería de control de la opinión pública. La censura de la dictadura buscaba ocultar la realidad de la represión.
La actual desinformación promovida con la producción masiva de fake news, erosiona la posibilidad de distinguir entre mentira y verdad. La verdad ha dejado de ser un valor para convertirse en un subordinado de un objetivo político. “Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país luego de la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas”, describe otro párrafo de la célebre Carta.
La dictadura impuso el silencio mediante el terror. La actual circulación de desinformación por parte de operadores, políticos del Gobierno y del Estado, provoca una confusión en la que la verdad se oculta detrás del ruido y la saturación.
Cuando el Gobierno afirma que los salarios le ganaron a la inflación sin tener en cuenta todas las variables, incurre indudablemente en un análisis sesgado. Cuando asienta su recorte a las universidades en supuestas graves irregularidades nunca probadas, intenta transmitir una imagen distorsionada del sistema.
Ninguna de estas afirmaciones es inocente. Una característica del Gobierno de Milei es la proliferación de satélites con cuentas falsas o streams.
Hordas de haters asedian la verdad por todos los frentes en el éter digital. ¿Qué pasa cuando la falsedad se reproduce desde el Estado?
Datos engañosos, afirmaciones falsas repetidas sistemáticamente, campañas de desprestigio contra periodistas, construcción de relatos que buscan erosionar otras fuentes de información. Dos ejemplos chequeados Al asumir, en 2026, Javier Milei aseveró que existían indicadores sociales peores que en 2001.
La información fue desmentida por la organización Chequeado, que calificó la afirmación como falsa y dio a conocer los datos históricos. En cadena nacional, el presidente remarcó que sólo 0,4 puntos del ajuste fiscal provenían de la pérdida del poder adquisitivo de las jubilaciones.
Un estudio posterior concluyó en que el aporte de ese recorte era en realidad de alrededor de 1 punto del PBI. LIBRA, ANDIS y el encuadre oficial Otra estrategia del oficialismo es modificar el encuadre de los hechos a medida que aparece nueva información que desmiente sus versiones.
En el caso $LIBRA, inicialmente el presidente en su cuenta oficial lo promocionó como un proyecto que ayudaría a financiar emprendimientos. Luego de el colapso, eliminó la publicación y expresó que no estaba interiorizado acerca de los detalles del proyecto.
El discurso oficial intentó desvincular al Milei presidente del ciudadano. Un desplazamiento del relato con implicancias judiciales.
Con el caso ANDIS pasó algo similar, cuando comenzaron a difundirse los audios atribuidos a Diego Spagnuolo, el oficialismo habló de operaciones políticas y difamaciones. Después intervino la agencia, pero presentó el problema como atribuible a determinados personajes, y no al organismo.
Con el avance de las auditorías, aparecieron las irregularidades y la narrativa oficial de desplazó de “no hay caso”, a “lo descubrimos nosotros”. Una ágil reapropiación del discurso.
Ante hechos que amenazan su legitimidad, el poder administra la verdad bajo la misma lógica del control. Censura o bombardeo mediático.
Especialistas inscriben al actual paradigma de la comunicación como la Agenda Melding. Un público activo que modula su algoritmo y construye su realidad.
Actores políticos que no necesitan de los medios hegemónicos para instalar su discurso. Medios que ya no manipulan, si no que elaboran los temas sobre los cuales se va a discutir.
Una combinación riesgosa cuando la ética digital no está regulada y el marcador se corre no en base a valores, si no a mediciones de impacto. La creatividad como estrategia de supervivencia.
Walsh funda, acaso sin saberlo, un género que pervive. Su arte fue resistir al oscurantismo del poder con verdad y rigor.
Sin aquello, ninguna falsedad puede ser contrastada. “Hay un fusilado que vive”. Rodolfo Walsh escuchó esta declaración en un bar de La Plata en 1957.
Un rumor que 70 años después, se convirtió en verdad histórica.
Information from El Ancasti (Catamarca). Edited by: Noticias Today.
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