Su principal aliado internacional, Donal Trump, tiene un ala herida. Y su otro cercano amigo en el mundo, Benjamin Netanyahu, que constituyen con el presidente norteamericano el dueto casi exclusivo de la política exterior de Javier Milei, se enojó con Trump porque a este se le sucedió poner fin a la guerra con el Irán temible de los ayatollahs sin consultarlo y, para peor, en condiciones casi perdidosas.

Tales peripecias las está viviendo el presidente argentino en días en los que también debe observar cómo su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, deambula hacia ninguna parte. Le están arruinando la fiesta que merece la importante caída del riesgo país, una condición indispensable para que la Argentina y las empresas accedan a los mercados financieros internacionales.

Es decir, al crédito, que tiene mucho más volumen fuera que dentro del país. Durante el mayor período de tiempo de la administración Milei el riesgo país osciló entre los 550 puntos básicos y los 600.

Esos números significaban que tanto el Estado argentino como las empresas debían tomar créditos en el exterior con tasas de interés muy altas. No los tomaban, porque era lo mismo que si los mercados financieros les hubieran cerrado las puertas al país y al capital privado.

Es cierto que el riesgo país se desplomó desde el acceso de Milei a la presidencia en 2023, cuando heredó 1290 puntos hasta los 426 que el banco JP Morgan registró ayer. El índice del JP Morgan es la medición más popular del riesgo que se corre cuando se invierte en un país.

Y el riesgo país es la sobretasa que se debe pagar por encima de la tasas de interés que establece para sus bonos la Reserva Federal de los Estados Unidos, bonos que son considerados los más seguros del mundo. No obstante, era extraño que el gobierno de Milei, que había logrado eliminar el déficit fiscal y buscó (aunque no siempre lo logró) ser el alumno más disciplinado del Fondo Monetario, no pudiera bajar el riesgo país de los 550 o 600 puntos básicos.

Brokers de Wall Street y directivos de empresas internacionales explicaron siempre que los problemas de la Argentina, aun en la era Milei, son el excesivo endeudamiento en dólares del país, las escasas reservas internacionales y la crispación política constante de la política vernácula. La confrontación perpetua en épocas del mileísmo tiene el mismo autor que la conquista de haber logrado el superávit fiscal o la caída de la inflación: el Presidente.

No obstante, los estrategas de la política oficial y el propio carácter del jefe del Estado no percibieron nunca que el desprecio a las instituciones y al respeto político y humano podían afectarlos. La novedad consiste, entonces, en que ese índice se acerca ahora a los 400 puntos.

Es el menor nivel desde abril de 2018, cuando bajó a 419 puntos y aún gobernaba Mauricio Macri, si bien el índice más bajo del gobierno macrista se registró en octubre de 2017, cuando el nivel fue de 342 puntos. Hace ocho años entonces, si tomamos el índice de 2018, que la Argentina no ronda los 400 puntos básicos de riesgo país. “Es una buena noticia, aunque no lo suficiente como para ir a festejar al Obelisco”, ironiza el economista Enrique Szewach.

Su razonamiento se respalda en que el acuerdo de Trump con Irán construyó una economía más previsible en el mundo y que, por lo tanto, cayó el riesgo país de todos los países de América Latina, sean de izquierda o de derecha. Con todo, la Argentina solo está cerca del de Ecuador, que ayer tenía 378 puntos básicos de riesgo país.

El Brasil del izquierdista Lula da Silva, según las categorías políticas de Milei, registró ayer 175 puntos de riesgo país, mientras el Uruguay de otro presidente izquierdista, Yamandú Orsi, fluctuaba apenas entre los 50 y los 70 puntos básicos. Perú, que vive la mayor inestabilidad política de la región y que ahora tiene en vilo a la propia presidencia de la Nación, alcanzó los 134 puntos.

El México de otra izquierdista, Claudia Sheinbaum, el riesgo país se estableció en 204 puntos. Chile, donde gobierna un hombre de derecha, José Antonio Kast, tocó ayer los 87 puntos básicos de riesgo país.

Nada.No obstante, sería necio negarle a Milei que logró el nivel más bajo de riesgo país en casi una década. Pero, ¿es ese su mayor trofeo económico?

Es más justo detenerse en la inflación, que podría estar este mes por debajo de los 2 puntos. Es una inflación alta según los estándares del mundo serio, pero Alberto Fernández le dejó una inflación de 211 por ciento anual; esto es: alrededor del 18 por ciento mensual.

La inflación acumulada en los cuatro años del presidente peronista fue del 1020 por ciento. Desde Roberto Lavagna, que en tres años y medio dejó una inflación acumulada de apenas el 40 por ciento, el país nunca volvió a tener números tan bajos del aumento de los precios.

