Mientras los científicos siguen debatiendo si el envejecimiento es reversible o no, las formas más minúsculas del cuerpo mantienen un proceso de desgaste aparentemente imperceptible asociado con enfermedades crónicas y la fragilidad en la vejez. El fenómeno recibe el nombre de inflammaging (un juego de palabras en inglés entre inflammation y aging).

Se trata de un proceso inflamatorio dirigido por el sistema inmunitario que, a diferencia de lo que ocurre con un golpe o una infección, no se ve. ¿Cómo es la inflamación que envejece?La inflamación no se refleja en un vientre abultado.

La respuesta del sistema inmune se origina principalmente después de que el cuerpo sufrió daños o fue atacado por agentes infecciosos.“Se producen sustancias que activan células de defensa y otros tejidos y que inician un proceso de “reconstrucción” del balance interno, ya sea reconstruyendo tejido perdido o eliminando agentes externos”, explica el Dr. Francisco José de la Vega González, médico cirujano con especialidad en Endoscopía Gastrointestinal.

Por ello, el uso coloquial de “se me inflama el estómago” no es del todo correcto, como plantea el especialista, quien agrega: “sería mejor usar el término ‘distendido’ para cuando alguien siente el vientre abultado, dolor o náusea”.“Hay veces que sí se conectan, pero no siempre. Hay procesos de inflamación celular como apendicitis aguda, que termina provocando distensión del abdomen.

Pero también hay situaciones como el estreñimiento que produce distensión, sin producir inflamación bioquímica”, comparte. Regresando a la inflamación, el proceso celular y químico es normal, complejo y necesario para la protección del cuerpo, no obstante, con el tiempo, los hábitos y el entorno, las células encargadas pierden efectividad lo que acelera el envejecimiento mediante dos mecanismos: ​​En el primer caso, antes de morir, las células se vuelven hiperactivas y disfuncionales; comienzan a liberar sustancias proinflamatorias a la sangre, como si dejaran una alarma de alerta prendida de forma permanente.En el segundo, las células dañadas que deberían morir no lo hacen, resisten hasta convertirse en células senescentes o zombis que comienzan a secretar un cóctel de moléculas tóxicas e inflamatorias que puede terminar contagiando a grupos sanos, como detalla un artículo publicado en Signal Transduction and Targeted Therapy.

Se cree que la inflamación crónica acelera el proceso de envejecimiento, pues actúa como una especie de óxido. Su influencia afecta al ADN, los tejidos sanos y la salud en general.

Las investigaciones más recientes plantean que este proceso es la base de diferentes enfermedades comunes en la vejez como Alzheimer, artritis, cáncer, cardiopatía y diabetes tipo 2. De acuerdo con la Universidad de Brown, la inflamación crónica también afecta la salud cerebral y contribuye a la fragilidad del cuerpo durante la vejez.

Cómo combatir la inflamación crónica Por ahora, no hay una forma de detener el envejecimiento, pero existen medidas comprobadas por la ciencia que ayudan a ralentizar el proceso sin la necesidad de costosas cirugías o fármacos sofisticados. Algunas de las medidas recomendadas por Matthew White, reumatólogo de Brown University Health Rheumatology, son: Dieta antiinflamatoriaEspecialistas en la salud han detectado el potencial de algunos tipos de alimentación para modular las respuestas desreguladas del cuerpo.

Uno de los estudios más amplios al respecto detalla que se trata de una dieta con alto consumo de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado azul, frutos secos, aceite de oliva y fitoquímicos.Una de las claves es limitar la ingesta de alimentos con propiedades potencialmente proinflamatorias como la carne roja, los carbohidratos refinados, ultraprocesados y el alcohol. El objetivo principal es escoger opciones ricas en fibra dietética, vitamina C, vitamina E, ácidos grasos (como el omega 3), zinc, polifenoles y probióticos.

Dejar de fumarDesde hace más de una década se concluyó que el tabaquismo provoca inflamación celular crónica al introducir (mediante el humo) sustancias químicas y radicales libres que dañan al ADN. Su efecto es tangible: fumar se ha relacionado con mayor riesgo de padecer múltiples enfermedades entre las que destaca la artritis reumatoide.

Actividad física“Un alto porcentaje de muertes a nivel mundial se atribuye a afecciones relacionadas con la inflamación. El ejercicio físico se propone como una forma eficaz de reducir la inflamación sistémica crónica”, plantea una investigación publicada en Sport Sciences for Health.

De acuerdo con el metaanálisis, la actividad física reduce eficazmente los niveles de biomarcadores asociados con la inflamación sistémica crónica. Los resultados se asociaron a diferentes factores.

Menos grasa, menos inflamación: ejercitarse evita que se acumule grasa en el abdomen lo que contribuye a prevenir la inflamación celular. Mejor control del azúcar: Al mejorar la sensibilidad a la insulina las células funcionan mejor pues les ayuda a procesar la energía de forma eficiente, lo que previene la sobrecarga y desgaste Defensa contra el desgaste celular: un cuerpo que se ejercita maneja mejor el estrés oxidativo Chequeos rutinarios Tener bajo control la presión arterial, niveles de insulina o colesterol es crucial para prevenir la inflamación crónica.

No obstante, es común que los pacientes pasen por alto los cambios, por ello es fundamental acudir al médico y solicitar chequeos rutinarios.Aunque en la actualidad se están desarrollando medicamentos y tratamientos enfocados en frenar la inflamación, aún hay varios años de distancia para hacerlos realidad, por ahora, la forma más simple y accesible para evitar que el proceso reste años de vida es mediante los hábitos diarios.