Eduardo Sacheri: "Los éxitos de Scaloni mutaron la relación de Argentina con los mundiales"
El escritor argentino, reconocido por su cercanía también con el fútbol, habló sobre las expectativas de su país para este Mundial. La albiceleste, vigente campeona del mundo, debuta hoy contra Argelia.Argentina alcanzó en Catar su tercer Mundial, sumando los de 1978, que se jugó en su país, y el de México 1986.Agencia EFELuego de 1.276 días, Argentina vuelve a una Copa del Mundo, y lo hace con la chapa de ser la vigente campeona.
Una selección que ya le ha robado al universo tres estrellas para colgarlas en su escudo tendrá siempre el rótulo de favorita y, por ende, la presión de reafirmar su condición. No obstante, a diferencia de las ediciones anteriores, el grupo de Scaloni, Messi y compañía vienen con la serenidad de haber cumplido ya con la obligación de ser otra generación con un Mundial a cuestas.
Eso provoca otro ambiente, o al menos así nos lo contó el escritor argentino Eduardo Sacheri, en “El Remate”, el “streaming” de La SEDE, la sección deportiva de El Espectador.“Aquí en Argentina, no sé cómo es en Colombia, el enganche de la población con el Mundial está muy ligado al momento del inicio del torneo completo. Es decir, a partir de hoy (el pasado jueves).
Argentina debuta recién el martes, pero hoy, ya con los partidos, con el partido inaugural, de repente va a tomarnos por completo. Pero te diría que hasta hace tres o cuatro días no era un tema de agenda.
Suele pasar eso aquí en Argentina. Es como que la Copa del Mundo empieza y de pronto se lleva toda la atención.
Asimismo, el hecho de venir de una Copa del Mundo, de una nueva Copa América y de un ciclo tan exitoso le pone realmente una cuota de calma infrecuente. Todos esperamos que Argentina llegue lejos en el torneo, pero no está la carga de ansiedad con la que Argentina venía castigándose de Mundial en Mundial desde sus últimos y ya lejanos éxitos antes de Catar”, expresó el autor de libros como “La vida que pensamos”, “La pregunta de sus ojos”, “La noche de la Usina”, entre otros.
Pueden leer: Mundial 2026: Cabo Verde, el pequeño archipiélago africano que puso en jaque a EspañaHay una serenidad que el sueño cumplido genera. Es una sensación muy distinta a las demás, y aunque no signifique el fin, sí otorga una libertad que permite convivir con el mundo desde otro punto.
Argentina, quizá, se encuentra en ese estado, y si a la ecuación le agregamos la muy posible despedida de Lionel Messi de la selección, pues los albicelestes abordarán esta Copa del Mundo con alegría, una que no los aleja del deber y del pundonor propio de su juego, pero que sí los aleja del estrés y la ansiedad de tener que cumplirle a otro de los mejores argentinos de todos los tiempos y a ellos mismos. Frente a la relación con Messi y su último Mundial, Sacheri aseveró: “En relación con Leo, es definitivamente importante y central lo que pasó en los años previos.
Esto de los triunfos con la selección que cosechó Leo durante la etapa de Scaloni vuelve este último baile de Leo, en su sexto Mundial, una gran oportunidad. Porque si no hubieran llegado esos títulos, habría una cosa de ansiedad, de angustia, de última oportunidad, que ni Leo, ni el plantel, ni la población de Argentina disfrutarían.
En ese sentido, creo que el enfoque general es de disfrute, de gratitud y de agradecimiento. Pero repito: no porque la sociedad argentina haya madurado, sino simplemente porque los éxitos del equipo de Scaloni han sido tan contundentes, que modificaron completamente el contexto”.Les recomendamos: Irán vs.
Nueva Zelanda, un partido que excede todos los contextos en el Mundial 2026Frente al técnico albiceleste, que logró cohesionar un equipo de amigos leales que dan la vida por el otro y por su país, y que asimismo representan con fidelidad la idiosincrasia argentina, Sacheri opinó: “Creo que hay algo muy valioso. Es un trabajador incansable.
Lejos de depender de Messi, lejos de pedirle a Leo que fuera todo para la selección, el enfoque de Scaloni fue, desde que asumió, generar un gran equipo que pudiera servirse de Leo más que depender de Leo. Y eso creo que es un gran hallazgo y sigue siendo así.
En ese sentido, ojalá el ciclo de Scaloni sea muy largo, porque demuestra una gran capacidad para seguir viendo a jugadores y seguir armando equipo”.Al cierre de esta edición el juego entre Arabia Saudita y Uruguay no había culminado. Hasta este momento, el debut de las selecciones suramericanas no había sido el mejor: Paraguay cayó goleado por Estados Unidos, Brasil empató con Marruecos y Ecuador perdió con Costa de Marfil.
