Una literatura de sustantivos para narrar infancias en dictadura

VICTORIA.— Es miércoles a las 9 de la mañana en Argentina. En Alemania son las dos de la tarde.
Vicky se conecta a la entrevista. Está en un aula de la Universität zu Köln (Universidad de Colonia).
Nuestra charla tendrá una puntuación propia (autárquica, se diría) dada por el ingreso de los alumnos de un curso. Mis ojos se van llenando de presencias silenciosas -a lo sumo, murmurantes- que escuchan a su profesora hablar en español con un hablante nativo del español.
Será, quién sabe, algo que quedará grabado en sus memorias. “Materia de memoria: 13 relatos inéditos a 50 años del golpe” (Emecé, 2026), justamente, se llama el libro que compiló Victoria Torres. La autora platense tiene un sólido recorrido académico enfocado en investigar las memorias culturales contemporáneas, que también incluyó haber traducido un cuento de Rodolfo Walsh al alemán.
Su exploración del campo bibliográfico incluye libros y trabajos editoriales, como la coedición y el prólogo de “Golpes. Relatos y memorias de la dictadura” (junto a Miguel Dalmaroni, Emecé, 2016), “La guerra menos pensada.
Relatos y memorias de Malvinas” (2022) y “Poesía argentina y Malvinas. Una antología (1833-2022)” (con Enrique Foffani, 2022).
Es asimismo coautora, junto con Gabriela Naso, de “Esquirlas en la memoria” (2023), una crónica sobre los procesos contemporáneos de identificación de víctimas NN. Lo que queda La primera pregunta es una observación, un comentario.
Viaja por el ciberespacio a través de ecos y píxeles. Victoria captura el interrogante mientras se muda por el salón en busca de un anhelado tomacorriente. “Esta parte química”, bautiza a una sala colmada de lavatorios y “cosas raras”, como diciendo por inercia lo otro: que el hecho de nombrar es química pura.
Porque estudia la materia y sus transferencias. Y porque “hay química” o no hay química con el título de un libro.
Tan fácil y tan difícil como suena. La respuesta de la entrevista da cuenta de tal complejidad: “Tardamos mucho en encontrar un nombre que pudiese reunir esta cantidad de textos.
Cuando uno hace una antología, suele tomar alguno de los títulos de los cuentos o alguna frase. Este caso me resultaba muy difícil por la variedad de relatos y, asimismo, porque me parecía que no había que privilegiar a uno sobre el otro.
Todos los autores y autoras tenían, en general, trabajos de ficción, académicos o militancias propias, relacionados muy fuertemente con su pasado reciente. No había nada que pudiera englobar todo.
Salvo la consigna. Les propuse que se focalicen en eso”.
Entendiendo que la materialidad tenía que estar omnipresente surgió el título: “Materia de memoria”. Se barajaron otras opciones (“El golpe de las cosas”, “Lo que queda”), aunque ganó la idea de materia, de cuerpo. “Pero también la idea de una asignatura pendiente”, arrima la compiladora. “Como docente, yo pido que no estudien de memoria.
Porque lo repito como un loro y después me olvido. Pero acá [la sentencia] funciona muy bien porque es lo que no queremos olvidar, lo que queremos recordar.
Y lo material nos ayuda como un medio: es lo que sobrevive a la desaparición. Lo que queda.
Yo había pensado mucho en un libro de Giorgio Agamben que se llama ‘Lo que queda de Auschwitz’. ¿Qué es lo que queda después de un genocidio?
¿Qué es lo que queda después de la destrucción? ¿Qué es lo que queda después del horror?” Un objeto “Materia de memoria” reúne piezas de trece fuentes distintas.
Piezas, por la polisemia que habilita el sustantivo: parte, habitación, sección. Voces de la “generación 1.5” (categoría acuñada por Susan Rubin Suleiman recolectada por Torres): Paula Bombara, Félix Bruzzone, Julia Coria, Marta Dillon, Julián Fuks, Josefina Giglio, Mauro Libertella, Mariana Eva Pérez, Raquel Robles, Ernesto Semán, Ángela Urondo Raboy, Paloma Vidal y Mónica Zwaig.
A la hora de enhebrar los hilos personales en el manto general, Torres sabía que la gran mayoría ya había escrito sobre la temática. “Tenía un camino importante, incluso grandes referentes literarios del tema (Bruzzone, Pérez y Dillon, entre otros), me parecía que era un riesgo volver a proponerles algo”, recuerda la autora. “Lo increíble es que todos y todas me dijeron que sí, al toque. Algo que me da la pauta de que no es un capítulo cerrado.
No lo es para quienes vivieron sus infancias, niñeces y juventudes atravesadas por la desaparición (y, asimismo, escribieron y militaron). Y, por lo tanto, para la sociedad tampoco puede ser un capítulo cerrado.
Eso me alentó mucho a seguir con este proyecto”. Proponer la escritura a partir de un objeto fue un desafío “interesante” para la facilitadora del juego.
Es insertarse en “una literatura de sustantivos”, como apunta Claudia Piñeiro en el prólogo. “Implicó un trabajo, porque unifica”, comenta Torres. “Mi miedo era que se me fuera para cualquier lado; yo intenté realmente hacer una curaduría. También, al focalizarse en algo, salieron cosas no contadas o que, de otra manera, quedaban tocadas muy marginalmente.
Se hicieron textos muy o
Information from El Litoral (Santa Fe). Edited by: Noticias Today.
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