La culpa es de Europa

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— Desde que asumió como primera ministra de Italia en 2022, Giorgia Meloni apostó fuerte a convertirse en el puente entre Donald Trump y una Europa que lo miraba con desconfianza. Lo cortejó, lo visitó, usó el sombrero rojo de la MAGA, fue la única líder europea invitada a su ceremonia de asunción en Washington.
El vínculo parecía sólido, pero el propio Trump se encargó de erosionarlo. Ayer, en una entrevista telefónica con un canal italiano, expresó que Meloni le había \"implorado\" que se sacara una foto con ella durante el G7 en Evian y que accedió \"por pena\".
Meloni respondió furiosa desde sus redes: \"Yo e Italia nunca imploramos\". El canciller italiano canceló un viaje que tenía programado a Washington y el presidente de la República la llamó para expresarle su solidaridad.
Un incidente diplomático de proporciones, detonado por los exabruptos habituales del norteamericano a horas de haber firmado una humillante tregua con Irán. En plena guerra de Irán, Trump ya había atacado a Meloni reprochándole falta de coraje por no apoyar la aventura bélica y luego volvió a arremeter contra ella por haber respaldado al Papa León XIV frente a los ataques del propio Trump.
Esos episodios habían paradójicamente favorecido a Meloni en su país, colocándola del lado del Pontífice justo cuando buscaba recomponerse ante un electorado que la había castigado en las urnas por su sintonía con Washington. El G7 parecía una oportunidad de recomponer las relaciones, pero Trump eliminó esta posibilidad.
El hombre no puede con su genio, pero sus desvaríos se ajustan a una lógica. En la misma entrevista le reprochó a Meloni que \"ni ella ni la OTAN estuvieron presentes cuando se trató del tema del estrecho de Ormuz\".
Trump parece empezar a desplegar un relato exculpatorio. La intervención militar norteamericana en Irán, presentada en su momento como una gesta histórica destinada a cambiar el mapa del Medio Oriente, no tuvo el efecto político que esperaba.
El régimen no cayó, el programa nuclear quedó en pie y el único logro concreto fue la reapertura del estrecho de Ormuz, que es un retorno al mismo punto de partida. La opinión pública, lejos de aclamarlo, lo responsabiliza por haber embarcado a los Estados Unidos en una aventura costosa y sin resultados claros, inducida en buena medida por los cálculos del premier israelí Benjamin Netanyahu.
Para una personalidad narcisista como la de Trump, semejante interpretación de los acontecimientos y que el mundo no lo aclame por la paz sellada con Irán resulta insoportable. En enero le recriminó públicamente a Noruega que no le hubieran otorgado el Premio Nobel de la Paz, como si el reconocimiento fuera una deuda que el mundo había contraído con él y se negaba a saldar.
La lógica con Meloni es idéntica: su grandeza es incuestionable, luego la ausencia de reconocimiento solo puede explicarse por la mezquindad o la cobardía de los demás. Europa, que se mantuvo al margen de la aventura iraní, se le ocurre ahora como el chivo expiatorio perfecto.
Trump tiene elecciones de medio término en noviembre. Necesita una narrativa que transforme ese fracaso en traición ajena: Estados Unidos atacó a Irán para defender a Occidente, Europa miró desde el balcón y por eso el resultado no fue el esperado.
Meloni, que paradójicamente fue la europea que menos lo desafió, recibe el primer golpe. Europa se negó a participar de la guerra de Irán, es cierto.
Pero echándole la culpa del fracaso, Trump intenta sacar del foco una cuestión mucho más difícil de digerir para el electorado norteamericano: que los Estados Unidos fueron a la guerra y perdieron arrastrados por su megalomanía.
Information from El Ancasti (Catamarca). Edited by: Noticias Today.
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