El perro momificado de Amenhotep: sobrevivió 3.500 años al olvido

La inmensa mayoría de quienes convivimos con perros sentimos que hay algo profundamente injusto en la velocidad con la que desaparecen. Viven menos que nosotros, ocupan una parte gigantesca de nuestra memoria y, no obstante, muchas veces apenas dejan rastro físico.
Fotografías perdidas, collares guardados en un cajón, quizá alguna anécdota familiar que termina diluyéndose con el tiempo.Por eso resulta tan fascinante encontrarse con un perro que, de alguna manera, consiguió atravesar intacto más de tres milenios de historia humana. No porque fuera un animal extraordinario en términos biológicos, ni porque protagonizara grandes batallas o cambiara el rumbo de un imperio, sino precisamente por lo contrario: porque fue, simplemente, el perro querido de alguien.Este perro en particular apareció en una pequeña tumba del Valle de los Reyes, muy cerca del sepulcro del faraón Amenhotep II.
Aunque nunca sabremos su nombre, la forma en la que fue enterrado permite intuir que quien lo conoció compartía con nosotros el deseo de no separarse nunca de su compañero animal.Una tumba pequeña y una sorpresa enormeLa momia canina apareció en la tumba KV50, una sepultura secundaria situada en el Valle de los Reyes, en Egipto. Fue descubierta en 1906 por el arqueólogo Edward R.
Ayrton durante unas excavaciones. La tumba era relativamente modesta, con un pozo vertical excavado en la roca que conducía a una cámara funeraria pequeña.
Había sido saqueada siglos antes, por lo que apenas quedaban objetos funerarios, pero en el interior aparecieron dos ocupantes inesperados: un perro momificado y un babuino parcialmente envuelto todavía en lino.La proximidad de la tumba KV50 a la sepultura del faraón Amenhotep II, conocida como KV35, hizo pensar desde el principio que aquellos animales podían haber pertenecido a la familia real o, al menos, a miembros de alto rango de la corte egipcia.Probablemente fue un perro de caza realNo existe una inscripción que identifique al animal ni un texto que explique exactamente quién fue. Pero varios egiptólogos creen que podría tratarse de un perro de caza perteneciente a Amenhotep II o a alguien de su entorno cercano.
La hipótesis no resulta descabellada, ya que Amenhotep II fue un faraón especialmente asociado a la fuerza física, la caza y las actividades militares. Las representaciones egipcias de la época muestran con frecuencia a los perros acompañando a nobles y faraones durante las expediciones cinegéticas o en escenas de guerra.Asimismo, el cuerpo del perro hallado en KV50 estaba extraordinariamente bien conservado para la época.
Incluso después de perder gran parte de las vendas funerarias, seguía apreciándose claramente la anatomía del animal. Las fotografías conservadas muestran un perro de cuerpo estilizado, patas largas y aspecto muy similar al de los lebreles y otros perros de caza representados en el arte egipcio.Los perros en el antiguo EgiptoAunque son los gatos los que se han convertido en el gran símbolo animal del antiguo Egipto, los perros ocuparon también un lugar importantísimo dentro de la sociedad egipcia, con funciones que incluían la caza, la vigilancia, la protección, la compañía, e incluso funciones religiosas y rituales.Algunos eran enterrados junto a sus cuidadores, algo que no ocurría con la mayoría de animales domésticos de otras culturas antiguas.
La egiptóloga Salima Ikram, una de las mayores especialistas mundiales en momificación animal, explica en su estudio académico Man's Best Friend For Eternity: Dog And Human burials In Ancient Egypt que existen múltiples ejemplos de perros sepultados dentro de tumbas de personas para acompañarlos en el más allá. En ciertos casos, incluso compartían sarcófago con la persona fallecida.Los egipcios creían que la momificación permitía acceder a la vida eterna, y esa idea no se limitaba a los humanos.
La presencia de perros momificados demuestra que muchos animales eran considerados dignos de acompañar a sus cuidadores también después de la muerte.El simbolismo de Anubis y el mundo funerarioEl hallazgo de KV50 resulta especialmente interesante porque los perros y otros cánidos estaban profundamente conectados con Anubis, una de las divinidades funerarias más importantes del antiguo Egipto.Por eso algunos investigadores creen que ciertos perros enterrados en contextos funerarios podían tener también un significado religioso o simbólico, más allá del vínculo afectivo con las personas que cuidaron de ellos. En el caso de KV50, asimismo, el hecho de que el perro apareciera enterrado junto a un babuino añade todavía más misterio, ya que los babuinos estaban asociados al dios Thot, relacionado con la sabiduría y el conocimiento.
A fecha de hoy, no está claro si ambos animales fueron enterrados juntos por razones puramente afectivas, religiosas o rituales.Millones de animales momificadosEgipto produjo cantidades gigantescas de momias animales. Algunas investigaciones hablan literalmente de millones de ejemplares momificados a lo largo de siglos.
No obstante, no todos esos animales eran mascotas queridas y muchos formaban parte de prácticas votivas, es decir, los peregrinos compraban momias animales como ofrendas para los dioses en templos dedicados a divinidades concretas.En Saqqara, por ejemplo, se descubrieron catacumbas con millones de perros momificados vinculados al culto de Anubis. ¿Se ha estudiado científicamente su ADN?Aquí aparece una de las grandes frustraciones para quienes sienten fascinación por esta momia, puesto que prácticamente no existen estudios genéticos específicos publicados sobre el perro de KV50.Sí hay abundante investigación genética y tomográfica sobre momias reales humanas de la dinastía XVIII, incluidos Amenhotep II y otros faraones cercanos, mediante ADN antiguo y escáneres de alta resolución.
Pero el perro en sí no parece haber sido objeto de un análisis molecular detallado y tampoco hay información sobre posibles enfermedades, alimentación o linaje canino que pudiera relacionarlo con alguna de las razas primitivas. Ni siquiera conocemos su sexo.Eso no significa necesariamente que nunca se haya intentado, pero extraer ADN antiguo de momias resulta extremadamente complejo porque el calor, la humedad, los productos químicos usados durante la momificación y la contaminación moderna degradan muchísimo el material genético.
Aun así, algunos especialistas consideran que futuras técnicas podrían permitir obtener información mediante dientes, hueso petroso o análisis proteómicos, que suelen resistir mejor el paso del tiempo que el ADN.A fin de cuentas, lo más llamativo del perro de KV50 no es su antigüedad y ni siquiera su excelente conservación, sino lo familiar que resulta todo lo que representa: una persona que fue incapaz de aceptar que su perro desapareciera para siempre.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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