De hecho, cuando Lavagna abandonó el Ministerio de Economía, el aspirante a púgil Guillermo Moreno intervino el Indec para que no se conociera el número real de la inflación. Pero la sociedad prefiere medir la inflación según los precios de las cosas en las góndolas de los supermercados, no en los informes del Indec.

Nunca nadie le creyó ciegamente.Milei no puede ofrecer todavía la inflación de cero por ciento de Domingo Cavallo, como fue la de febrero de 1995, pero al menos bajó casi nueve puntos la que le dejó Alberto Fernández. La pregunta que el presidente argentino se debe estar haciendo es hasta cuándo durara su primavera política.

El destino de su nuevo mejor amigo, Trump, es incierto. Acaba de anunciar un acuerdo con Irán, después de una guerra que el propio líder norteamericano descerrajó inútilmente.

Casi la unanimidad de los diarios del exterior concluyó que Trump perdió esa guerra, aunque en los ataques de los primeros días haya muerto el entonces líder supremo de la nación persa, Ali Khamenei. El presidente de los Estados Unidos inició anunciando que bombardearía Irán hasta derrocar al gobierno de los ayatollahs, pero estos se han fortalecido por el ataque externo y porque han aprovechado el momento para aumentar la crueldad con que tratan a la disidencia de ese país.

El pretexto de la necesaria cohesión nacional solo ha provocado un mayor sufrimiento para un sector enorme de la sociedad iraní. La segunda promesa de Trump consistió en que dejaría sin arsenal nuclear a los ayatollahs.

Aunque les asestó una destrucción importante a los armamentos de las Fuerzas Armadas de Teherán (sobre todo los de la Armada y de la Fuerza Aérea), lo cierto es que el régimen teocrático retiene 450 kilos de uranio enriquecido por encima del 60 por ciento. Nadie sabe dónde esconde esa cantidad de uranio, según precisaron los principales diarios del exterior.

El enriquecimiento de uranio al 90 por ciento permite ya la fabricación de una bomba atómica, que el mundo prefiere que los ayatollahs no la tengan. Según el siempre verbalmente desmesurado Trump, él habría conseguido que los iraníes no avancen aún más con el enriquecimiento de uranio.

Nada nuevo: Barack Obama ya había logrado ese compromiso en 2015 si romper ningún bazar. Irán, cuyo jerarquía está integrada por criminales que ordenaron dos ataques fulminantes en la Argentina, los que volaron la embajada de Israel y la sede de la AMIA, logró, a pesar de todo, el control del estratégico estrecho de Ormuz.

El bloqueo iraní de esa vía naval, por la que se transporta gran parte del petróleo de los países árabes, desestabilizó la economía mundial. ¿Nadie imaginó en Washington que Irán estaba en condiciones de cometer semejante daño?

¿Creyeron acaso que se trataría de un paseo por Teherán, como lo fue el paseo por Caracas para detener y extraditar al déspota venezolano Nicolás Maduro? Se equivocaron, del principio al final.En ese mundo raro y cambiante se están peleando Trump y Netanyahu.

Milei consideraba a esos dos líderes, a la primera ministra italiana Giorgia Meloni y a él mismo como un cuarteto indestructible, según les contaba a varios interlocutores hasta no hace mucho tiempo. Trump destrató también a Meloni, porque esta se puso del lado del papa León XIV en la disidencia del Pontífice con el presidente de los Estados Unidos.

Ponerse al lado del Papa es lo que debe hacer todo jefe de gobierno italiano si no quiere morir en el intento mientras prueba otra cosa. “Cobarde”, le expresó Trump a Meloni sin respetar la investidura de la jefa del gobierno de un país que no es el suyo. Meloni había calificado de “inaceptable” el mal trato de Trump al Papa y se negó a involucrar directamente a Italia en la guerra contra Irán.

Milei no puede volcarse hacia ningún lado porque su país no tiene el poder necesario ni siquiera para intentar una mediación. El fracaso de Trump puede medirse fácilmente: es, a estas alturas de su segundo mandato, más impopular que todos su predecesores anteriores.

Una derrota en las elecciones legislativas de noviembre próximo, que son las de mitad de mandato, es previsible; así lo indican, al menos, las encuestas de ahora. Un Trump derrotado sería un aliado mucho más débil para Milei, justo un año antes de que este se juegue la reelección.

Es difícil que en 2027 haya un nuevo cheque del poderoso secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, para financiar una victoria del amigo argentino. El propio Milei podría ser más importante que Bessent y ayudar a su suerte solo con un poco de sosiego político.