El garaje de Adorni o la parrilla de Bacchiani

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— “Como alguna vez te comenté en privado, yo colecciono PC viejas”, dio a conocer Adorni en su inolvidable reciente aparición pública. La confesión no alcanzó para captar la complicidad del periodista que lo entrevistaba.
Durante cuarenta minutos, el dueño de la cascada de Indio Cua trató de construir un relato de héroe trágico sacrificial: “Pensé en renunciar, pero entendí que no me podía ir, porque si renunciaba siendo un tipo honesto, después iban a venir por otros”. El Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación se dio a conocer “trader”.
Uno con mucha suerte, por ahora, no como nuestro humilde y encarcelado Trader God, Edgar Bacchiani. Como en un Aleph infinito de vastos personajes, las historias se repiten.
Incluso la de aquellos desgraciados cuyos destinos construyen la trama de un fatal desenlace. Bacchiani, como su colega Adorni, también utilizó estrategias legales y mediáticas para sostener sus argumentos.
Entre otras maniobras, afirmó que necesitaba seguir tradeando para pagar a sus inversores. Una especie de deslomado a bordo de una Ferrari.
De la parrilla de Adorni al garaje del que asegura haber salido Bacchiani cuando minaba sus primeros tiros en el mundo cripto, los malos relatos solo terminan revelando el empobrecimiento de las audiencias que los aplauden. Hamartia es un término utilizado en el Nuevo Testamento para referirse a la desviación moral que va más allá de un simple error.
Implica una violación a la ley divina. El pecado.
Aristóteles ubica a la hamartia en su obra Sobre la Poética, pero le asigna al término un concepto menos crudo. Algo así como un “error de juicio”.
Una falla o defecto moral que lleva al héroe de la tragedia a cometer hechos trágicos casi sin darse cuenta. En ese entramado, el orgullo desmedido que lleva al héroe a persistir en su hamartia, es la hybris.
La desmesura en la que incurre el protagonista y que provoca su propia ruina. A su derivado en psicología se lo conoce como Síndrome de Hubris.
Algo así como lo que se vio en la entrevista del periodista Del Río a Adorni. Catarsis: purificación emocional que experimenta la audiencia a través del miedo y la piedad al ver sufrir al héroe.
En un acto de sincericidio, Adorni se asumió junto a su esposa merecedores de la inocencia fiscal, la ley hecha para que los evasores del Gobierno eludan sanciones penales. ¿Cuánto de compasión o lástima se puede experimentar por el adalid moral devaluado?
Anagnórisis Tres elementos comunes pueden aplicarse a este tipo de personajes: ascenso, exceso, caída. Ni Adorni ni Bacchiani son el héroe trágico.
No existe en sus actuaciones ninguna revelación. Son más bien los personajes predecibles de un libreto decadente.
El vaho putrefacto de una sociedad vaciada. En su última entrevista, el funcionario dio a conocer finalmente el detalle de las mentiras sobre el dinero no declarado, enmascarando la trama con hechos inverosímiles, como la aparición de dinero en casa de su padre.
La torpeza había comenzado mucho antes. La virtud predicada con vehemente confrontación en sus apariciones de vocería fue parte de una moral guionada que el vocero del Gobierno de los Milei no fue capaz de interpretar y lo llevó a revelar su propia falla.
Fue su propia contradicción lo que edificó la tragedia. La ironía de una ceguera poco ilustrada.
La hamartia aristotélica montada por un jockey novato, apostando incógnitos capitales. La hamartia explica el mecanismo de su debacle, pero no los absuelve.
Adorni y Bacchiani, son responsables de su propia caída. Si el héroe insiste en permanecer en el error, aun cuando la realidad lo contradice, termina atrapado.
Mea culpa o anagnórisis colectiva ¿Cómo se explica la tragedia de una sociedad que necesita creer en falsos profetas?
Información de El Ancasti (Catamarca). Edición y redacción: Noticias Today.
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