El acuerdo provisional con Irán que Donald Trump firmó esta semana en Versalles ―ese palacio francés sinónimo de rendición humillante desde 1919― concedía al presidente estadounidense, a cambio de concesiones económicas muy ventajosas para Irán, dos cosas que ya existían antes de la guerra: la promesa de Teherán de no hacerse con armas nucleares y la reapertura del estrecho de Ormuz. Ahora, luego de los últimos ataques de Israel en Líbano este fin de semana, incluso eso se le escapa de las manos: Irán volvió a cerrar el estratégico paso marítimo.

Lo que incluso entre su propio partido se ha descrito como una capitulación empieza a pasar factura al autor de El arte de la negociación.Seguir leyendo