En la era de las redes sociales sentimos la obligación de asistir a todo. Es imprescindible estar en todos los planes, en todos los conciertos, en todas las fiestas.

Sabemos que los influencers de turno, pero también nuestros amigos y conocidos, van a publicar fotos y vídeos mostrando lo bien que se lo pasan en esos eventos y nos van a crear la necesidad de estar ahí. Uno acaba viendo esas publicaciones desde casa y no puede hacer otra cosa que sentir envidia y pensar que tendría que haber ido, aunque realmente no le apeteciera.

No es nada nuevo; se trata del miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés), el lamento de que otros disfruten “experiencias más gratificantes que las nuestras o de que no estemos aprovechando plenamente las oportunidades”, como bien resume el filósofo Juan Evaristo Valls Boix. Seguir leyendo