La crisis provocada por la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán sigue generando consecuencias económicas mucho más allá del campo militar. Aunque Washington anunció un principio de acuerdo con Teherán para reducir las tensiones y reabrir el estratégico Estrecho de Ormuz, las principales navieras del mundo mantienen la desconfianza y se niegan a retomar plenamente sus operaciones mientras no existan garantías reales de seguridad.

Luego de más de tres meses de guerra, ataques a infraestructuras y amenazas constantes sobre una de las rutas energéticas más importantes del planeta, cientos de embarcaciones permanecen atrapadas en el Golfo Pérsico. El escenario refleja cómo las decisiones militares de Estados Unidos y su aliado Israel han desestabilizado una arteria fundamental para el comercio mundial de petróleo y gas, generando incertidumbre que aún persiste pese a los anuncios diplomáticos.

La expectativa de una reapertura gradual del Estrecho de Ormuz provocó una caída cercana al 5 por ciento en los futuros del petróleo Brent. No obstante, la reacción de las compañías marítimas ha sido mucho más cautelosa.

Los armadores consideran que un anuncio político no basta para restablecer la normalidad en una zona que durante meses ha sido escenario de bombardeos, ataques con drones, restricciones de navegación y operaciones militares impulsadas por Estados Unidos e Israel contra Irán. El Estrecho de Ormuz conecta a los grandes productores energéticos del Golfo con mercados de Asia, Europa y otras regiones.

Por sus aguas transita habitualmente una parte significativa del petróleo y gas natural licuado consumido en el mundo. Las empresas navieras exigen conocer con precisión quién garantizará la seguridad marítima, cuáles serán las reglas de navegación y qué papel asumirán las aseguradoras antes de exponer nuevamente a sus tripulaciones y embarcaciones.

Entre las principales preocupaciones figuran las condiciones de paso, los protocolos de seguridad, los costos de seguros y las garantías de que el acuerdo anunciado entre Washington y Teherán tendrá una aplicación duradera. La organización internacional BIMCO, una de las mayores asociaciones de armadores del mundo, ha advertido que todavía existen múltiples elementos sin resolver para considerar seguro el tránsito por la zona.

La cautela responde también a experiencias recientes. Durante los últimos meses se anunciaron varias iniciativas de distensión que terminaron fracasando mientras continuaban los ataques y las acciones militares en la región.

Otro punto que genera incertidumbre es la propuesta iraní para regular el tránsito futuro. Medios iraníes informaron que durante los primeros 60 días la navegación sería gratuita, pero posteriormente podrían aplicarse tarifas relacionadas con seguridad, protección ambiental, seguros y servicios marítimos.

Para las compañías, la incógnita no es solamente cuánto costará cruzar, sino quién administrará esas operaciones y cómo se resolverán eventuales incidentes en una de las zonas más militarizadas del planeta. En la actualidad, el flujo marítimo sigue muy por debajo de los niveles previos al conflicto.

Se estima que cerca de 300 buques cargados permanecen esperando autorización para cruzar, mientras una cifra similar aguarda en el Golfo de Omán. Las consecuencias del conflicto también comienzan a reflejarse en aspectos menos visibles de la actividad marítima.

Una de las industrias que experimenta un auge inesperado es la de los buzos especializados en limpieza de cascos. Luego de permanecer inmovilizados durante más de tres meses, múltiples barcos presentan acumulaciones de algas, limo y percebes que afectan su rendimiento.

Empresas especializadas en servicios subacuáticos reportan que la demanda se ha multiplicado más de treinta veces desde que se anunció la posible reapertura del estrecho. Los costos también han aumentado significativamente.

Trabajos que hace apenas unos días costaban alrededor de 5 mil dólares por embarcación ahora alcanzan hasta los 8 mil dólares debido a la enorme demanda acumulada. Asimismo de la limpieza, las navieras deberán revisar seguros, inspeccionar daños, actualizar protocolos de seguridad y evaluar posibles riesgos relacionados con minas o artefactos explosivos antes de reanudar operaciones normales.

Según estimaciones del sector, alrededor de 600 embarcaciones continúan atrapadas en el Golfo Pérsico mientras esperan condiciones más estables para navegar. La situación evidencia que, aunque los mercados reaccionen rápidamente a los anuncios políticos, las consecuencias de una guerra impulsada por Estados Unidos e Israel tardan mucho más tiempo en desaparecer de las rutas comerciales y de la economía global.