SANTA ROSA.— Por Ing. Javier Mariano García GuerreroEn Estados Unidos y en la Argentina el narcotráfico no se combate: se gestiona; no se persigue: se regula; no se elimina: se administra.

Los relatos hegemónicos ocultan que el porcentaje del PBI derivado de las actividades del crimen organizado superó al de las exportaciones de soja, durante la sequía del ciclo 2023. Las coimas y comisiones en criptomonedas son los “peajes” que el funcionariado retiene al sector criminalEn una Argentina donde el presidente Milei celebra a los evasores como "héroes", postula la venta de órganos como una decisión mercantil sobre el propio cuerpo, justifica el financiamiento de su candidato a la gobernación de Buenos Aires por lavadores de dinero y el enriquecimiento ilícito de su jefe de gabinete mediante el hallazgo fortuito de criptomonedas, no debería sorprender que la pretendida “guerra contra el narcotráfico” se asemeje a un corto de animación del gato Tom y el ratón Jerry.

Una coreografía de persecuciones infinitas que simula un conflicto irreconciliable pero que da sentido a ambas partes.Introducir a las Fuerzas Armadas argentinas en tareas de seguridad interior constituye un histórico reclamo de la geopolítica estadounidense bajo el pretexto del combate al crimen organizado. Desde hace décadas, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) insiste en presentarse como el baluarte de la civilización frente l mal absoluto, mientras asesina a 20.000 niños en Gaza.

Washington insiste en interpretar el papel de guardián moral y mártir global, mientras amenaza a medio planeta. No obstante, basta con contrastar la narrativa con los datos de sus propios informes, como el National Drug Threat Assessment (NDTA), para descubrir que esta épica hollywoodense es mera propaganda de distracción.Las escalas de la violencia exponen la asimetría del fenómeno: en México, la ofensiva militarizada iniciada en 2006 dejó un saldo superior a las 5.000 bajas únicamente entre las filas de los uniformados estatales.

El Cartel de Medellín ejecutó a más de 500 policías bajo un sistema de recompensas, derribó en pleno vuelo un avión provocando 107 víctimas mortales directas, e hizo estallar un coche bomba frente a la sede del diario El Espectador para silenciar la libertad de prensa. En contraste, el total de uniformados caídos en la pantomima argentina en acciones directamente atribuibles al narcotráfico durante la última década asciende a aproximadamente 40 efectivos.Un número relevantes y creciente de jueces y fiscales, jefes policiales y penitenciarios en actividad y retirados, abogados, empresarios, financistas, a sueldo de los narcotraficantes brindan cobertura y aseguran barreras a la entrada de competidores, regulando el territorio, evitando que el "ruido de muertes" estridente sature las portadas de los diarios.

Facundo Leal, el abogado mendocino 42 años con dos décadas dentro de la administración pública con importantes responsabilidades que fue hallado con diversas drogas, balanzas de fraccionamiento y u$s 2,5 M en efectivo ¿es una mosca blanca o la punta de un iceberg conocido, muy bien relacionado que incluye un aviso a navegantes conocidos.El transporte físico de bolsos con dinero ilícito ha cedido terreno a las billeteras virtuales (fintech) ahora desgravadas, con identidades falsificadas o testaferros para el movimiento diario. En el circuito internacional, la remisión de pesos informales a criptomonedas estables (stablecoins como USDT) permite fugar el capital a cuentas en el exterior en cuestión de minutos, eludiendo los reportes de la Unidad de Información Financiera antilavado.Lejos de ser una víctima indefensa de las redes transnacionales, Estados Unidos funciona bajo la lógica de un narcoestado estructural, donde la producción, el consumo masivo de sustancias y el blanqueo de capitales son engranajes vitales de su arquitectura financiera y su modelo de acumulación.

Los propios informes de la DEA admiten con frialdad que la potencia norteamericana es autosuficiente en la producción de marihuana, sostenida por una industria agrícola hipertecnificada que ha multiplicado por quince la potencia del THC en las últimas cuatro décadas.La dimensión financiera es todavía más elocuente. Los reportes de la Financial Crimes Enforcement Network (FinCEN) reconocen a Miami, Nueva York y Los Ángeles como las capitales globales del lavado de dinero.

Allí, el mercado inmobiliario de ultra-lujo, la banca de inversión de Wall Street y los fondos de cobertura realizan el milagro de convertir dólares ensangrentados en activos financieros limpios. En ese circuito, destacados factores de poder: legisladores, empresarios, financistas independientes, operadores de "cuevas" cambiarias y miembros de la beautiful people mediática argentina aparecen omitidos en los grandes reportes de inteligencia o quedan amparados en causas judiciales destinadas penalmente a la prescripción.La paradoja de la DEA es sistémica: describe minuciosamente la estructura de los carteles latinoamericanos reales o imaginarios (como el venezolano de “los soles”) pero, al cruzar la frontera de los Estados Unidos, la narrativa criminal se disuelve.

Los cargamentos de toneladas de cocaína y fentanilo parecen dispersarse por arte de magia sin que se identifique jamás a los grandes capos de la distribución interna estadounidenses ni sus agentes financieros. Un silencio corporativo que confirma lo evidente.En tanto el mercado ilegal en la Argentina atraviesa una profunda mutación caracterizada por la diversificación de sustancias, donde conviven la cocaína tradicional, sofisticados cócteles moleculares como el "Tusi" y el desvío crítico de opioides de uso hospitalario como el fentanilo, acoplada a sistemas de distribución digitalizados mediante canales encriptados y logística de mensajería urbana que atomizan el control estatal.

Los laboratorios y droguerías que pretenden acoplarse al negocio corren en riesgo de sufrir sabotajes escandalosos que a despecho de los cientos de víctimas que puedan ocasionar, les recuerdan cuál es su lugar en el ecosistema."Cuando el crimen organizado se convierte en el principal empleador y en el mayor financista de la política local, la frontera entre el Estado y el cartel deja de existir".— Carlos Fuentes, célebre escritor y diplomático mexicano.* Ex Disertante del Taller Interdisciplinario sobre Adicciones en el Hospital Zonal de Choele Choel (Río Negro) y en Congresos Internacionales de la FEPRA y la Facultad de Psicología de la UBA.