Pasadas las 11 horas del viernes 12 de junio, la exministra de la Corte Suprema Ángela Vivanco volvió a suspirar aliviada. A esa hora, a poco más de 13 kilómetros de la cárcel de mujeres de San Joaquín, donde la exjueza completó 133 días privada de libertad, su abogada, la defensora penal pública Patricia Alvarado, confirmaba ante los medios de comunicación que la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago había acogido sus alegaciones y modificó la prisión preventiva decretada sobre su representada en el marco de la investigación de la denominada trama bielorrusa, dictando en reemplazo su arresto domiciliario total.

Habían pasado prácticamente cinco meses desde que la influyente exmagistrada no tenía mayores motivos de celebración, pero esa mañana decidió que había razones para al menos compartir un almuerzo distinto con las dos imputadas que habitan con ella en el módulo 7. Con lo poco que tenían a su disposición, se armó una especie de despedida.

Dentro de las limitaciones que tiene el penal, Vivanco encargó una pasta a una especie de economato que mantiene el recinto y comieron juntas. Acordaron que mantendrían contacto, mal que mal se acompañaron durante semanas de encierro que se les hicieron eternas.

Quienes han conversado con la exjueza -imputada por cohecho y lavado de activos- aseguran que salió agotada del recinto carcelario. Si bien la resolución de la corte se conoció temprano la jornada del viernes, debió esperar varias horas para la liberación, lo que la dejó algo descompensada.

Pese a ello, fiel al estilo que la caracterizó en sus años en la Suprema, Vivanco se mostró firme ante las cámaras que aguardaban su salida en calle Capitán Prat. La esperó Hernán Swart, un buen amigo que hizo hace más de 15 años.

El mismo que la visitó cada miércoles en la tarde y quien cumplió sagradamente con los encargos que la abogada le hacía. Le llevaba el diario, fruta, ensaladas, y uno que otro enser especial que debía pasar por la acuciosa revisión de Gendarmería.

Él la llevó hasta el desconocido departamento que, al menos por un tiempo, sería su nuevo hogar. En el pasado quedó la gran casa que Vivanco arrendaba en Las Condes.

Luego de su detención y la de su expareja Gonzalo Migueles, imputado en la misma causa, no había cómo mantenerla, por lo que familiares se encargaron de embalar las cosas y se entregaron las llaves. Su exmarido y padre de su hija arrendó un departamento por Airbnb en Santiago Centro, y aunque es temporal, ahí es donde Vivanco se ha ido rearmando y redefiniendo para enfrentar lo que viene en el proceso.

Por lo pronto, quienes han podido conversar con ella aseguran que está tranquila, que ha podido descansar, leer y alejarse de las noticias gracias a que ahora tiene acceso a plataformas de streaming. Si bien en la cárcel tenía una televisión, sólo lograba acceso a canales nacionales.

Como es una mujer de rutinas definidas, ha mantenido horarios para dormir, comer y distraerse. De acuerdo con fuentes consultadas por este medio, entre las cosas que más han reconfortado a Vivanco luego de su salida de la cárcel está volver a compartir con su hija y con sus dos perras, Greta y Lily, aunque aún tiene algo pendiente: visitar a su madre.

Para ello, como aseguraron amigos de la exjueza, su abogada buscará que el tribunal le otorgue un permiso de algunas horas para salir del edificio. Asimismo, requerirá autorización para que su representada pueda acceder a los controles médicos que debió postergar.

Debe chequearse con su oncólogo y con el profesional con quien sigue su tratamiento para la diabetes. De igual forma, consideraron que es momento para declarar.

Hace algunos días Alvarado lo expresó formalmente ante los investigadores, aunque aún no se ha acordado una fecha para que Vivanco entregue el que será su primer testimonio respecto de los hechos que se le imputan. Esto a pesar de que antes de su formalización, en entrevistas con distintos medios, ha recalcado que no recibió coimas y que jamás se apartó de los principios y deberes que implican el cargo que ostentaba.Luego de salir de la cárcel, como algunos podrían haber pensando, la exministra está lejos de retomar la vida social que tenía.

Sólo ha aceptado algunas visitas de familiares y de un grupo muy reducido de amigos, prácticamente los mismos que se acercaron al penal.