“Mi hermano no quería grabarla porque el título era muy fuerte”: Hermanos Yaipén revelan la historia detrás de sus grandes éxitos“Probé cerveza recién a los 24 años”: Wendy Sulca reinterpreta “Cerveza, cerveza” con Micro TDH y habla de dolor, éxito y raícesUn videoclip suyo está cerca de alcanzar los cuatro millones de reproducciones. Otro superó el millón en pocos meses.

Mientras prepara una nueva gira por Europa y trabaja en cinco canciones inéditas, Gustavo Ratto sigue defendiendo una idea que, para él, no admite concesiones: la música andina puede dialogar con la modernidad sin dejar de ser ella misma.Su recorrido inició en el rock, pero fue en las raíces andinas donde encontró no solo una identidad artística, sino también la posibilidad de vivir de la música. Descubrió un público masivo y fiel, capaz de sostener una propuesta que reivindica lo peruano desde una mirada contemporánea.Por eso, cuando habla de innovación, no piensa en rupturas.

Piensa en sumar. La tunantada que escuchó en sus inicios, dominada por saxos y clarinetes, hoy convive con pianos, bajos electrónicos y guitarras electroacústicas.

Los arreglos cambian, pero la esencia permanece. “Mantenemos la estructura y no perdemos la esencia”, afirma.Ese equilibrio le ha permitido conectar con nuevas audiencias dentro y fuera del país. Desde Bolivia y Argentina hasta Estados Unidos y Europa, la demanda por este género crece impulsada por una comunidad migrante que encuentra en la música una forma de mantener vivos sus vínculos con el Perú.La tradición modernaPara Ratto, acercarse a la tunantada significó asumir una responsabilidad mayor que la de un simple intérprete.

Su personaje artístico, el arriero, fue construido a partir de un proceso de investigación y aprendizaje que incluyó conversaciones con bailarines, escritores y especialistas en esta expresión cultural nacida en Jauja.“Si te equivocas, ya fuiste”, dice con franqueza. La frase resume el respeto con el que aborda una tradición que considera profundamente vivencial.

Por eso estudió libros, observó a los danzantes y aprendió de primera mano los códigos del personaje que representa en los escenarios y videoclips.Esa búsqueda también se trasladó a las composiciones. Junto al maestro Hugo Ariza Trujillo, radicado en Uruguay, desarrolla letras que exploran nuevos temas para la música andina contemporánea.

El padre migrante, las relaciones a distancia, la vida del artista popular o el orgullo de ser andino en pleno siglo XXI son algunas de las historias que considera necesarias.La modernización, asegura, no debe confundirse con la búsqueda desesperada de viralidad. “No hay que sacrificar calidad por entretenimiento”, sostiene. En tiempos de algoritmos e inteligencia artificial, considera que las emociones y las experiencias humanas siguen siendo una ventaja irremplazable. “Las canciones creadas por nosotros como humanos tienen alma”, afirma.LEE MÁS: “Toda mi vida tuve déficit de atención e hiperactividad y no lo sabía”: Pedro Pablo Corpancho convirtió el teatro en su mejor canal de energíaCon esa filosofía, experimentó recientemente con un videoclip que mezcla imágenes reales y secuencias inspiradas en el anime.

La propuesta, inédita dentro de la tunantada, nació después de una noche viendo Kill Bill. Para él, las herramientas tecnológicas son aliadas, siempre que estén al servicio de la creatividad y la identidad. “Se vienen cosas grandes para la música andina”, asegura.

Y mientras los números en plataformas digitales siguen creciendo, Gustavo Ratto parece convencido de que el futuro del género se construye mirando hacia adelante, pero sin dejar de escuchar a sus raíces.