Una guerra mundial, un ataque nuclear o la caída global de Internet. Aunque resulte paradójico, hay catástrofes que ninguna aseguradora se atreve a cubrir.

La razón está en su modelo de negocio. Para que un riesgo sea asegurable, se tienen que dar una serie de condiciones.

La primera de todas es que el riesgo debe de ser medible. Las aseguradoras necesitan estimar la probabilidad de que un suceso ocurra para poder calcular importes.

Si no pueden deducir el coste potencial de un siniestro, difícilmente podrán inferir su prima. Segunda.

El sistema funciona porque las incidencias de unos pocos se reparten entre los clientes. Si todos registrasen pérdidas a la vez, el sistema quebraría.

Por último, las pérdidas deben ser limitadas. Ninguna aseguradora tiene capacidad para asumir un coste infinito.

En conclusión, asegurar un siniestro global sería como intentar apagar un volcán con un cubo de agua. La Información Económica lanza este nuevo episodio de 'Economía Indiscreta', una serie de contenidos audiovisuales de carácter divulgativo con la que buscamos contribuir al debate público-económico.

En el anterior, publicado hace justo una semana, se abordaba el funcionamiento del sistema bancario con la pregunta de porqué las entidades solamente disponen de una parte de los ahorros de sus clientes.