Una historia jamás contada del todo. Dos tercios del millón de judíos polacos que lograron salvarse del Holocausto nazi hallaron refugio en Asia Central, en tierras musulmanas.

Unos 5 o 6 mil de ellos fueron recibidos por Irán y eso incluía a mil niños. Entre ellos se encontraban Hannan Teitel, padre de la escritora Mikhal Dekel, y su tía Regina, quienes, luego de abandonar Polonia, fueron llevados a los campos soviéticos de trabajos forzados y ahí inició su viaje hacia Uzbekistán y Kazajistán.

Un grupo excepcional de casi mil niños fueron evacuados en transporte militar hacia Irán; quienes más tarde cruzaron India rumbo a Palestina, bajo el Mandato Británico, en busca de una nueva vida. Ésta historia inspira la novela “Los niños de Teherán” (Aguilar) de Dekel, que acaba de publicarse en español, que enlaza memoria familiar e investigación histórica para rescatar un relato de supervivencia, exilio y cruces culturales. “Entonces me interesó buscar esa respuesta.

Y ya no era sólo acerca de Irán, sino también de la antigua Unión Soviética, Uzbekistán, Palestina, India, Polonia. Y también de las organizaciones que daban ayuda a los refugiados. “A través de todo esto, aprendí acerca de mi padre, lo conocí más y a la ciudad donde creció.

La historia se convirtió en personal, y lo personal en historia. Fue algo orgánico”, comenta la doctora en Literatura Comparada por la Universidad de Columbia.

Dice que la investigación detrás de este título cambió por completo su perspectiva. “Yo nací en Israel, viví en Nueva York. Viajaba como turista, no como parte de mi historia.

Ya me encontraba a estos lugares que antes no sentía. Era mi entrada al mundo como una mujer judía, pero también como un ser humano. “Es la historia de mi papá, pero también de los judíos polacos, uzbecos, cristianos-polacos, los musulmanes persas, los judíos persas.

Es una historia global de la Segunda Guerra Mundial. Me siento conectada al mundo.

La historia que cuento toca a muchas personas”, agrega. La abogada egresada de la Universidad de Tel Aviv detalla que visitó diversas hemerotecas y archivos en Asia Central, gracias a que los países que integraban la URSS abrieron estos recintos. “Lamentablemente no encontré ningún cartel, placa o memorial que recordara estos episodios de la historia, sólo unas cruces o una estrella de David.

Descubrí que cientos de miles de personas fueron deportadas. Viajé 28 horas en tren para llegar a ese lugar y en el trayecto no había nada.

En estos lugares remotos, la gente no sabe lo que pasó ahí, incluso aunque toque a su familia”, añade. Quien en la actualidad vive en Manhattan admite que “no estoy segura de qué tomar de esa experiencia hacia el presente.

La mayoría sobrevivió, excepto los casos de enfermedad o desnutrición. Hubo algo de hostilidad, pero hay que honrar ese hecho.

Los musulmanes recibieron y resguardaron a los judíos”. Señala que “Los niños de Teherán” se está traduciendo al ruso y “tal vez se haga una película”.

Ahora trabaja en “Refugio”, “un libro sobre el edificio donde nací en Haifa. Mis padres se conocieron en Israel en 1949.

Y deseo narrar la historia de esta ciudad árabe y judía. “Cómo ha sido la vida de los habitantes de ese edificio desde que se construyó hasta ahora. Al principio vivían ahí sobrevivientes del Holocausto; y ahora hay árabes, rusos y argentinos.

También recreo mi experiencia de la guerra contra Irán el año pasado, porque la viví desde ahí”, concluye.