La democracia representativa, condensada en la palabra republicanismo, y el derecho fueron dos de las ideas más trascendentes del Imperio Romano, que pasó de ser gobernado por reyes hasta el año 510 antes de Cristo, a convertirse en una república, un término que se originó en las palabras Res Publica y Res Populica, “la cosa pública” o “el estado de todos”. El periodo de la República Romana se extendió del 509 a.C. al 27 d.C.CESARE ABBATEOchenta y tantos años antes de Cristo, un emperador romano, Sila, invadió Ática, sitió y saqueó Atenas, y luego de la muerte de Apelicón, un bibliófilo que había comprado los libros coleccionados por Aristóteles dos siglos antes, se apoderó de ellos y los mandó a Roma.

Cuando Aristóteles falleció, su biblioteca acabó en poder de una familia de Pérgamo, que la enterró bajo su casa para que no pudiera ser encontrada, y que luego se la vendió a Apelicón. Los traslados, el poco cuidado, las humedades y el polvo y los gusanos deterioraron buena parte de los libros, aunque se podían copiar.

Sila era consciente de la importancia de aquellos textos.Según las afirmaciones que plasmó el historiador británico Peter Watson en su libro “Ideas, historia intelectual de la humanidad”, los romanos jamás dejaron de admirar lo que habían construido los griegos. “La reverencia que Roma sentía por el estilo de vida griego, por su pensamiento y sus logros artísticos, constituyó una de las ideas dominantes de la larga era que abarcó su imperio. No obstante, fueron los romanos los que inventaron la noción misma de los clásicos, la idea de que es importante conservar y aprovechar lo mejor que ha sido pensado y escrito en el pasado.

Esta afinidad, no obstante, no debe hacernos pasar por alto la verdadera diferencia entre griegos y romanos en el ámbito de las ideas”. Le sugerimos: Colombia prepara una exposición virtual con España sobre la colección Quimbaya*Para Matthew Arnold, “La fuerza de los clásicos latinos reside en su carácter, la de los griegos en su belleza”.

Los griegos buscaban el saber por el saber, y se interesaron en la relación de los seres humanos con los dioses, mientras que para los romanos todo conocimiento estaba mediado por una utilidad. Desde aquella “utilitas”, durante el Imperio Romano surgieron algunos autores y descubridores que fueron y siguieron siendo venerados, en palabras de Watson, “como Apuleyo en la novela; Catulo, Virgilio, Horacio, Ovidio y Marcial en la poesía; Terencio, Séneca y Plauto en el teatro; Cicerón, Salustio, Plinio y Tácito en la historia”.

Más allá de aquellos personajes y de muchos otros y de sus obras, los dos legados más trascendentes de los romanos para Occidente y el resto de la humanidad fueron la democracia representativa, condensada en una palabra, republicanismo, y el derecho. “La democracia directa —escribió Watson—, como hemos visto, fue una invención griega, pero debemos reconocer que tal modelo no cuenta con imitadores en el mundo moderno, mientras que la democracia representativa se ha incorporado a las constituciones de las distintas repúblicas que empezaron a surgir desde el siglo XVIII y que hoy se extienden desde Argentina hasta Rusia y Estados Unidos de América”. En los tiempos del imperio de Roma, el Senado definía la política que se debía seguir, que luego era puesta en práctica por los magistrados.

El poder de aquellos magistrados residía en su “imperium”, que según Peter V. Jones, autor del libro “El mundo de Roma”, “era una noción especialmente romana”, que se había originado en los tiempos de los primeros reyes, y había ido pasando de generación en generación a los aristócratas y luego, a los magistrados.

En palabras de Jones, era “un concepto clave que designa el derecho reconocido a dar órdenes a quienes tenían un estatus inferior y a esperar ser obedecido… Este poder nunca estuvo bien definido y era demasiado amplio y arbitrario”. Le recomendamos: Paula Klein gana el IV Premio Lumen por su novela “El amor inventado”Desde que se instauró, el ‘imperium’ estuvo atravesado por las guerras y por el poder de las guerras, que les otorgaban autoridad a los vencedores.

Roma lo imponía entre sus vecinos, la desafiaran o no, y al interior del Imperio. Las conquistas fueron una sucesiva constante para fortalecer la idea que los romanos tenían de sí mismos.

Todo aquel sistema se había empezado a construir hacia los años 509 y 510 antes de Cristo, en los tiempos en los que el último rey, Lucio Tarquinio, fue depuesto y expulsado, y reemplazado por un funcionario elegido. A Tarquinio lo llamaban “El soberbio”, era de origen etrusco y había gobernado desde el 534 a.

C.Su apelativo tenía que ver con sus decisiones y su manera de manejarse, tanto con sus súbditos más cercanos, los aristócratas, como con el pueblo. Su derrota decisiva se dio cuando defendió a uno de sus hijos, que, según las voces, que se convirtieron en gritos, había violentado a una noble llamada Lucrecia.

Había llegado al trono cuando, según la historia escrita por Tito Livio, se apareció en el Foro romano con algunos de sus hombres, armados, y denunció a su predecesor, Servio Tulio. Empezó a insultarlo y expresó, en palabras de Livio, que “después de la afrentosa muerte de su padre, sin establecer el interregno acostumbrado, sin reunir los comicios, sin el sufragio del pueblo, sin la ratificación del Senado, había ocupado el trono como regalo de una mujer”.

Servio Tulio se defendió, y sus partidarios y los del “Soberbio” pasaron de las palabras a los golpes, y de los golpes a las armas, hasta que el rey cayó por unas escaleras, según Livio, empujado por Lucio Tarquinio, y falleció a manos de los rebeldes. Al final, su propia hija, de nombre Tulia, que había contraído matrimonio con Tarquinio, lo arrolló con su carro.

Una vez Tarquinio fue derrocado, lo reemplazaron Bruto y Tarquinio Colatino, con el título de pretores. Con el tiempo, toda la familia de Tarquinio, incluido el pretor que gobernaba, sustituido entonces por Valerio Publícola, fue desterrada y a los pretores se les dio el cargo de cónsules.

Podría interesarle: Devolver a un artista colombiano el lugar que le corresponde: homenaje a Luis CaballeroDurante varios siglos, la República romana se llamaba “Res Pública Romana”, una desviación de “Res populica”, la cosa pública o el estado de todos, y de allí surgió el término república, que estaba liderada por el consulado o la magistratura. De acuerdo con Peter Watson, “El cargo estaba limitado a un año, había dos magistrados con igual “imperium” —nunca más volvería a conferirse a un único individuo con poder supremo— y se establecía la idea de responsabilidad, de tal modo que al final del año se podía pedir al magistrado que rindiera cuentas de sus actos”.

Tal como lo reseñaron Tácito y Suetonio, las diversas crisis y las distintas conquistas llevaron a ciertas modificaciones de aquel sistema. La primera de las enmiendas de aquellos años de crisis o de expansión militar era determinar que el poder recayera en un “dictador”, que actuaba como los tiranos de la Grecia antigua, y la siguiente constaría en elegir dos o más magistrados si el imperio vivía tiempos de guerras.

Unos tenían obligaciones militares y los otros, de tipo administrativo. Con los años y siglos, la maquinaria gubernamental de Roma se cimentaba sobre un cuerpo de magistrados que eran aconsejados por un senado, un término que se derivaba de la palabra “senes”, que significaba ancianos, quienes no solo encarnaban la sabiduría, fundamentalmente porque eran tocados por los dioses y por su experiencia, sino porque poseían un “imperium” decisivo.

En últimas, eran y daban la última palabra. Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