En los bosques nubosos de Talamanca, donde las nubes cubren con frecuencia la vegetación y las temperaturas son más bajas que en las tierras bajas tropicales, científicos encontraron una pista para explicar una pregunta que ha intrigado a los especialistas durante décadas: por qué tantas plantas de montaña dependen de los colibríes para reproducirse. La investigación, publicada en la revista New Phytologist, analizó dos especies de plantas del género Costus que representan una transición evolutiva reciente entre la polinización por abejas y la polinización por colibríes.

Una de ellas, Costus kuntzei, crece principalmente en bosques lluviosos de menor elevación y es visitada por abejas. La otra, Costus wilsonii, habita bosques montanos y depende de colibríes.

Para estudiar qué ocurre a medida que aumenta la altitud, los investigadores trabajaron en tres sitios del sur de Costa Rica: La Gamba, cerca del Golfo Dulce; la Estación Biológica Las Cruces; y Las Alturas del Bosque Verde, en la cordillera de Talamanca. Allí trasladaron flores entre distintos ambientes y registraron la actividad de los polinizadores.

Durante años, una explicación frecuente remarcó que las plantas evolucionaron hacia la polinización por colibríes porque las abejas se volvían menos activas en las montañas. No obstante, los resultados mostraron que las abejas continuaron visitando las flores a lo largo del gradiente altitudinal.

La diferencia apareció en otro aspecto. Los científicos midieron cuánta cantidad de polen era depositada en cada visita.

Aunque las flores adaptadas a las abejas recibieron más visitas, los colibríes demostraron ser más eficientes para transferir polen entre flores. En otras palabras, una sola visita de un colibrí aportó más polen que una visita de abeja.

Esa ventaja permitió que la efectividad total de la polinización fuera mayor en la especie adaptada a estas aves. Los investigadores también observaron que las visitas de colibríes aumentaban con la elevación.

Esta combinación de mayor presencia en los ambientes montanos y una mayor eficiencia en el transporte de polen ayuda a explicar por qué tantas plantas de los bosques nubosos han evolucionado hacia una relación más estrecha con estas aves. Las flores reflejan esa especialización.

Las asociadas a las abejas son más grandes, aromáticas y cuentan con estructuras que facilitan el aterrizaje de los insectos. Las adaptadas a colibríes son más pequeñas, curvadas y están diseñadas para ajustarse a la forma de alimentación de estas aves.

Según los autores, los resultados indican que la evolución hacia la polinización por colibríes en los bosques montanos parece estar relacionada con la combinación de una mayor eficiencia en la transferencia de polen y una mayor frecuencia de visitas en elevaciones altas, más que con una disminución marcada de la actividad de las abejas.