Fuimos campeones mundiales, pero hoy ni siquiera calificamos

En una crónica escrita en 1954, el escritor y líder social Carlos Luis Fallas narró sus constantes derrotas al jugar ajedrez contra un checo en Praga. Fallas escribió:“Y picado en mi amor propio, me solté entonces a hablar y a gesticular para explicarle que en Costa Rica no se practicaba mucho el ajedrez; pero que, en cambio, en fútbol sí que éramos contrincantes de mucho cuidado, porque todos los costarricenses le dábamos a la pelota desde chiquitos”.Encaminado por esa ruta, Fallas puso el fútbol nacional por los cielos al asegurar que equipos costarricenses habían empatado con “argentinos tan famosos como el Racing y el Boca Juniors” y que la Liga Deportiva Alajuelense había derrotado seis a cero al Génova de Italia.Al emprender su ataque nacionalista futbolero, Fallas seguramente no sabía que la antigua Checoslovaquia había sido subcampeona del Campeonato Mundial de Fútbol de Italia 1934.
Eventualmente, esa misma selección volvería a ser subcampeona mundial en 1962 y campeona de Europa en 1976.Más allá del fútbolFallas murió en mayo de 1966 y Costa Rica clasificó, por primera vez, a un mundial de fútbol en 1990 (Italia 90), cuando la Guerra Fría llegaba a su fin. Unos años después, Checoslovaquia se dividió en dos naciones independientes: la República Checa y Eslovaquia.Pero Costa Rica había sido campeona global en otro aspecto que atraía, mucho más que el fútbol, la atención de los extranjeros.A inicios de octubre de 1989, al referirse a esta pequeña nación, el diario deportivo italiano La Gazzetta dello Sport no recordó las glorias deportivas nombradas por Fallas 35 años antes, sino que tituló su artículo: “Bienvenida Costa Rica, país sin ejército”.Desde las primeras décadas del siglo XIX, viajeros europeos que visitaron América Central resaltaron la sociedad costarricense como morigerada y esa imagen se consolidó a finales del siglo XIX.Ya en 1907, en una crónica sobre la fiesta de la Independencia, el diario La Prensa Libre asoció la paz nacional con el desarrollo de la educación y describió, por primera vez, las fuerzas armadas de Costa Rica: “El ejército escolar de San José, compuesto por unos 4.900 niños acompañados con sus banderas y estandartes desplegados, listo para marchar a rendir a Costa Rica un tributo de cariño y de respeto en el gran día de la libertad”.La abolición del ejército en 1948 coronó la representación internacional de nuestro país como tierra de paz.
Campeones mundialesPor supuesto, como ocurre en todas las narrativas nacionalistas, esa visión sobre la paz llegó a convertirse en un mito que reducía la complejidad de la historia nacional y escondía o borraba eventos que no calzaban con esa descripción. Pero es incuestionable la funcionalidad que tenía esa identidad pacífica para articular la sociedad costarricense y otorgarle una particularidad en el marco internacional.El artículo italiano de 1989 ya señalado presentó a Costa Rica como un país exportador de café, con un campeonato de fútbol integrado por equipos con jugadores semiprofesionales y afirmó que el Deportivo Saprissa era la Juventus de Costa Rica.
Pero a los italianos les atrajo más que esta nación no tenía ejército y contaba con un Premio Nobel de la Paz. En eso no eran diferentes de sus ancestros del siglo XIX.He perdido la cuenta de cuántas veces me han preguntado cómo es que nuestro país ha subsistido sin milicias.
Es quizá la primera cuestión con que me asaltan en Asia, Europa, Estados Unidos o en América Latina, cuando me identifico como historiador costarricense. Inmediatamente, esa pregunta llevaba a otra: ¿cómo es que el país era una de las democracias más viejas del planeta?Pero esto ha comenzado a variar desde hace unos años.
Las fisuras que se han ido produciendo en el proyecto de nación costarricense han propiciado que el discurso nacionalista sobre la paz haya dejado de proyectarse interna e internacionalmente.El problema de la inseguridad, el tipo de violencia cotidiana asociado con bandas criminales y la incapacidad de desarrollar un modelo político-social sostenido y con carácter nacional han hecho mella en aquella representación. Quizá no clasificar al Mundial de Fútbol 2026 sea solo un síntoma de algo más grande que se va perdiendo mientras las discusiones se reducen a insultos y a recomendar crema de rosas.david.diaz@ucr.ac.crDavid Díaz Arias es profesor catedrático de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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