Todos anhelamos sentirnos comprendidos en cierto modo. No obstante, no siempre es fácil conseguirlo.

Para muchas personas, la ausencia de referentes neurodivergentes puede llevarlos a sentirse diferentes a los demás, a cuestionar su lugar en el mundo o a percibir que transitan la vida "fuera de los moldes" establecidos por la sociedad.Bajo la premisa de "tenderles la manos" y ayudarlos a abrazar sus diferencias "sin prejuicios ni etiquetas", la influencer Aroia García, más conocida en redes como Aroyitt, publicó recientemente No encajo, pero existo, un libro autobiográfico en el que explora sus vivencias con el autismo desde una óptica personal y honesta y ahonda en el complejo proceso que tuvo que atravesar a raíz de su diagnóstico tardío."Durante años, he sentido que no encajaba. Aprendí a adaptarme, a imitar, a exigirme.

Vivir con autismo sin saberlo ha marcado mi forma de relacionarme, de sentir y de enfrentarme al mundo", escribe Aroia en la sinopsis de este personal proyecto, bajo el sello editorial Ediciones Martínez Roca, que supone su salto al mundo de la escritura y una reivindicación ante la escasa visibilidad del TEA —o Trastorno del Espectro Autista— en las mujeres.Y es que, en su caso, no fue hasta bien avanzada la edad adulta cuando pudo responder a muchos de los interrogantes sobre sí misma luego de recibir el diagnóstico de TEA, después de un largo periodo marcado por la incomprensión y la presión de cumplir con expectativas externas, que le forzaban a exigirse más de la cuenta con el fin de adaptarse a ciertas conductas sociales propias de una persona neurotípica. A lo largo de sus 178 páginas, la streamer, quien acumula más de 2 millones de seguidores en sus perfiles públicos, aborda el punto de inflexión que supuso este diagnóstico de autismo para "sacar lo mejor" de sí mismo, en cuanto a su claridad a la hora de gestionar su manera de relacionarse con el mundo, pero también a su proceso de aceptación y de reconocimiento de las conductas que protagonizó en el pasado.No obstante, tampoco teme mostrarse vulnerable y plantear preguntas incómodas para romper los tabúes y estigmas que persisten aún en torno al autismo, especialmente en mujeres, que, en muchos casos, recurren a mecanismos de adaptación y autorregulación para pasar desapercibidas y esconder cualquier atisbo neurodivergente de sí mismas.