La crisis de natalidad ha vuelto a situar en el centro del debate público una realidad que afecta a miles de parejas: el deseo de tener hijos y las dificultades para lograrlo.Buena parte de esta conversación ha girado en torno a las técnicas de reproducción asistida: fertilización in vitro, criopreservación de óvulos o gestación subrogada. Se instala así una disyuntiva engañosa: o recurrimos a estas alternativas o dejamos a miles de personas sin posibilidad de tener hijos.

Pero existe una tercera vía, científicamente sólida e insuficientemente conocida: restaurar la fertilidad.Una verdad simple y poderosa es que muchas causas de infertilidad pueden ser tratadas, corregidas y superadas con tratamientos personalizados que respetan la fisiología natural y fortalecen la salud integral. No obstante, en la práctica clínica actual, con alarmante frecuencia se omite el diagnóstico.

Se acorta el estudio de sus causas de la infertilidad y se acude rápidamente a la fertilización in vitro como única respuesta. Esta omisión empobrece la práctica clínica, restándole espacio a tratamientos médicos y quirúrgicos.El enfoque reproductivo restaurativo, que busca tratar las causas de la infertilidad, es más respetuoso con los ciclos naturales, y la salud general de la mujer, del varón y del niño concebido.

En el país existen profesionales comprometidos con esta visión, que han logrado integrarla a la práctica clínica con rigurosidad científica. Gracias a los avances tecnológicos y a diagnósticos de alta precisión, hoy es posible ofrecer terapias y cirugías que abordan causas específicas en el hombre y la mujer, como disfunciones hormonales, malformaciones, patologías estructurales y secuelas de infecciones o enfermedades, entre otras.

Incluso cuando una mujer ha sido diagnosticada con cáncer y debe someterse a quimioterapia, el horizonte no se cierra. Aunque con frecuencia se indica que la única alternativa es criopreservar óvulos, existe una opción profundamente esperanzadora: la criopreservación de tejido ovárico.

El enfoque central de la medicina restaurativa es recuperar la salud de la mujer o el varón. Cuando eso se logra, permite recuperar la posibilidad de concebir uno o más hijos.

No requiere que la pareja sea sometida a nuevos tratamientos en cada ciclo de intento, con el impacto psicológico, físico y económico que esto conlleva.Es momento de devolver a la restauración de la fertilidad el lugar que merece en la conversación pública. Si bien Chile ha avanzado en la codificación de exámenes y tratamientos en el ámbito de la medicina reproductiva, aún persisten brechas importantes en el acceso efectivo de las personas.En la actualidad, los mecanismos de financiamiento de Fonasa se concentran en canastas asociadas a técnicas de reproducción asistida, lo que es replicado por las Isapres.

Al no existir coberturas integrales ni aranceles de referencia realistas para la inducción de ovulación con coito programado o la cirugía reconstructiva tubárica en la Modalidad de Libre Elección, se genera una asimetría práctica que termina empujando el flujo de pacientes hacia las técnicas de reproducción asistida.Si realmente queremos enfrentar la crisis de natalidad, un primer paso concreto y alcanzable sería que Fonasa incorporara coberturas integrales para el estudio diagnóstico de la infertilidad y mejorara el financiamiento de los tratamientos médicos y quirúrgicos orientados a restaurar la fertilidad. Se trata de una medida que permitiría a muchas parejas acceder oportunamente a una evaluación completa y a terapias que hoy continúan siendo poco conocidas y difícilmente accesibles.De esta manera, las parejas contarían con un abanico más amplio de alternativas terapéuticas y podrían tomar decisiones verdaderamente libres, basadas en criterios clínicos y en sus propias convicciones, y no condicionadas por una estructura de financiamiento que, en la práctica, favorece unas opciones por sobre otras.

En un país preocupado por su futuro demográfico, ampliar las posibilidades de quienes desean tener hijos debiera ser parte esencial de la respuesta.Por María Antonia Villablanca y José Antonio Arraztoa, Centro de Fertilidad Clínica Universidad de los Andes