“La moneda mala desplaza a la buena”, aseveró Thomas Gresham. “Los argentinos usamos los pesos para transar y los dólares para atesorar”, lo escuché hace muchos años y lo sigo escuchando. Lo primero sigue siendo cierto.

Contra lo que remarcó Frederick August von Hayek, Julio Hipólito Guillermo Olivera decía que el hallazgo de Gresham no dependía de la existencia de un tipo de cambio fijo entre ambas monedas. Pero en Argentina 2026 no estoy seguro de que lo segundo siga siendo cierto; y la pregunta es importante para explicar por qué el gasto privado es el que es, y no aumenta como a los fabricantes de bienes les gustaría.Al respecto, entrevisté al inglés John Horsley Palmer (1779 - 1858), quien en 1811 fue elegido director del Banco de Inglaterra, entidad que presidió entre 1830 y 1833.

Según Anna Jacobson Schwartz, los puntos de vista que remarcó entre 1832 y 1857 pueden extraerse de las respuestas que ofreció a varios comités parlamentarios, tres panfletos que publicó entre 1836 y 1837 y su correspondencia. Agregó que su nombre quedó para la posteridad como vocero de la conducta correcta de la política monetaria en períodos donde las responsabilidades del Banco de Inglaterra (BdeI) no eran perfectamente entendidas.– Usted es particularmente conocido por una regla asociada a su apellido.– Como bien sintetizó Schwartz, la formulación inicial de mis principios referidos al funcionamiento del BdeI se conoció como la regla de Palmer, según la cual en períodos normales, cuando las reservas de la institución están en su máximo y la moneda se cotiza a la par, el BdeI debe mantener reservas en metálico equivalentes a un tercio de sus pasivos, entendiendo por tales la suma de los depósitos y los billetes emitidos.

En tales períodos el BdeI podía mantener los 2/3 restantes en títulos públicos y otros títulos a largo plazo. Una vez logrado esto, cada extracción o incremento de las reservas de oro del banco debía tener su contrapartida en términos de caída o aumento de los billetes o depósitos, de manera que los cambios en el balance del banco debían reflejar las modificaciones en las preferencias de la población, más que resultar de iniciativas de la institución.

El BdeI nunca la aplicó.– En los modelos macroeconómicos de corto plazo, ¿de qué dependen los gastos en consumo e inversión?– Las explicaciones fueron evolucionando. En La teoría general de John Maynard Keynes, el consumo agregado depende del ingreso agregado, y la inversión es un monto fijo.

Los refinamientos posteriores incluyeron, entre las variables explicativas, la distinción entre ingreso transitorio y permanente, la tasa de interés, la cantidad de activos financieros en manos de los demandantes, etc.– Quiero ponerle la lupa a esta última variable.– La macroeconomía de corto plazo nació interactuando flujos, con el tiempo se agregaron los stocks. Pero la realidad precedió a la reformulación de los modelos.

Luego de la Segunda Guerra Mundial no reapareció la Gran Crisis de la década de 1930, en parte porque los soldados gastaron los ingresos que habían acumulado durante la referida guerra. Hoy los stocks son una porción importante de la explicación de los flujos.– Pero en la Argentina la cuestión es si diferentes stocks impactan de manera distinta a los flujos.

Concretamente: ¿gastaría alguien en galletitas, o cambiaría con más frecuencia el auto, si en vez de mantener la riqueza financiera en dólares la mantuviera en pesos? – Entiendo su duda. La respuesta relevante, como siempre, es un aquí y ahora; y en su país nadie está esperando hoy un fuerte aumento de la tasa de inflación y mucho menos una hiperinflación.– ¿Y entonces?– Ustedes viven en un sistema bimonetario de hecho.

Entro en un bar, pido un café, me traen la cuenta, dice $ 1450, le doy un dólar y el mozo no me dice “qué es esto” sino que me dice “gracias”. Ergo, la decisión de gastar no depende de la moneda en la que mantengo mi riqueza financiera.

Dicho sea de paso, para las personas es facilísimo pasar de pesos a dólares y viceversa.– ¿Por qué, entonces, los argentinos no estamos gastando como locos, tal como les gustaría a los oferentes?– Por la naturaleza de la decisión de gastar, particularmente en bienes durables. La nueva legislación le quitó trabas a gastar los dólares que están en “el colchón”.

¿Por qué los argentinos no salieron corriendo a cambiar la heladera, el auto o el microondas? Usted, De Pablo, tiene un auto modelo 2012, es el único dueño y el rodado funciona perfectamente.

¿Qué apuro tiene en cambiarlo? Paga poca patente, poco seguro, y encima la probabilidad de que se lo quieran robar es mínima.

Ningún apuro, ¡pero esto es independiente de si el dinero necesario para cambiarlo usted lo tiene en moneda local o extranjera!– ¿Podrá el Estado argentino incentivar el gasto de los integrantes del sector privado?– Por las buenas, sólo de manera indirecta. Que es lo que está haciendo.

Qué fácil sería la vida si el Poder Ejecutivo pudiera dictar un decreto cuyo artículo 1 dijera: “cómprese…”.– El Estado también puede incentivar el gasto por las malas.– Efectivamente. Asustando.

Por favor entiéndase que lo que sigue sólo tiene objetivos didácticos. Las autoridades pueden amenazar con cerrar los bancos, abrir las cajas de seguridad o, peor aún, obligar a los fabricantes a construir colchones inflamables, los cuales se prenderían fuego cinco minutos después de que el propietario se levantara de la cama.

En estas condiciones algunas personas podrían intentar desprenderse de parte de sus tenencias financieras comprando algún bien. Pero no es difícil imaginar que tal acción generaría otros problemas.– ¿De qué habla?– Como dije, la decisión de gastar, particularmente en bienes durables, no es una decisión precipitada.

No demandemos certeza, pero así como el aumento de la incertidumbre contrae la demanda de bienes, su reducción la aumenta. Ésta última es la acción indirecta por la cual el Estado afecta las decisiones privadas. – Frente a la incertidumbre, no es lo mismo atesorar pesos que dólares.– De acuerdo, pero pongamos el acento en la incertidumbre, y no en la moneda, para explicar las decisiones de gasto del sector privado.

Asimismo de lo cual, y para ayudar a la toma de decisiones, cabe preguntar: incertidumbre, ¿referida a qué? Claro que el futuro es inevitablemente incierto, pero en la Argentina 2026, ¿puede alguien tener temor de que algo le pase si mantiene sus fondos en una cuenta en una institución financiera, o en una caja de seguridad?

Como usted no se cansa de repetir, en el análisis de los riesgos y las incertidumbres la lista de lo posible es demasiado vasta como para que sirva para adoptar decisiones.– Don John, muchas gracias.