Más de 30.000 leyes, 700.000 decretos y 200.000 resoluciones ministeriales fueron revisadas como punto de partida del programa de desregulación impulsado por el gobierno argentino para revertir años de bajo crecimiento económico. Martín Rossi, exsecretario de Desregulación y Transformación de la República de Argentina, integró el equipo técnico encargado de esa tarea.

En entrevista con El Comercio, explica que desregular no es lo mismo que simplificar trámites o normas, sino cuestionar si una regulación debe existir y, solo si es necesaria, hacerla lo más simple posible. Sostiene, asimismo, que existe evidencia de que este tipo de políticas públicas favorecen al crecimiento económico y confía en que la experiencia argentina puede ser replicada en otros países de América Latina, una región que, a su juicio, enfrenta un exceso de regulación.

Dichas reflexiones se dieron en el marco de la Expo SNI Industria 2026.Durante años se ha defendido la apertura comercial y la desregulación como herramientas para impulsar el crecimiento económico. Desde su experiencia en Argentina, ¿hay evidencia para corroborar estas afirmaciones?Sí, creo que hay evidencia, aunque son dos cosas distintas.

El exceso regulatorio oprime, y esa opresión tiene un impacto sobre el crecimiento; la evidencia es muy clara respecto a eso.Con respecto a la apertura, la evidencia es un poco más compleja. La apertura tiende a ser buena para el crecimiento, pero no se puede hacer de cualquier forma.

En la desregulación, que el proceso sea rápido es una virtud porque evita que los intereses afectados generen anticuerpo para vetar el proceso. No obstante, los procesos de apertura requieren igualar la cancha entre los actores locales e internacionales.

Si la cancha no estaba emparejada, una apertura indiscriminada puede llegar a hacer que la industria local no pueda competir con la internacional. Por eso, aunque en el largo plazo la apertura es positiva, hay que tener cuidado de no matar a la industria local haciéndolo demasiado rápido.En América Latina, ¿la apertura comercial enfrenta mayores desafíos que en otras regiones?No creo que toda la región sea igual en esa línea.

Hay países con industrias desarrolladas en ciertos sectores y otros que no. Por ejemplo, existe una industria automotriz desarrollada en Argentina que no existe en Uruguay.

Para Uruguay, abrir la competencia es sencillo, pero cuando tienes una industria con 500.000 empleados, una apertura rápida puede hacer que esos empleos tambaleen. Por eso hay que encontrar un equilibrio y analizar cada país por separado.En materia de desregulación, ¿qué medidas implementadas en Argentina han mostrado los resultados más visibles y podrían servir de referencia para otros países?Hay un paradigma general que funcionó muy bien, y es reconocer que buena parte de las regulaciones son certificaciones y trabas para operar, por ejemplo, con productos del exterior.

Lo que hicimos fue establecer que cualquier producto que se comercializa en un país de alta vigilancia —como Estados Unidos, Japón o países europeos—, si fue autorizado allá, puede ingresar a Argentina sin una autorización previa. Esa política es fundamental porque le quita poder discrecional a la burocracia local para impedir que operen determinadas industrias.

Argentina inició este proceso y todavía no ha sido replicado por otros países. Esperamos demostrar que la desregulación tiene efectos positivos sobre la ciudadanía, las empresas y la actividad económica y si se logra conseguir eso.Si Perú quisiera iniciar una agenda de desregulación, ¿cuáles deberían ser los primeros pasos?Lo primero es tener voluntad política.

Se requiere mucha valentía porque cada vez que desregulas, tocas intereses que salen a defenderse corporativamente utilizando argumentos de bienestar social.Luego hay que conformar un equipo que sea disruptivo. No es fácil ser disruptivo; a veces, un experto del sector no es la persona adecuada para desregular, porque ya percibe las regulaciones como algo natural.Finalmente, hay que resistir las presiones de los intereses que intentarán impedir la reforma.En sectores como minería y fertilizantes, ¿qué medidas adoptadas en Argentina han contribuido a dinamizar la inversión y podrían replicarse en Perú?En fertilizantes eliminamos una regulación de los años sesenta que impedía trasladarlos libremente porque se consideraban una potencial arma, lo cual generaba costos muy elevados para el sector agrícola.

