Un puñado de votos que se pueden contar con los dedos de una mano podrían salvarle el pellejo al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y evitarle el trago amargo de tener que someterse a una interpelación en el Senado y, eventualmente, a una moción de censura que podría malherirlo aún más, si fuera posible después de sus insólitas explicaciones patrimoniales, desde el punto de vista político.La clave pasa por un debate de carácter reglamentario que quedó en pausa la semana pasada y que promete reactivarse esta semana durante la sesión de este jueves, en la que la Cámara alta tiene previsto tratar el pedido de interpelación presentado por el bloque kirchnerista que preside José Mayans (Formosa).La discusión gira en torno a cuál es la mayoría que se requiere para habilitar el tratamiento del proyecto de resolución impulsado por el peronismo. La biblioteca está dividida y anticipa un debate apasionado, cuyo resultado podría terminar favoreciendo los planes del presidente Javier Milei y de su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, que se niegan a entregar al jefe de Gabinete ante el reclamo, casi unánime, de la oposición.Al término de la reunión de Labor Parlamentaria de la semana pasada, en la que se estableció que el 25 del corriente se hará la próxima sesión, la jefa de la bancada libertaria, Patricia Bullrich (Capital), dio por hecho que este jueves el Senado “discutirá todos los proyectos que piden la interpelación de Adorni”, y que si obtienen la mayoría absoluta (mitad más uno del total de miembros de la Cámara) que establece la Constitución, el jefe de Gabinete deberá comparecer para su interpelación a la semana siguiente, el 2 de julio.Bullrich fue más allá y afirmó que esto es así en virtud de que el artículo 101 de la Constitución Nacional, en el que se establece el procedimiento de la interpelación y de la moción de censura del ministro coordinador, es operativo, es decir que su debate queda habilitado para su discusión con la sola invocación por parte de un senador.No obstante, hay quienes disienten con esta lectura y recuerdan que el reglamento del Senado establece que los proyectos deben contar dictamen de comisión con una antelación de siete días para ser incluidos en el temario de una sesión.Cualquier intento por acelerar esos plazos implica reclamar su tratamiento sobre tablas, el cual requiere del apoyo de los dos tercios de los presentes para su habilitación.Esta es la postura que sostiene el peronista crítico Carlos Espínola (Corrientes), presidente del bloque Provincias Unidas, quien en diálogo con LA NACION recordó que el proyecto del kirchnerismo no tiene dictamen de comisión, por lo que necesita del voto de los dos tercios para permitir el inicio de su debate el próximo jueves.“No podemos hacer tan fácil un proceso para echar a un jefe de Gabinete.

Para mí hacen falta los dos tercios para habilitar el tratamiento y esa es la postura que voy a sostener en la sesión”, aseveró.Espínola aclaró que su postura va más allá de la situación que vive Adorni, sino que tiene que ver con respetar la institucionalidad. “Es una barbaridad que con 37 votos puedas echar a un jefe de Gabinete, es sentar un mal precedente porque el día de mañana cualquier oposición te junta los votos y te vuelve loco, te hace desfilar jefes de Gabinete sólo porque no les gusta lo que dice”, explicó Espínola.Números alentadores Es a partir de esta teoría, si es que los que piensan como Espínola imponen su lectura, que crecen las posibilidades de Adorni de sortear la condena del Senado, algo que hasta la semana pasada parecía cosa juzgada.Es que si el cuerpo decide aplica el Reglamento del Senado en este caso, el oficialismo podría bloquear la discusión de la interpelación si logra reunir el tercio más uno del total del cuerpo (25 voluntades), dispuestas a exigir que el proyecto obtenga dictamen de comisión antes de llegar al recinto.El camino estaría casi allanado si se cuenta que el oficialismo libertario cuenta con 21 senadores, con lo que tan sólo tendrían que conseguir cuatro votos más para bloquear la interpelación.Mucho más cuando Espínola le expresó a LA NACION que no estaría dispuesto a avanzar con la remoción del jefe de Gabinete. Cree que la situación de Adorni la debe resolver Milei, que hasta ahora se niega en redondo a pedirle la renuncia, o, en su defecto, que la Justicia avance con su investigación y le dé al Senado las herramientas para impulsar la destitución.Los otros tres votos para alcanzar el tercio más uno lo podrían aportar los misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, del Frente Renovador de la Concordia del gobernador y firme aliado de la Casa Rosada, Hugo Passalacqua; y la neuquina Julieta Corroza (La Neuquinidad), cuyo jefe político es el mandatario provincial Rolando Figueroa, siempre dispuesto a negociar con el Poder Ejecutivo.En el caso de fallar alguno de estos apoyos, podría sumarse al blindaje de Adorni la chaqueña Silvana Schneider (UCR), que fue vicegobernadora de Leandro Zdero hasta diciembre pasado.

En la última sesión fue la única radical que no votó a favor del pliego de María Verónica Michelli, se terminó absteniendo, la jueza vetada por Milei por ser cuñada de un periodista de LA NACION.Así, se completarían los 25 votos que podrían darle a Adorni y al Gobierno una victoria política que, hasta la semana pasada, parecía imposible. De todas maneras, todavía falta tiempo y hasta el inicio de la sesión puede pasar cualquier cosa.

El caso del entrerriano Eduardo Kueider todavía está a flor de piel en un Senado que había sido convocado aquella mañana del 12 de diciembre de 2024 para tratar su suspensión, pero terminó expulsándolo del cuerpo luego de que un pedido de desafuero de la jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado ingresará a la Cámara alta apenas unos minutos antes de iniciarse el debate.