SANTA FE.— Un hombre que prestaba servicio como policía en los tribunales santafesinos fue imputado este martes por graves delitos contra la integridad sexual de otras personas en una causa que tiene como víctimas a siete de sus sobrinos, todos hijos de un hermano suyo. En una audiencia multipropósito , que fue presidida por el juez Nicolás Falkenberg , los fiscales que tienen el caso en sus manos pusieron sobre la mesa las pruebas que pudieron reunir hasta el momento y pidieron que el acusado permanezca en prisión mientras continúa la investigación.

El magistrado hizo lugar al pedido, a pesar de un planteo de prescripción de los hechos presentado por los defensores, los abogados Lucía Mognaschi y Raúl Sánchez Lecumberri. Los representantes del Ministerio Público de la Acusación (MPA) en el proceso son la fiscal Vivian Galeano y el fiscal Ezequiel Hernández .

Según trascendió, la investigación inició con la denuncia de una mujer, sobrina del policía, que contó que sufrió un abuso sexual un par de décadas atrás. Los ataques habrían comenzado cuando ella tenía 13 años y continuaron hasta los 15, aproximadamente.

Reacción en cadena La víctima expresó que los episodios sucedían cuando ella se quedaba a dormir o iba a jugar a la casa de su abuela , en barrio Guadalupe de la capital provincial, donde su tío también vivía. El hombre, hermano del padre de la pequeña, habría aprovechado los momentos en que quedaban a solas para cometer los abusos.

La denunciante contó que sabía que también algunos de sus hermanos habían sido atacados por su tío. Los investigadores tomaron nota y los entrevistaron.

De ocho hermanos (entre varones y mujeres), siete reconocieron haber sido abusados por el hombre y se sumaron a la acción penal. Fuentes de la fiscalía señalaron que varios de los hermanos no sabían que el resto había sufrido lo mismo que ellos y que la primera denuncia provocó “la reacción en cadena ”.

También hicieron referencia a los problemas psicológicos que enfrentan las víctimas: alcohol, drogas y hasta intentos de suicidio. Juegos y amenazas Según las denuncias, el hombre utilizaba siempre las mismas estrategias cuando las víctimas eran menores de edad.

Los abusos se daban en contexto de juegos o viendo películas y sus sobrinos eran amenazados para que no digan nada. Los ataques fueron de todo tipo, incluyendo accesos carnales .

Los fiscales lo imputaron por abuso sexual gravemente ultrajante agravado por la guarda (los chicos estaban a su cuidado cuando ocurrieron los presuntos ataques) y corrupción de menores. Fueron concretamente siete los hechos que le atribuyeron al policía.

La Defensa planteó que los delitos ya habían prescripto, a lo que los fiscales se opusieron rotundamente. Finalmente, el juez entendió que en al menos uno de los episodios no aplicaba la prescripción.

Ante los riesgos procesales evaluados, el magistrado decidió hacer lugar a la solicitud de los representantes del MPA y ordenó la prisión preventiva para el imputado. Impacto El caso genera particular impacto no sólo porque el acusado era policía, sino también porque cumplía funciones dentro de los tribunales. “Era quien llevaba de la mano a los chicos a la Cámara Gesell, por ejemplo.

Presenció centenares de juicios por abusos sexuales. Escuchó a víctimas desplomándose de dolor.

Sabe de estrategias defensivas, de cómo se evalúan las pruebas en estos casos”, disparó uno de los investigadores. La identidad del imputado se resguarda para preservar la de las víctimas, que tienen el mismo apellido.