El guajiro, la figura de Colombia en lo que va del Mundial, puede presumir de muchas cosas, entre ellas el poner a Barrancas, su municipio natal, en el mapa internacional.Luis Díaz fue la figura de Colombia en la victoria 3-1 sobre Uzbekistán.ALFREDO ESTRELLAEn Colombia hay días que vale la pena recordar y hay otros que preferimos dejar guardados bajo llave en la memoria. Tenemos días en los que nos sentimos orgullosos de nuestros colores y están los que nos cambian para siempre.

Y por supuesto también hay Díaz, con zeta al final, que son capaces de unirnos a todos en un grito de gol.Entre tantos Díaz que hay dentro de nuestras fronteras, Luis Fernando es por mucho el más querido en este momento. A los vallenateros les sonará Diomedes o a los televidentes Róbinson, pero Lucho, dada la coyuntura mundialista, es del que más se habla por estas épocas.

Y cómo no hacerlo, si luego de ocho años de espera fue el que lideró a la tricolor en su más reciente victoria en el torneo deportivo más importante del planeta.Luego de una fiera batalla con Abdukodir Khusanov sobre el césped del Estadio Azteca, el guajiro salió victorioso. Con un gol y una asistencia —asimismo de un remate que se estrelló en el poste—, Lucho salió figura en uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol mundial.

Fue elegido como el mejor jugador de la cancha, y con razón.PARA MIRARLO UNA Y OTRA VEZ: ¡LA DELICIA DE LUCHO DÍAZ EN EL PASE A DANIEL MUÑOZ!Un pase milimétrico para abrir el marcador ante Uzbekistán. #MundialEnDSPORTS #FIFAWorldCup pic.twitter.com/ucMBtDAI3k— DSPORTSCo (@DSportsCO) June 18, 2026 “Creo que estoy en mi mejor momento. Físicamente me siento muy bien, mentalmente también, familiarmente también.

Estoy tratando de trabajar de una buena manera. Este Mundial para mí es súper especial.

Es el primero, entonces tengo que trabajar duro”, comentó Lucho luego de el debut contra Uzbekistán.No sabemos cuánto más va a conseguir Lucho con la selección ni hasta dónde va a llegar. De lo que sí tenemos certeza es dónde arrancó.

Su historia inició en Barrancas, al sur de La Guajira, a casi dos horas de Valledupar en carro. Allá, donde la cultura wayúu, el sonido de los acordeones y las minas de carbón se mezclan, fue donde el hoy ídolo nacional dio sus primeros pasos.Luis Fernando, el hijo mayor de Luis Manuel “Mané” Díaz y Cilenis Marulanda, creció con una pelota en los pies y con las tonadas del vallenato de fondo.

Su padre, cuando no tocaba en parrandas junto a sus tíos, era el técnico de la selección de Barrancas, en las que el ‘7’ tricolor ya mostraba que podía estar al nivel de jugadores de mayor edad.Luis Díaz durante su paso por la selección indígena de Colombia.Juan Pablo Gutiérrez - ONICPero también cantando vallenato es como recuerda Jacob Díaz, abuelo de Lucho, a su nieto más famoso. “Puedo decir que es un hijo mío. Yo lo aprecio y él me ha apreciado a mí.

Su música, su canto. El placer de verlo.

Son cosas que han sido de siempre, desde pequeño. Eso no se olvida fácil”, conversó en diálogo con El Espectador allá en su casa del Barrio Lleras, a una cuadra de la vía principal de Barrancas, a la que nos invitó Oppo, una de las marcas que trabaja con el guajiro.La casa de Jacob es fácil de distinguir porque en su fachada hay un mural en el que aparecen dos Luchos pintados, uno en plano medio y otro de cuerpo completo, ambos con la camiseta tricolor.

El sol y el tiempo han hecho lo suyo sobre la pintura, pero el legado de Luis Fernando ya es imborrable. Junto a la puerta aparecen dibujados los escudos de los clubes por los que ha pasado: Liverpool, Porto, Junior, Barranquilla y Baller.No, no escribí mal el nombre del Bayern Múnich alemán.

