"Es un orgullo": fue secretaria ejecutiva, estuvo en situación de calle y ahora busca llevar su oficio a quienes más lo necesitan

Cuando Verónica era chica, había un ritual que la hipnotizaba. Cada vez que se rompía algo en el departamento, observaba con curiosidad al encargado de su edificio mientras desarmaba una canilla, encontraba una fuga o devolvía el flujo del agua con un movimiento certero de su llave inglesa.“Yo estaba siempre ahí, viendo qué hacía y qué deshacía”, recuerda hoy, a sus 43 años, con una sonrisa.
Lo que nunca imaginó aquella niña es que el objeto de su asombro se convertiría en su oficio, en el motor de una nueva vida.En la anterior fue secretaria ejecutiva, vendedora, empleada doméstica y hasta estuvo en situación de calle. Pero ahora, en su cuenta de Instagram se presenta como “Creadora de soluciones hogareñas.
Plomería en General. Mañosa de ideas únicas”.“A veces, cuando digo que soy plomera, las mamis del cole se me ríen.
La sociedad está acostumbrada a que hagamos otros trabajos. Pero yo sigo adelante”, dice Verónica con una confianza contagiosa.
Gracias al programa Mujeres en Oficios, de la Fundación Cultura de Trabajo, Verónica está a punto de terminar una capacitación en plomería. El curso cuenta con certificación de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y fue diseñado para promover la independencia económica de mujeres con problemas económicos o que están iniciando nuevos proyectos de vida después de situaciónes de violencia.
El proyecto busca que las mujeres logren una inserción laboral o independencia económica trabajando en sectores históricamente masculinizados como la plomería y la electricidad. Para Verónica, este curso no fue solo una capacitación técnica, sino que marca un verdadero antes y después en su vida. “Llegué a estar en situación de calle”Ese “antes” de Verónica había transcurrido en el seno de una familia de clase media que le permitió hacer la primaria y la secundaria en un colegio parroquial de Flores. “Fui secretaria ejecutiva en el rubro inmobiliario”, dice con un tono con el que espera sorprender a quien la escucha.
Pero la vida le presentó desafíos. Y con cada uno de ellos −la pérdida de sus abuelos, dos separaciones, una depresión posparto− su situación laboral y habitacional se fue haciendo más vulnerable. “Llegué a estar en situación de calle”, dice mientras le controla la fiebre a Franco, el menor de sus tres hijos, que tiene 6 años.
Después de pasar una temporada en un parador del Gobierno porteño, Verónica se fue a vivir a un hotel. Cobraba un subsidio habitacional y limpiaba casas por hora para cubrir la diferencia.“Siempre fui una mamá que se las rebuscó.
Nunca le hice asco al trabajo”, cuenta con orgullo. Pero hace un tiempo decidió irse del hotel y, con eso, perdió el subsidio. “Había mucha droga, situaciones que ningún chico debería presenciar”, explica.
Desde entonces vive en una habitación que le presta el papá de su hijo mayor. “Yo contribuyo con las tareas domésticas de la la casa y, cuando me sale algún trabajo, lleno la heladera”, dice. El año pasado, navegando por redes sociales, descubrió la posibilidad de acceder a una capacitación gratuita en plomería. “Encontré una beca de la Fundación Cultura de Trabajo y me anoté”, relata.
Un servicio económico para adultos mayoresEl curso, dictado en la sede de la UTN de Villa Lugano, le ofreció una formación integral que fue mucho más allá de lo técnico. Le permitió estar en contacto con otras mujeres que también buscan salir adelante a través de un oficio.
Hoy es parte de un grupo de 22 mujeres que dentro de dos clases finalizan el curso. “Somos todas mujeres grandes, la mayoría mamás, que sentimos que podemos hacer mucho más que ser empleadas domésticas”, dice con firmeza. Su sueño es armar un equipo de trabajo con sus compañeras y su profesora.“En plomería tenés un 30% de teoría y el resto es pura práctica y maña”, explica Verónica con la seguridad de quien ya domina el oficio.
Para ella, la plomería tiene una magia especial: “Vas a cambiar un cuerito y nunca es solo eso. Hay sarro, cosas gastadas, es todo un desafío descubrir qué pasa ahí adentro”.
Pero lo que más la motiva es el impacto social que podría tener con su trabajo. Su objetivo es enfocarse en ayudar a gente humilde y, especialmente, a los adultos mayores. “Mi profesora me inspiró para que busque trabajo ayudando a los viejitos, a los jubilados, que por ahí no pueden costear arreglos caros”, comenta.
Por eso, hoy su filosofía es la honestidad: “Prefiero salvar un vástago cepillándolo y poniéndole un poquito de amor antes que hacerle comprar una pieza nueva al cliente si no es estrictamente necesario”, asegura.“Quería ofrecerle una oportunidad”Aunque Verónica ya realizaba arreglos para conocidos, el verdadero hito de su carrera profesional llegó a finales de mayo, cuando hizo su primer arreglo profesional. Su clienta fue Camila Calabrese, terapeuta de un centro de salud comunitaria al que Verónica solía ir.
Luego de ver una publicación en redes sobre el nuevo oficio de Verónica, Camila no dudó en contactarla. La canilla de agua caliente del baño de su casa, en Boedo, estaba totalmente bloqueada desde hacía dos años.Para Camila, la elección de Verónica tuvo razones que van más allá de lo técnico. “Me decidí por ella primero porque vi que estaba iniciando este camino y quería ofrecerle una oportunidad”, explica Camila.
Pero también influyó una mala experiencia previa con plomeros varones. “Venía de experiencias donde me sentía disconforme. Te cobran una fortuna, no sabés cuánto valen las cosas y no te explican nada”, señala.
Asimismo, Camila destaca un factor clave para muchas mujeres que viven solas: la seguridad. “Meter a alguien en tu casa y que sea un varón desconocido, siempre es un riesgo. Que venga una mujer que ya conocía fue una tranquilidad absoluta”.La experiencia de trabajo superó todas las expectativas de la clienta.
Camila cuenta que no sólo arregló la canilla sino que, al terminar, dejó todo impecable. Para Verónica, ese trabajo fue una validación emocional inmensa: “Que alguien me llame y me diga ‘vení a arreglarme la canilla’ y que no sea un familiar... se me ensancha el pecho, es un orgullo total”.Hoy, Verónica continúa armando su equipo de herramientas, tanto físicas como de conocimiento.
Sabe que todavía existen prejuicios sociales que menosprecian la capacidad de las mujeres en los oficios manuales.Para cuando alguien la cuestione, ya tiene preparada una respuesta contundente: “No tenés idea de lo que es hacer un esfuerzo en el parto. Así que si necesitás un trabajo de fuerza, llamame que no te voy a defraudar”.
Más información: Si querés contactarte con Verónica podés seguirla en su cuenta de InstagramPara conocer lo que hace la Fundación Cultura de Trabajo hacé clic acá. En la actualidad tiene abierta la inscripción para que jóvenes de 18 a 24 años puedan acceder a becas para estudiar electricidad y plomería.
Los interesados deben inscribirse aquí.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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