Hay dos aspectos que se están haciendo en minería: los impositivos y los regulatorios. En el aspecto impositivo se generó el RIGI, que es un régimen impositivo para grandes inversiones que te da ventajas (tributarias) para las nuevas inversiones en el sector de minería.

Eso seguro va a tener impacto, pero hay algo que más impacto aún debería tener, y es la estabilidad política. La estabilidad política en la minería es central –política y económica– porque cuando haces una inversión por dos años, si confías en el gobierno de turno, la haces.

Pero si tienes que hacer una inversión a 20 años, tienes que confiar no solo en el gobernante que está ahora, sino en el que puede llegar.Argentina ha tenido mucha inestabilidad en cuanto a las decisiones que tomaban sus gobernantes respecto a la propiedad privada en los últimos 30 años. Entonces, buena parte de lo que impide que en Argentina haya inversiones en minería no son solo regulaciones o problemas impositivos, sino que la gente desconfía en el próximo gobierno.La confianza se construye con el tiempo, con gobiernos que no expropien y que mantengan las condiciones.

Nosotros empezamos a desarmar regulaciones y a generar ventajas impositivas, pero la tercera pata es la confianza, que se construye con el tiempo.En Perú, la industria minera suele cuestionar la burocracia, mientras que la población mantiene preocupaciones ambientales, principalmente. ¿Cómo simplificar trámites sin debilitar las salvaguardas ambientales y sociales?El ‘trade-off’ entre inversiones y los problemas ambientales va a existir siempre; es una tensión que no se puede evitar.

La pregunta es dónde se posiciona la autoridad política frente a esa tensión. No existe una solución en la que no se contamine nada, porque entonces ni siquiera podrías conducir un camión.Hay que tomar una decisión política sobre en qué punto de ese equilibrio se va a situar el país.

Si vas a hacer minería, habrá ciertos desechos y algunas poblaciones se verán afectadas, pero también se generará riqueza para repartir. ¿Cómo debe resolverse ese equilibrio en países con gran potencial minero?Es una decisión política.

Si tienes que desplazar a una comunidad indígena para una explotación que genera US$1.000 millones, esa comunidad no va a estar contenta. Alguien tiene que decidir si el costo para esa comunidad justifica la riqueza que se genera.Entonces, no hay algo que convendría más porque siempre habrá alguien que se favorece y alguien que se perjudica.

Por eso se trata de una decisión política sobre cómo resolver esos equilibrios.Perú suele citarse como un caso donde la economía ha mantenido estabilidad pese a una elevada inestabilidad política. ¿Qué reflexión le merece este fenómeno?Perú es un caso de estudio muy interesante.

Siempre me sorprendió que haya tenido tanta estabilidad económica con tanta inestabilidad política; no es lo común. Generalmente ambas están correlacionadas y los cambios políticos suelen traducirse en inestabilidad económica.

Perú ha manejado muy bien esa situación manteniendo la confianza de los inversores.Es un caso de estudio sobre cómo se puede preservar la confianza en las instituciones económicas a pesar de los problemas políticos. No obstante, tampoco hay que tensar la cuerda más de lo necesario, porque demasiada inestabilidad política puede llegar a redundar en un impacto económico.¿Existe una relación entre la orientación ideológica de un gobierno y el nivel de regulación que aplica?La ideología puede impactar sobre la magnitud de las regulaciones porque las regulaciones restringen libertades y existen corrientes ideológicas más favorables o más contrarias a ese tipo de restricciones.

Quien limita una libertad mediante una regulación suele creer que está generando un beneficio, no estoy tratando de argumentar maliciosidad en el que lo hacen, pero es verdad que los gobiernos de izquierda tienden a regular más que los gobiernos de derecha.