Resulta que el primer equipo de Luis Fernando fue el Club Baller, el del Barrio Lleras de Barrancas, de ahí el nombre por la unión de las primeras sílabas de cada palabra. Como si fuera una premonición fonética, hoy el guajiro es figura en Múnich con el gigante bávaro.Balón de fútbol del Club Baller del barrio Lleras de Barrancas.Juan Pablo Gutiérrez - ONICDetrás del mural hay una casa con un jardín interior más grande en superficie que la vivienda con la que comparte lote.

Hay árboles que hacen sombra y una pared decorada con distintas camisetas —algunas firmadas—, medallas de torneos departamentales y nacionales, asimismo de cuadros y reconocimientos, todos de la misma persona.Al pie del modesto museo de los Díaz está el suelo de un patio que hace dos décadas fue la cancha de Lucho. Allí jugaba con Josher Britto Díaz, su primo.

Uno de los arcos quedaba entre un árbol y la cerca. El otro tenía como poste una palmera de coco.

Los límites eran determinados por un canal. “Jugábamos para divertirnos, lo mismo que él hace hoy en día. Hacíamos unos arquitos en la calle y lo mismo aquí en la casa.

De este lugar tan pequeño salió una estrella Mundial”, recuerda su primo, quien hoy dirige la fundación que lleva el nombre del “crack” guajiro.Postales del museo de Luis Díaz en la casa de su abuelo.OPPO ColombiaLucho, nacido en el 97, jugaba con los de la generación del 94 en la selección de Barrancas. El talento era evidente y por eso no era raro pensar que podía ser profesional.

A ese niño Jacob Díaz lo aconsejaba. “Como si yo fuera su papá venía a mí. Yo le decía: ‘Estese tranquilo y vaya para adelante.

No mire para atrás de golpe porque puede haber algo en su espalda’”.Su talento lo llevó de Barrancas a Barranquilla, donde terminó su formación como futbolista. En el Junior tuvo su presentación en sociedad.

Primero pasó por el filial del tiburón y luego se consolidó como la joya del fútbol caribeño. En septiembre de 2018, con 21 años y apenas 29 meses después de debutar como profesional, jugó su primer partido con la tricolor.La primera selección de Lucho DíazCuatro años antes de que Arturo Reyes —técnico interino de Colombia luego de la salida de José Pékerman— lo llamara para un amistoso, Lucho ya había representado a la tricolor.

No la que compite en torneos FIFA o Conmebol, sino una conformada por jugadores indígenas de distintas comunidades.Camiseta del Club Baller firmada por Luis Díaz.OPPO ColombiaTodo empezó en 2014, cuando la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) creó el Primer Campeonato Nacional Indígena de Fútbol, Más Allá del Balón. Juan Pablo Gutiérrez, quien lideró el proyecto, explica que la pelota fue más un medio que un fin. “Fue utilizar el fútbol como excusa para una apuesta social y política, con un trasfondo muy importante, que era el de darle oportunidades a la juventud indígena y hacerle frente a diferentes problemáticas, dentro de las cuales una de las principales era el reclutamiento forzado de jóvenes indígenas”.El torneo tuvo tres fases.

Primero, cada pueblo indígena eligió internamente a su equipo representativo. Luego, los equipos de un mismo departamento compitieron entre sí.

Finalmente, los ganadores de cada macrorregión —Caribe, Orinoquía, Amazonía, Occidente y Centro— se disputaron un cupo en la fase final, celebrada en Bogotá, en el Campincito.Fueron diez equipos finalistas, con jugadores de todo el país. El encargado de escoger a los mejores para conformar la selección colombiana indígena fue Carlos “el Pibe” Valderrama, quien aceptó ser el embajador del proyecto.

Entre los convocados estaba Lucho Díaz, quien llegó representando al pueblo Wayúu de La Guajira, que tenía en Mane Díaz un entrenador.La selección indígena Wayuu que llegó a la final del Campeonato Nacional Indígena de Fútbol Más Allá del Balón. Lucho es quien está señalado con la flecha roja.

El "Mane" Díaz, entrenador del equipo, es quien está parado detrás.Juan Pablo Gutiérrez - ONICQue Lucho pudiera jugar ese torneo no fue casualidad ni un trámite menor. Su identidad Wayúu, aunque construida a distancia de una ranchería, es genuina.

