Los ganaderos vierten a la tierra, y la tierra, incapaz de digerir tantas toneladas de purines, vomita los nitratos procedentes de los excrementos de cerdos y gallinas al río Limia, que atraviesa el sur de Ourense y se convierte en Lima al entrar en Portugal. En su viaje pierde una i, pero parece que no la contaminación que infesta el agua de baño, los manantiales y pozos, y hasta el aire que respiran los vecinos de los ayuntamientos ribereños.

El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia dictó hace un año una sentencia histórica y condenó a la Xunta de Galicia y a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil (CHMS), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, a tomar todas las medidas necesarias para revertir la situación y proteger la salud de los habitantes. Seguir leyendo