1776, un año de ideas que cambiaron la historia

En 1776 convergen cuatro acontecimientos que cimentaron la retórica de la libertad. No solo conmemoramos los 250 años de la Declaración de la Independencia de los EE.UU., sino también a tres teóricos políticos que, con lenguajes propios, concurren en la gesta del 4 de julio.Adam Smith publicó La riqueza de las naciones en marzo de 1776.
Su objetivo fue identificar las razones por las que Inglaterra y los Países Bajos lograban liberarse de los ciclos recurrentes de prosperidad y decadencia para embarcarse en un camino de franco progreso. Sus argumentos en contra del mercantilismo inglés y a favor del libre mercado inspiraron el Reporte sobre las manufacturas del primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, en 1791.
A diferencia de Thomas Jefferson, Hamilton sostenía que depender solo de la agricultura hacía vulnerable al país y abogaba por impulsar la industria. Empleó los conceptos de Smith sobre la división del trabajo y la incorporación de maquinaria, pero cuestionó el laissez-faire del escocés.
Para promover la industria naciente, propuso aranceles moderados y subsidios estatales destinados a dar impulso a las manufactureras locales. En 1790, Jefferson, por su parte, le recomendó a su yerno una lectura imprescindible para la formación de un caballero: “En economía política, creo que La riqueza de las naciones de Smith es el mejor libro que existe”.En 1776 murió el filósofo e historiador escocés David Hume.
En sus gustos políticos, se definió como “whig moderado” y “tory cándido”. Detractor de posiciones extremas, siempre equilibrado.
Debido a sus cuestionamientos incisivos al presbiterianismo vernáculo y a los recelos del establishment académico hacia su escepticismo, nunca logró obtener la cátedra de filosofía moral en Edimburgo. Thomas Jefferson y John Adams leyeron su Historia de Inglaterra, que investiga la evolución de las instituciones, la ley y la libertad inglesas.
No obstante, discreparon a causa del presunto sesgo monárquico del tory escéptico, quien abogó por el libre comercio y rechazó la monarquía absoluta aun defendiendo la prerrogativa real. Sus valoraciones sobre la naturaleza humana se observan en el realismo antropológico de James Madison.
Los hombres no son ángeles y es imprescindible regular la natural ambición de poder. En De la independencia del Parlamento, Hume consigna su máxima política: “Todo hombre debe ser considerado un sinvergüenza (a knave)”.
Aunque capaz de generosidad, a causa de su “natural egoísmo” tiende al autointerés. En lo privado se comportará decorosamente, pero como funcionario público y empoderado por sus seguidores, “pronto aprende a despreciar los clamores de sus adversarios”.
Cuando esto sucede, prevalece “la facción” que, por definición, lesiona el interés público. El precepto político de Madison, “la ambición debe contrarrestar a la ambición”, se traduce en mecanismos institucionales que articulan los frenos y contrapesos, para morigerar la facción y lograr el equilibrio de poderes.
El viejo adagio romano do ut des (otorgo para que me otorgues) indica reciprocidad y concesiones mutuas. Si la política es negociación, el proverbial win/win podría informar no solo el intercambio económico, sino principalmente el político.
Cuando el imperio británico impuso la ley del sello (1765) y posteriormente la ley del té (1773), las colonias no solo sufrían la vulneración de sus derechos, sino que su propiedad financiaba las deudas de la guerra de los Siete Años en lugar de que dicho capital retornara en beneficios para su propio desarrollo.En enero de 1776, Thomas Paine publicó el panfleto Sentido común. Su retórica republicana defendió la liberación de las colonias americanas y cuestionó la legitimidad de la corona británica, cuyo origen era la feroz usurpación del normando Guillermo el Conquistador: “Un bribón francés desembarcado con unos bandidos armados”.
En línea con sus ideas, Thomas Jefferson denunció a Jorge III, rey de Gran Bretaña e Irlanda, como el “nuevo Guillermo el Conquistador”. El peculiar uso de la historia de sus libelos revolucionarios le permitió fraguar un relato independentista, basado en el término “usurpación”.
Trazó la identidad de los colonos americanos a las antiguas tribus sajonas y denunció a Jorge III como el último heredero de la primera conquista normanda. Los patriotas jamás permitirían la imposición de un gobierno tiránico por parte del heredero del Normando sobre los emigrantes sajones en el Nuevo Mundo.Sentido común no solo es una arenga radical a la liberación de las colonias, sino también una defensa del derecho universal de todos los hombres a la igualdad y a la libertadLa intolerable conculcación de los derechos de propiedad era la causa del creciente malestar colonial.
En 1774, el virginiano denunció que el imperio “nos vampiriza” con impuestos excesivos no debidamente consentidos y exigió una banca en el parlamento de la metrópoli para cada una de las colonias. Hasta este punto, solo exigió “los derechos de los ingleses” que les correspondían como súbditos.
Pero en 1776, su narrativa cambia inspirado por Paine. Sentido común no solo es una arenga radical a la liberación de las colonias, sino también una defensa del derecho universal de todos los hombres a la igualdad y a la libertad.
La monarquía, inclusive la parlamentaria, y todo título o privilegio heredado, tienen su origen en la usurpación. Como consigna la Declaración de la Independencia, el régimen monárquico es inherentemente tiránico y el derecho sagrado de los hombres a elegir por sí mismos a sus gobernantes solo es compatible con un sistema que consagre el autogobierno.
Es decir, con una república.Paine luchó contra el “despotismo hereditario” de Francia e inspiró la Constitución de Pensilvania en Norteamérica. Creía que los hombres tienen el derecho natural de deponer a sus gobernantes, pues aun sin gobierno la sociedad natural persiste.
En consecuencia, aun cortando lazos con la metrópoli y abandonando su condición de súbditos, las colonias podrían subsistir con su propia organización y decidir por sí mismas su porvenir.Dos años antes de la Declaración, John Adams escribió en la Boston Gazette empleando la retórica de Jefferson y de Paine: “Los primeros habitantes de Plymouth eran ‘nuestros ancestros’ […] no tenían carta ni patente de la tierra de la que tomaron posesión; y no derivaban su autoridad […] de la Corona ingles[a]. Buscaron la tierra de los indios e instituyeron un gobierno por sí mismos […] teniendo por fundamento un contrato original entre individuos independientes”.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.