Ir al médico por un dolor en el pecho constante o dolores de cabeza diarios, hacerse exámenes, escuchar que todo está “bien”, pero seguir sintiéndose mal. Eso le pasa a más personas de lo que se cree y no siempre el problema está en el cuerpo, sino en algo que no se ve: las emociones que se han ido acumulando y callando por años.

En el Mes de la Salud Mental Masculina, una psicóloga analiza cómo esto afecta a los hombres, qué pueden hacer al respecto y cómo es una primera terapia psicológica para quienes nunca han asistido a una. Lo que debe saber:Los trastornos somatomorfos aparecen cuando una afección emocional se convierte en síntomas físicos reales sin explicación médica.El hábito de reprimir las emociones hace que muchos hombres busquen ayuda hasta que el estrés ya no los deja dormir, comer bien o cuando su vida social y de pareja se ve gravemente afectada.Hay tres síntomas específicos que pueden estar relacionados con las emociones. “Hay afecciones emocionales que se convierten en situaciones o síntomas físicos totalmente reales, solamente que no tienen ninguna explicación médica”, explicó la psicóloga Jeimy Agudelo, de la clínica Hikma y parte de la red médica Medismart.“No significa que la persona esté fingiendo o que esté todo en su mente, lo que significa es que hay algo a nivel emocional que es la causa de la dolencia o de la situación a nivel físico no médica”, agregó.

Los 3 síntomas físicos que no debe ignorarLa ansiedad es uno de los diagnósticos más frecuentes y suele manifestarse físicamente con insomnio o dificultad para respirar. Pero, si ya visitó a un especialista y está físicamente sano, preste atención a estas tres formas en que el cuerpo somatiza el estrés extremo:Dolores de cabeza frecuentes: Pueden ser el resultado directo del sobrepensamiento constante o de una fuerte sobrecarga mental acumulada.Dolor o presión en el pecho: Un síntoma muy alarmante relacionado con la ansiedad y la preocupación excesiva. (Importante: siempre debe visitar al médico primero para descartar cualquier afección cardíaca o torácica, especialmente si hay antecedentes genéticos).Problemas intestinales: Las emociones reprimidas pueden agravar afecciones estomacales o del colon.

Por el eje intestino-cerebro, cuando esto ocurre, el tratamiento debe ser un trabajo integral: psicológico, nutricional y médico.Qué puede hacer ahora La especialista enfatizó que no tiene que esperar a que el malestar sea insoportable para empezar a cuidarse. Algunas recomendaciones para el autocuidado son: Use sus sentidos en la rutina diaria: Por ejemplo, tómese el café matutino sin prisa; huélalo y perciba qué siente su cuerpo.

Si se está duchando, dedique esos cinco minutos a sentir el agua y oler el champú, en lugar de sobrepensar en sus responsabilidades. Si va de camino al trabajo y está lloviendo, deténgase unos segundos para escuchar la lluvia.

Respiración 4-2-6: Para momentos de mucho estrés o ataques de pánico, respire conscientemente: Inhale por la nariz contando 4 segundos, sostenga el aire 1 o 2 segundos, y exhale por la boca muy despacio durante 6 segundos. Esa exhalación larga obliga a su cuerpo a relajarse.“Hay que aprender a detenerse y a ir más despacio en la vida porque a veces nadie nos está apurando.

Sé que hay cargas económicas y responsabilidades, pero hay que aprender a ir un día a la vez”, precisó. Ir a terapia: ¿cómo es una primera sesión?La psicóloga relata que, en consulta, es común escuchar a hombres decir “vine porque alguien me expresó, pero yo no creo en la terapia”.

No obstante, afirma que no se necesita creer al 100% para ir a una primera sesión; basta con reconocer que algo no anda bien.Así, para quienes nunca han asistido a una terapia, Agudelo explica varios aspectos que puede tomar en cuenta: Un espacio seguro: la especialista recuerda que ir a terapia no es igual que hablar con la familia o un amigo. Se trata de un lugar donde la persona que consulta es la protagonista, donde no se le va a juzgar y donde puede mostrar ese lado vulnerable que le oculta a los demás. “La primera sesión es precisamente para hablar de todo lo que quizás han estado callando, es un espacio para llorar, para reír, para hablar como quieran, pero para ser ellos mismos”, indicó.

¿Psicólogo o psicóloga? La elección depende totalmente de la persona.

Por ejemplo, si a un hombre le da temor hablar de temas sexuales o expresar su vulnerabilidad frente a una mujer, puede buscar un psicólogo. Por el contrario, si le da temor ser vulnerable frente a un hombre, puede buscar una psicóloga. “Eso va a depender con cuál género quizá tenga un poquito más de afinidad.

No hay como esa diferencia de cuál sea mejor uno que otro”, agregó Agudelo. El tipo de terapia: Agudelo aconseja que, en consulta, le pregunte a su terapeuta cuál enfoque de terapia tiene y verificar si tiene evidencia científica. “Nuestra salud mental es un espacio muy delicado, entonces, tiene que ser con algo realmente aprobado desde la parte de la evidencia científica siempre”, amplió la psicóloga.

Los enfoques más usuales: los más comunes son el enfoque Cognitivo Conductual (que se enfoca más en el trabajo de las emociones, pensamientos, de cómo eso puede influir en la conducta de la persona conforme a sus creencias y percepciones) y la terapia de Aceptación y Compromiso (que enseña a dejar de “pelear” contra la vida y aceptar lo que pasa). “Los dos combinados hacen un excelente trabajo”, precisó Agudelo.“Que se atrevan a ver más allá de lo que la dureza de la vida les ha enseñado a hacer, que hay que expresar nuestra vulnerabilidad y ahí es donde realmente encontramos muchísimo incluso nuestra propia identidad. Ser duro no significa que siempre tengan que aguantarse todo lo que les suceda y reprimírselo, hay que aprender a asociar también la fortaleza con el permiso a la vulnerabilidad”, concluyó Agudelo.