Hay monstruos que emergen de la oscuridad y otros que nacen del miedo. En Leviticus, la ópera prima de Adrian Chiarella que estrena hoy en México, el horror surge cuando el deseo es tratado como una amenaza, y la identidad se convierte en motivo de castigo.

Leviticus utiliza el horror sobrenatural para explorar las consecuencias de crecer en un entorno que te enseña a temer aquello que eres.La cinta utiliza los códigos del horror sobrenatural para explorar temas como la homofobia, las prácticas de conversión y el conflicto entre identidad y creencias religiosas. Más que un relato sobre una criatura sobrenatural, es una historia sobre las consecuencias de enseñarle a alguien que debe temerse a sí mismo.

La historia sigue a Naim y Ryan, dos jóvenes que viven en una comunidad religiosa. Cuando sus sentimientos salen a la superficie, son sometidos a prácticas de conversión que desencadenan una maldición, porque una entidad adopta la forma de la persona que más desean.

Es decir, el amor se convierte en amenaza.Y no es casual que Chiarella eligiera el terror para contar esta historia, “cuando empecé este proyecto sabía que estaba haciendo una película sobre la homofobia, y sé que la homofobia es un tipo de miedo; la propia palabra lo indica”, explicó el director durante una charla virtual con MILENIO, “por eso decidí hacerla como una película de terror”.El título tampoco es una provocación gratuita. Leviticus toma su nombre del libro bíblico frecuentemente citado para condenar las relaciones entre personas del mismo sexo.

No obstante, Chiarella explicó que la intención nunca fue atacar “a las personas religiosas; más bien trata sobre cómo interpretas tus creencias y lo que te han enseñado”.“Muchas personas religiosas hablan de la forma en que leen esos textos y de si los interpretan desde un espíritu de aceptación o no”, agregó el director. Y esa distinción resulta relevante en un momento en el que los debates sobre los derechos LGBTQ+ y discursos religiosos siguen ocupando espacios en distintas partes del mundo.El propio director reconoció que parte de la motivación para realizar la película surgió de la percepción de que algunas conquistas de la comunidad LGBTQ+ parecían perder terreno, “durante los últimos años ha habido un retroceso en muchos de los derechos por los que la comunidad LGBTQ+ había luchado”.La pertinencia de Leviticus nace precisamente de que transforma una conversación social en una experiencia emocional.

Y el terror siempre ha funcionado como un espejo de las ansiedades colectivas de cada época: guerras, violencia, racismo o represión. En Leviticus, el monstruo es el miedo a ser visto.Joe Bird, uno de los protagonistas, describió a la criatura como una representación directa de la estigmatización: “esta entidad funciona como una metáfora de la homofobia, como si fuera un monstruo.

Lo interesante es que solo puede verla la persona sobre la que pesa la maldición”, expresó sobre cómo se manifiestan los deseos y el miedo.La observación es poderosa porque conecta con una experiencia cotidiana: el dolor que es invalidado por quienes no lo viven y “eso refleja mucho la homofobia en la vida real. Alguien puede sufrir algo, intentar explicarlo, y recibir respuestas como: ‘No es para tanto’, ‘Eso no pasó’, ‘Lo estás exagerando’.

Pero sí afecta a las personas”, agregó.Ahí reside el aspecto más inquietante de la película. La criatura es aterradora, sí, pero no tanto como la normalización de aquello que representa.

Al cierre de la historia aparece una frase que funciona casi como una declaración de principios: “necesitamos el miedo para sobrevivir”. Y es fuerte porque (SPOILER) lo dice la madre de Naim.Para Stacy Clausen, esa línea resume la lógica bajo la cual operan muchos de los personajes, “creo que esa línea resume muy bien la mentalidad y las actitudes a las que estos jóvenes se enfrentan dentro de su comunidad”, expresó.

El problema es que el miedo diseñado para proteger puede convertirse en una herramienta de control.Chiarella planteó esa idea: miedo/control, de forma directa cuando habló sobre la naturaleza humana, porque “el miedo es algo que tienen todos los animales; es un instinto de supervivencia, pero también me interesaba explorar las formas en que los seres humanos utilizan el miedo para controlar o coaccionar a otras personas”.“Al final, lo que necesitamos es más amor y menos odio”, expresó Bird, “uno de los temas centrales es que el amor es amor”, es una frase sencilla para los tiempos que corren, pero quizá por eso mismo tiene fuerza, porque detrás del terror, la película habla de algo reconocible: el costo de aprender a desconfiar de ti mismo.CLAVESEn Leviticus el miedo adopta una forma particularmente contemporánea: la de los prejuicios que sobreviven bajo discursos de protección, moralidad o tradición.El terror siempre ha sido una herramienta del cine para hablar de aquello que una sociedad no quiere mirar de frente.