Moscas moribundas en vitrina

En famosa conferencia de 1956 sobre qué es la autoridad, Hannah Arendt comienza afirmando que mejor sería preguntarse qué fue alguna vez. Desde que el mundo moderno se propone aniquilar la tradición que antes guiara los destinos conforme a sentidos inmemoriales, la autoridad entra en crisis y deja de despertar admiración.
Se ampara en la fuerza y el miedo, o intenta persuadir de que se le obedezca sin el aura ni el respeto de antaño. Y eso que argumentos no le han faltado (que tiene razón y leyes detrás, que sin un “soberano” termina mandando el caos); no obstante, a la hora de convencer, no impresiona.Lo sorprendente de Arendt es que se centre en la debilidad del poder: su efímera duración e inevitable equiparación con la fuerza, acompañada de aspavientos efectistas.
¿Desde cuándo la autoridad goza hoy de una ejemplaridad inmortal garantizada? Nadie diría de ella lo que Borges capta genialmente del triunfo del caído: “La derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”.
Pensaba en héroes de épicas y tragedias, géneros literarios que les quedan grandes a jerarcas y meras jefaturas. De ahí que, pasado su cuarto de hora de preeminencia no desafiada, nadie vuelva a glorificar a estos otros.
A lo que Arendt apunta, si me permiten una imagen, se parece a moscas u otros insectos, capaces de zumbar por un rato antes de terminar sus días, agónicas, patas para arriba, dando vueltas espasmódicas, hasta que alguien las aplasta. Vean el espectáculo que Trump ofrece en calidad de justiciero, a fin de humillar al chavismo, y cómo el anticomunismo viene castigando a Cuba desde hace décadas, exhibiéndola como un modelo de desastre bajo autoridad decrépita.
Por cierto, a Trump también le llegará su hora, pero a nadie lo enaltece caer en las garras de semejante personaje.Resulta, pues, una confirmación de que la autoridad se ha perdido cuando opta por no hablar ni responder por su desempeño; acusa de haberse ofendido la dignidad corporativa que ella representa; o se hace aparecer como una pura oficialidad impersonal (“el gobierno de nadie”, como bien califica Arendt las burocracias administrativas) que “rectifica” y “reconviene” públicamente a quien se sale del guion establecido. Despertando, de paso, el ánimo de la hinchada y sus cacerías tribales contra consabidos “enemigos internos” que sólo cumplen con señalar errores graves.El problema es que en nuestras instituciones el oficialismo se aterra ante las críticas internas.
Alejandra Mizala, antes de asumir como rectora de la UCH les marca la pauta a seguir a decanos y a pajes, indicando que no desalojará tomas porque eso dividiría a la universidad. ¿Aún cuando se encuentra ya quebrada entre quienes la quieren “popular” y quienes la prefieren por su excelencia?
¿Y sin discutirlo en una universidad que se dice deliberante?Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador
Information from La Tercera (Chile). Edited by: Noticias Today.
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