Siempre Messi: Argentina volvió a encontrar refugio en su emblema, destrabó un partido cerrado y aseguró su lugar en los 16avos del Mundial
DALLAS (Enviado especial).- En el Mundial del marketing, las grandes cadenas, los estadios gigantes, las entradas por las nubes y las pausas de hidratación; en el Mundial de la tecnología, los drones, los GPS y los chalecos refrigerantes; en el Mundial del espectáculo, las pantallas gigantes y las celebridades en las tribunas, la diferencia, en definitiva, la siguen marcando los futbolistas. Porque por más recursos, datos y planificación que existan, todavía hay momentos, situaciones y sensaciones que no pueden explicarse desde una planilla.
Por eso este también es el Mundial de Mbappé, de Harry Kane, de Vinicius o de Lamine Yamal. Por eso para Argentina, una vez más, la respuesta la tuvo Lionel Messi, figura excluyente de esta Copa, que con sus dos goles ante Austria se convirtió en el máximo artillero absoluto de la historia de los Mundiales (en soledad) y condujo al equipo a otro triunfo clave: el 2-0 sobre Austria ya afirmó el pase a los 16avos de final y, salvo un milagro, lo dejará como líder del grupo.Lo había dicho Vladimir Petković, el técnico de Argelia, después de la victoria argentina en el debut.
Preparó aquel partido durante meses, tomó todos los recaudos posibles y puso el foco en una sola misión: controlar a Messi para, desde ahí, intentar imponer condiciones. Pero cuando enfrente está el rosarino, no hay sistema ni planificación que valga.Esta vez le tocó a Ralf Rangnick, el alemán que dirige a Austria, que debe haber llegado al entretiempo preguntándose cómo, por qué y de qué manera apareció esa pelota servida para el capitán frente al arco, acomodada para la zurda, en una posición ideal para definir de primera, a contrapierna del arquero, y romper un partido que se estaba jugando según el plan austríaco: lejos de su área, con la posesión repartida y con Messi incómodo desde el inicio, después de fallar un penal y alternar destellos de talento con algunas impresiones poco habituales en él.
Para Argentina puede haber partidos más fáciles, más abiertos, más duros. Para Messi, en cambio, todos terminan pareciéndose.
La selección se encontró con un rival intenso, dinámico y disciplinado, preparado para recuperar rápido y contragolpear. También mostró buenas intenciones con la pelota, aunque sin la jerarquía necesaria para lastimar de verdad al campeón del mundo.
Argentina sabía que esa asfixia constante en la mitad de la cancha podía romperse con una de las tantas virtudes que caracteriza a este equipo: la capacidad para tocar rápido, limpiar la jugada y encontrar espacios, todo ante una defensa que no tomaba marcas con la misma agresividad con la que presionaba para recuperar. Eso intentó Argentina desde el arranque, pero con el correr de los minutos fue perdiendo frescura, algo que se profundizó después del penal desviado de Messi, una acción que parecía anunciar una tarde difícil.Fue un pasaje del partido en el que Argentina perdió parte del control y necesitó más que nunca de su capitán para encontrar, aun lejos de su mejor versión, esa cuota de fútbol que suele transformarse en situaciones de gol.
Austria empezó a cargar por el sector de Nahuel Molina y, aunque no generaba situaciones claras, consiguió mantener a la selección en su campo. El cooling break, abucheado por buena parte del público, terminó favoreciendo al campeón.
Después de dos avisos previos de Messi, la vuelta de esa pausa encontró al equipo mejor parado, con la cancha más abierta y una mayor movilidad en ataque. Volantes y delanteros comenzaron a intercambiar posiciones, evitando dar referencias y multiplicando las opciones de pase.La pelota no pasaba tanto por Messi, que jugó más cerca del área que frente a Argelia, pero todas las acciones peligrosas pasaban de algún modo por él, hasta que llegó la jugada del gol.
La inició por la derecha y, mientras Thiago Almada conducía, atacó el área con la convicción de quienes nunca se conforman. El centro atrás de Facundo Medina y el notable gesto técnico de Almada, que dejó correr el balón entre sus piernas, dejaron a Messi entre la medialuna y el punto del penal para marcar el 1-0.¡SIEMPRE VOS CAPITÁN!A los 38' y luego de una gran jugada, Messi puso el 1-0 ante Austria. pic.twitter.com/0IJbI2cBNv— TyC Sports (@TyCSports) June 22, 2026Aun en un contexto incómodo, frente a un rival que creció en el segundo tiempo pero que también fue sintiendo el desgaste físico y mental del partido, la selección supo imponerse desde la experiencia, la chapa y, por tramos, también desde el juego.
El ingreso de Nicolás González por Almada le dio otra velocidad y recorrido por la izquierda, un cambio importante para contener las trepadas por ese sector, algo que Scaloni valora especialmente: defender atacando.En el cierre, Austria pasó a jugar con tres defensores y quedó mano a mano contra Nicolás González, Julián Álvarez y Messi, un escenario ideal para que Argentina buscara lastimar de contra. No obstante, el equipo de Scaloni optó por otro camino: reforzó el medio con Leandro Paredes y apostó a dejar transcurrir los minutos mientras los austríacos manejaban la pelota en el primer tercio.
La principal amenaza eran los envíos aéreos: los europeos figuran entre las selecciones más altas del Mundial, mientras que Argentina se ubica 42° entre las 48 participantes. Aun así, se defendió con firmeza y contó con un Emiliano Martínez muy seguro para controlar cada centro.¡JAJAJAJA, ESTÁS LOCO!Messi convirtió su doblete y puso el 2-0 de Argentina ante Austria. pic.twitter.com/U5rzd5MxRE— TyC Sports (@TyCSports) June 22, 2026Pero dio la sensación de que Messi no quería terminar así.
Ni con el equipo retrasado ni perdiendo el duelo personal con el arquero Alexander Schlager, que en la previa había contado su preferencia por Cristiano Ronaldo por sobre el rosarino, y que durante el partido le había tapado un par de ocasiones. Entonces, después de evidenciar algunos signos de cansancio e incluso de provocar una pérdida que había dejado mal parada a la selección, decidió resolverlo él mismo, como esos jugadores de básquet que piden la pelota en los segundos finales para asumir el tiro que define el partido.
Administró el tiempo con la pelota, generó varias faltas y, cuando el AT&T Stadium vibraba al ritmo del “de la mano de Leo Messi”, apareció para cerrar la discusión. Desparramó al arquero y, luego de una serie de rebotes, definió casi desde el piso para desatar el estallido final.Para Argentina, el Mundial seguirá más allá de Dallas y del partido frente a Jordania, este sábado, otra vez en este estadio.
Por su emblema, claro, y por una selección que parece sentirse cómoda en la dificultad y suele resolver los partidos con una holgura impropia de este nivel, aun cuando el resultado es ajustado. La ventaja de ser campeón del mundo.
Y de encontrar, una vez más, al mejor Messi cuando más lo necesita.
Information from La Nación. Edited by: Noticias Today.
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