¿Dónde ver tzompantlis en México? Un vistazo al pasado prehispánico

¿Sabes dónde ver tzompantlis? Los famosos muros de cráneos formaron parte de la cultura prehispánica de México.
Hace unos meses, fueron objeto de cuestionamiento por una funcionaria española; no obstante, lejos de ser un elemento del cual avergonzarse, se trata de una expresión en forma de altar, donde la muerte se transformaba en la semilla necesaria para que la vida continuara su ciclo. Así como existen las ventanas arqueológicas en nuestro país, hay todo un México “oculto” debajo del territorio.
Por eso no es casualidad que hubo un momento donde los arqueólogos se toparon con una estructura edificada enteramente con miles de cráneos humanos reales empotrados unos junto a otros. Para los conquistadores españoles del siglo XVI, toparse con un tzompantli (del náhuatl tzontli, que significa "cabellera" o "cráneo", y pantli, que se traduce como "hilera" o "pared") fue una experiencia aterradora que catalogaron de inmediato como una obra explícita de fuerzas demoníacas.
No obstante, en la actualidad, visitar un tzompantli es una experiencia visual que te acercará a una cosmovisión donde el sacrificio humano era el acto supremo de reciprocidad hacia los dioses, encargado de asegurar que el Sol volviera a salir cada mañana. El tzompantli consta de una plataforma rectangular de piedra (un basamento) sobre la cual se colocaba una enorme empalizada de madera.
Esta estructura de madera sostenía postes verticales perforados por postes horizontales (varas), donde se ensartaban de lado a lado los cráneos de los prisioneros de guerra capturados en las famosas "guerras floridas", así como de los elegidos para encarnar a los dioses en festividades específicas. De acuerdo con el INAH, un tzompantli se asocia con la muerte, pero su simbolismo trasciende a la renovación y continuidad de los ciclos vitales.
Para los mexicas y otros pueblos, la cabeza no era solo hueso; albergaba el tonalli, una fuerza vital y anímica conectada directamente con el calor del Sol. Al colocar los cráneos en el tzompantli, las cabezas quedaban expuestas a los rayos solares y a los elementos, deshidratándose lentamente hasta que la carne desaparecía.
Este proceso no se veía como una profanación, sino como una siembra simbólica. Cada cráneo era una semilla cósmica que regresaba su energía a la Tierra para garantizar la fertilidad de los campos de maíz, el éxito de las cosechas y la regeneración del orden cósmico universal.
El descubrimiento del Huey Tzompantli de la antigua México-Tenochtitlan en 2015 marcó un antes y un después en las excavaciones del Centro Histórico de la Ciudad de México, a espaldas de la Catedral Metropolitana. Este colosal monumento fue localizado bajo el predio de la calle República de Guatemala número 24.
Data de los gobiernos de los tlatoanis Ahuízotl y Motecuhzoma Xocoyotzin (entre 1486 y 1520) y destaca por tener una torre circular hecha enteramente de cráneos humanos unidos con argamasa de cal, arena y gravilla de tezontle. Debido a la relevancia científica y a la extrema fragilidad de los restos óseos, que requieren condiciones climáticas, de humedad y de conservación milimétricas para evitar su pulverización, el espacio interior del Huey Tzompantli permanece cerrado al público.
Aunque el predio comparte espacio con el Museo del Cacao y Chocolate, el cual sí puedes visitar. Si deseas ver una representación monumental y perfectamente conservada de un tzompantli esculpido en piedra, debes viajar al sureste mexicano y adentrarte en la zona arqueológica de Chichén Itzá, en el estado de Yucatán.
Ubicada en la gran plaza central, a unos pasos de la famosa pirámide de El Castillo (Kukulkán) y del Gran Juego de Pelota, se levanta la imponente Plataforma de los Cráneos. Las paredes exteriores de la plataforma están recubiertas por detallados bajorrelieves que muestran hileras continuas de cráneos humanos de perfil ensartados en postes, imitando de forma exacta cómo lucía la empalizada de madera real cuando estaba en pleno uso operativo.
En la zona arqueológica de Tula, en el estado de Hidalgo, la mítica capital de la civilización tolteca que floreció entre los siglos IX y XII de nuestra era, famosa a nivel mundial por resguardar a los colosales "Atlantes", alberga uno de los antecedentes directos más importantes del tzompantli. El tzompantli de Tula se localiza en las inmediaciones del Palacio Quemado y la Plaza Central del sitio.
Aunque el tiempo y el saqueo colonial deterioraron la estructura de madera original, el basamento de piedra conserva importantes secciones de su friso decorativo. Al igual que en Chichén Itzá, los toltecas esculpieron en los muros de piedra hileras de cráneos alternados con huesos cruzados y figuras de individuos en descomposición, creando una atmósfera sagrada que vinculaba el triunfo militar con la renovación espiritual del universo.
En la zona arqueológica de Zultépec-Tecoaque, ubicada en el estado de Tlaxcala, los guerreros acolhuas de la región capturaron una caravana española aliada a Hernán Cortés, compuesta por unos 450 individuos. Los prisioneros fueron mantenidos en cautiverio durante meses y sacrificados gradualmente en honor a diversas deidades prehispánicas.
Los cráneos fueron perforados por los lados y colocados de forma tradicional en el tzompantli local de la ciudad como un acto de resistencia indígena y advertencia militar frente a los invasores. En la actualidad, una muestra representativa de 14 cráneos originales recuperados del Tzompantli de Tecoaque se exhibe de forma permanente en la Sala 1 del Museo Nacional de Historia (ubicado en el Castillo de Chapultepec, en CDMX).
Los tzompantlis de México pueden conocerse en algunas zonas arqueológicas, pero investigadores señalan que estos muros no desaparecieron con el tiempo, sino que se transformaron en papel picado, copal, flores de cempasúchil y calaveritas de azúcar.
Information from Excélsior (México). Edited by: Noticias Today.
View original article ↗
💬 Comments (0)
Sign in or create your account to comment.