A falta de Colombia, que debutará mañana contra Uzbekistán en el último partido de la primera fecha de fase de grupos, Argentina sale al ruedo también para equilibrar un poco las cosas a favor de este lado del mundo. A pesar del mal arranque, Sacheri comentó que las selecciones suramericanas tienen una ventaja y que, por ejemplo, Brasil puede llegar más lejos de lo que se piensa: “A mí me da la sensación de que Suramérica siempre tiene selecciones aguerridas y difíciles que van a llegar lejos, y creo que Colombia va a ser una de ellas.
Sobre todo en este contexto de recién llegados. Me parece que las selecciones fogueadas en eliminatorias que siempre son duras —y creo que mucho más duras que las de otras regiones del mundo— parten con una ventaja.
Colombia va a llegar lejos. Aunque mi candidato, no porque lo desee, sino porque es una impresión nacida de mi larga experiencia, es Brasil.
Aunque esté jugando horrible, aunque haya tenido una pésima eliminatoria, aunque se proyecten muchas sombras sobre el Brasil que se dispone a iniciar el Mundial, es como decir: cuidado con ellos”.¿Qué opina usted de las pequeñas historias que surgen, en este caso, de equipos que llegaron por el aumento de cupos para este Mundial?Yo la verdad espero equivocarme, muchachos, pero en principio no me gusta este formato de 48 equipos. ¿Por qué?
Explico la razón. Yo siento que los mundiales son un ámbito de tradición, de historia y de presente.
Y, por supuesto, se han ido sumando grandes selecciones a una tradición que se inició en 1930, pero creo que ha sido a través de un esfuerzo gigantesco.Y creo que Colombia es un buen ejemplo de eso: de cómo ir haciéndose un lugar, un nombre, un prestigio, un espacio. Y a mí me gustaba que fuera de ese modo.
Es decir, que las eliminatorias fueran ese enorme desafío y que esos grupos de primera fase ya fueran una prueba enorme, más allá de que pudieran traer grandes sinsabores. El ejemplo de Argentina en 2002, cuando le tocó un grupo dificilísimo y se volvió en primera ronda.Siento que este Mundial de 48 equipos es una mezcla de lo que va a ser el Mundial a partir de dieciseisavos o, casi de octavos, si me tengo que poner estricto, con una suerte de eliminatoria sin resolver.Y dicho con todo respeto por esos países que están, en general, debutando en un Mundial, siento —ahí sí me permito ponerme crítico— que hay una cosa de Infantino y compañía por globalizar la experiencia del Mundial.
Creo que hay una falsa democratización del asunto.Me parece que el lugar en el Mundial es algo que las selecciones —y no hablo solamente de los campeones, por eso doy el ejemplo de Colombia— deben conquistar. El Mundial es un sitio selecto, de prestigio, de lucha y de sacrificio.Por eso sospecho, no sé cómo pasará para el hincha colombiano, pero yo me he agendado, por supuesto, todos los partidos del Mundial.
No obstante, estoy seguro de que hay partidos que no voy a ver.Creo que va a ser el primer Mundial, desde 1978 —que fue el primer Mundial que vi—, en el que no voy a hacer el esfuerzo absoluto de ver cada partido, desde el primero hasta el último. Eso es lo que pienso yo, al menos.¿Qué tanto, como aficionados, podemos realmente dedicarnos a disfrutar el fútbol cuando la realidad y la complejidad de todo lo que está rodeando el Mundial está siendo tan grande?Es difícil responderte porque creo que depende de la índole de cada persona.
Es cierto que este Mundial viene particularmente cargado de contextos difíciles. Recuerdo que el Mundial de Qatar también venía con toda esta cuestión de la cultura del país anfitrión, ciertas intolerancias, ciertas prohibiciones, cosas que habían ocurrido, maltratos a la mano de obra durante la construcción de los estadios para el Mundial.Pero claro, el contexto mundial actual es todavía más complejo y la hostilidad que pueden recibir hasta las delegaciones o los árbitros, vinculada con la política migratoria estadounidense, le da un componente más a la conflictividad.Yo tiendo a pensar —no digo que esté bien, pero creo que es algo que sucede— que el juego, en algún momento, tiene una magia tan profunda que suspende la realidad alrededor del juego.
No la elimina: la suspende.Creo que es algo propio no solo del fútbol hiperprofesional, global y mediático de un Mundial. Pensemos en la vida de cualquiera de nosotros cuando jugamos al fútbol.
Mientras jugamos, el mundo queda en pausa. Y repito: no digo que sea algo bueno, es algo que va de suyo con el juego.Entonces, me imagino que a medida que empiece a calentarse el Mundial —encima este Mundial con tantos equipos— va a tardar unos días en engranar como una máquina que va tomando ritmo y calor con el transcurso de su funcionamiento.Sospecho que cuando entre plenamente en funcionamiento, la mayoría haremos eso: nos concentraremos en los partidos, en los jugadores y en lo que hablaban ustedes antes, las ilusiones, las decepciones, las revelaciones.
La vida volverá a funcionar según sus parámetros generales. Creo que es lo que va a pasar.Siga a la nueva versión digital de la sección deportiva de El Espectador.El Espectador🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes?
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Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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