La selección de Panamá se marchó este miércoles por la noche con el amargo sabor de una derrota que llegó cuando el reloj marcaba los 90+5 minutos. Un gol de Caleb Yirenkyi terminó por derrumbar el esfuerzo de un equipo que, durante gran parte del encuentro, había realizado un trabajo correcto, especialmente en defensa.

La fría noche de Toronto, acompañada por una lluvia constante, no logró apagar el entusiasmo de los cerca de 27 mil panameños que se dieron cita en el Toronto Stadium ni tampoco las ganas de los dirigidos por Thomas Christiansen de sumar el primer punto de la historia del país en una Copa Mundial de la FIFA. Durante más de 90 minutos, Panamá resistió, compitió y mantuvo el orden ante una selección de Ghana que llegaba como favorita.

No obstante, cuando el empate parecía asegurado, un contragolpe letal terminó castigando a los canaleros. El tanto de Yirenkyi no solo le dio los tres puntos a los africanos, sino que también los colocó como colíderes del Grupo L junto a Inglaterra, que horas antes había derrotado a Croacia por marcador de 4-2.

Lo mejor de la noche fue, sin discusión alguna, el espectacular respaldo de la afición panameña. La asistencia oficial fue de 42,962 espectadores y, observando las tribunas teñidas de rojo, no parecía exagerado afirmar que alrededor del 70% del público apoyaba a Panamá.

El ambiente fue impresionante y convirtió al estadio en una especie de extensión del Rommel Fernández. Los aficionados panameños ya habían tomado la ciudad desde el martes por la noche, cuando llenaron Nathan Phillips Square durante las actividades previas al encuentro.

El miércoles, miles de ellos recorrieron las calles del centro de Toronto, convirtiendo la ciudad canadiense en una auténtica fiesta tricolor. Durante el partido no dejaron de alentar.

De pie, cantando y empujando al equipo en los momentos más complicados. Por largos pasajes del encuentro se escucharon los tradicionales “¡Ole, ole, Panamá, Panamá!”, el “¡Sí se puede!” y el “¡Vamos, vamos Panamá!”.

La magnitud del apoyo fue histórica. De hecho, la cantidad de panameños presentes en el Toronto Stadium superó ampliamente la capacidad del Estadio Rommel Fernández, por lo que se puede afirmar que este fue el partido de fútbol con mayor cantidad de aficionados panameños presentes en toda la historia.

En el aspecto futbolístico también merece una mención especial Jiovany Ramos. El defensor, que durante buena parte de la era Christiansen no había sido considerado una pieza fija dentro del equipo, se ganó la titularidad y respondió a la altura de una Copa del Mundo.

Sus cierres oportunos evitaron varias aproximaciones peligrosas de Ghana y ayudaron a mantener el cero durante gran parte del encuentro. Hasta antes del gol de la derrota, era un serio candidato a ser elegido como el mejor jugador del partido por Panamá.

Lo malo fue la manera en que se escapó el resultado. Panamá estaba apenas a segundos de sumar un punto histórico cuando una cadena de errores terminó siendo castigada de la peor forma posible.

Todo inició con un centro defectuoso de Aníbal Godoy que terminó facilitando la transición ofensiva de Ghana. Posteriormente, tanto Carlos Harvey como Jiovany Ramos decidieron presionar en campo rival cuando quizás la mejor opción era replegarse y reorganizar las líneas defensivas.

Luego, Amir Murillo e Ismael Díaz tuvieron la oportunidad de cortar la jugada con una falta táctica y no lo hicieron. Finalmente, José Córdoba optó por deslizarse para intentar bloquear a Brandon Thomas-Asante.

La acción terminó dejando al delantero con tiempo y espacio suficientes para enviar el centro al área, donde apareció Caleb Yirenkyi para marcar el gol que silenció a miles de panameños. Fue una jugada de apenas unos segundos, pero que resumió varios errores de toma de decisiones en una situación donde lo más importante era proteger el empate.

Lo más cuestionable de la noche llegó después del pitazo final. En sus declaraciones, Thomas Christiansen atribuyó la responsabilidad del gol recibido a las decisiones tomadas por los jugadores dentro del terreno de juego.

No obstante, el análisis también debe incluir el impacto que tuvieron las decisiones desde el banquillo en el complemento. Las sustituciones realizadas no acercaron a Panamá a la victoria y tampoco ayudaron a recuperar el orden que el equipo había mostrado durante gran parte del compromiso.

Con el periódico del día siguiente en la mano, surge la sensación de que la salida de César Blackman, condicionado por una tarjeta amarilla, pudo haberse gestionado de otra manera. Quizás la entrada de un defensor central adicional habría permitido adelantar a Andrés Andrade como carrilero y reforzar la estructura defensiva porque el empate era un fantástico resultado.

También queda abierta la discusión sobre la confección de la convocatoria. La inclusión de un futbolista con características como las de Víctor Griffith habría ofrecido una alternativa más natural para sostener el mediocampo en los minutos finales.

Asimismo, era evidente que Adalberto Carrasquilla todavía no se encontraba al cien por ciento físicamente para afrontar un partido de esta exigencia.