“Pero Manuel, ¡si parecen mujeres de otros mundos!”. La frase, pronunciada por una anciana vecina de sus abuelos con unas pruebas de impresión en las manos en la casa de A Merca donde creció Manuel Outumuro hasta los 10 años, se queda prendida en la mesa del comedor como un hallazgo.Seguir leyendo...