Años después, citado por The New York Times, Díaz reconoció desde su mestizaje que por sus venas corre la sangre de esta comunidad ancestral.Con el aval de la Federación Colombiana de Fútbol y de Coldeportes, esa selección viajó a Chile en 2015 para disputar la primera Copa Americana de los Pueblos Indígenas de la historia, organizada en paralelo a la Copa América oficial durante el gobierno de Michelle Bachelet. Era la primera vez que Luis Díaz representaba a Colombia en cualquier nivel y fue una de las figuras.“He’s from Barrancas”Barrancas tenía antes del Mundial una sola razón para aparecer en los mapas: ser la sede de El Cerrejón, la mina de carbón a cielo abierto más grande de América.

Pero para un pueblo de algo más de 44.000 habitantes dentro de un país futbolero como Colombia, ser la cuna de tremendo “crack” no es, para nada, poca cosa.Su primo Josher reconoce que su salto al estrellato ha sido un impulso para el pueblo: “Es una oportunidad para todo el municipio de Barrancas el tener un orgullo a nivel nacional e internacional, que le permita progresar en temas de empresa, de emprendimiento y también de poder atraer empresas privadas y turismo”.El patio de la casa de Jacob Díaz es donde sus familiares hicieron un museo en su honor.Juan Pablo Gutiérrez - ONICLa Fundación Luis Díaz trabaja con jóvenes del municipio bajo una premisa que va más allá del fútbol. No busca fabricar el próximo Lucho —aunque tampoco sería un problema—, sino proyectar a sus beneficiarios hacia el profesionalismo en cualquier campo, ya sea en la medicina, el derecho o la ingeniería.El deporte es el vehículo, no el destino, y los recursos para sostenerlo vienen del propio jugador. “Todo lo que hemos hecho es gracias al apoyo de Luis, ya sea directamente con él o indirectamente con las marcas que lo patrocinan.

Siempre ha tenido claro que toda marca con la que trabaje tiene que tener un sentido social”, cuenta Josher.Niños de la Fundación Luis Díaz junto a un mural que le dedicaron en Barrancas.OPPO ColombiaPara Mané Díaz, ver ese impacto tiene un peso que las palabras apenas alcanzan a contener. “Estoy orgulloso, mil veces orgulloso. Como todo proceso, el municipio ha avanzado.

Ya se conoce el municipio por el nombre de Luis Díaz, que está en todas partes. La idea es que traigamos buenas obras sociales para la comunidad y para que los niños puedan aprovechar el tiempo libre y sacar sus sueños adelante”.No es exagerado decir que en el mundo se escucha el nombre de su municipio natal, pues en las canchas de la Premier League su nombre fue coreado por los hinchas del Liverpool, equipo al que representó entre 2022 y 2025.

Con la melodía de “Bella Ciao” cantaban “His name’s Luis Díaz, he is from Barrancas” en Anfield, Stamford Bridge, Old Trafford y Wembley, entre otros escenarios, tanto dentro como fuera de Inglaterra.Este es el tema de la hinchada de Liverpool 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 dedicado al colombiano Luis Díaz 🇨🇴. Traducción:Lo llamamos LuchoVino desde PortoVino a convertirLuis Díazes de Barrancasy juega para Liverpool📹 TikTok/abossnight.pic.twitter.com/UlIocDHKfl— VSports Team (@VSportsTM) September 22, 2024 A final de cuentas, Barrancas no solo tiene una mina de carbón imponente; también fue la veta en la que una joya como Lucho mostró un brillo que ha resplandecido en distintas latitudes.

En ese mismo orden de ideas valdría la pena pensar a nivel institucional cómo podemos hacer para fortalecer y potenciar los talentos que surgen en municipios pequeños, para que así tengamos más Luchos.Y es que no es un detalle menor, pues por ejemplo La Guajira no es un departamento del que salgan tantos futbolistas profesionales como es el caso en el Valle del Cauca o Antioquia, o ni siquiera de otras partes de la costa como Atlántico y Bolívar; pero es diciente que dos de los cuatro máximos goleadores de la selección son de allá. Arnoldo Iguarán es tercero con 25 anotaciones, dos más que Díaz, quien podría superar en unos años a Falcao, nuestro máximo artillero con 36 anotaciones.Siga a la nueva versión digital de la sección deportiva de El Espectador.El Espectador🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?

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