Ciudadela Muisca de Bosa y una lucha de casi 20 años

Luego de décadas de tensiones entre urbanismo y ancestralidad, el Distrito compra terrenos para saldar una deuda con la comunidad indígena.Ricardo Neuta, actual gobernador de la comunidad muisca de Bosa./ Juan Camilo ParraJuan Camilo ParraRicardo Neuta, gobernador de la comunidad muisca de Bosa, puede trazar su linaje ocho generaciones atrás y podría extenderlo varios siglos más, para demostrar que su comunidad siempre ha estado en el mismo lugar: en Bosa San Bernardino, barrio que concentra el 80 % de los 5.000 indígenas que habitan allí. Por eso no es casualidad que en la localidad siete, a cuadras de la Alcaldía Local, esté el cabildo indígena, que en San Bernardino haya una casa sagrada y un Qusmuy, que esté el humedal Chiguaque o que se escuchen apellidos como Tenjo, Chuguasuque y Neuta.Lea más: Ángel, el emprendedor que cruzó fronteras a pesar de sus 57 cirugíasTodo esto refleja una realidad: en Bosa todavía late el corazón de la ancestral comunidad muisca. “Siempre hemos estado en el altiplano.
Hoy hay seis comunidades en Cundinamarca: la de Bosa, la de Suba y resguardos en Sesquilé, Cota, Chía y Tocancipá”, cuenta Ricardo Neuta, quien deja entrever la nostalgia por los antiguos paisajes del barrio San Bernardino, con extensos prados, cultivos y una vida rural. Ahora él y su comunidad se preparan para recibir un terreno donde no solo edificarán su ciudadela, sino que se consolidará esta población ancestral.Historia de los muiscas Ricardo es un indígena de la generación de los 90, con educación superior y una imagen occidentalizada (chaqueta azul oscura, maleta negra y sin más distintivo que sus facciones duras y morenas), que contrasta con la de comunidades emberas o misak, asentadas en Bogotá.
¿La razón? A diferencia de esas comunidades, que arriban de las regiones, es que los muiscas tienen acá sus raíces.
No conocen más territorio que Bosa San Bernardino, que paradójicamente conserva el nombre de la iglesia San Bernardino de la Sierra, construida en 1618 y usada para adoctrinar a indígenas. “Por mucho tiempo ser indígena en Bogotá era prohibido. Castigaban a quienes mantenían prácticas propias, y eso produjo una pérdida cultural fuerte, en especial de lenguaje.
A veces nos increpan: ‘Si son indígenas, hablen su lengua’. Pero hay que entender que hubo una persecución histórica.
Hacia 1990 nuestros mayores se tuvieron que reconocer como campesinos”. Ancestralidad y urbanidadLos muiscas han habitado la sabana desde antes de que llegaran los españoles, pero la colonización transformó su relación con la tierra.
Antes habitaban y recorrían sin límites ni títulos de propiedad, pero la Colonia introdujo la figura del resguardo y la propiedad privada. Ahí surgieron los espacios para la comunidad muisca, primero en Suba y luego en Bosa, que en su lengua significa “dos”.
Asumieron el nombre al ser el segundo poblado en el territorio que ocupa Bogotá. Pero no siempre fue así.
Ricardo resalta que esta zona del sur no siempre perteneció a la capital. Los recuerdos de Neuta, de un entorno propio del campo, coinciden con un territorio que era parte de un municipio que se integró a mediados de los 50 al Distrito. “El Edén”Aunque, afirma Neuta, con el tiempo la comunidad fue recuperando sus costumbres, el cambio de suelo de uso rural a urbano, con la inclusión a Bogotá, impuso otra amenaza: abrió el camino a la construcción de casas y a la venta ilegal de terrenos.
En este proceso, que aún hoy tiene ecos, la comunidad muisca de Bosa consiguió un reconocimiento oficial del Ministerio del Interior en 1999, debido a que muchas familias, como la de Neuta, comprobaron su presencia en el territorio varias generaciones atrás.No obstante, la expansión urbana en el territorio los siguió desplazando, hasta que se desató el último gran conflicto: la adopción del Plan Parcial El Edén en 2006, que habilitaba vivienda en territorio ancestral. Esto, sostiene Neuta, marcó el principio de su reciente lucha, pues el plan se adoptó “sin una consulta previa con la comunidad indígena”.
Este reclamo lo elevaron formalmente en 2007, y en 2009 el Ministerio del Interior les dio la razón. Le puede interesar: Cuerpos incinerados y otros patrones de violencia que se repiten en BogotáAunque la administración del alcalde Samuel Moreno suspendió en 2011 la consulta, el cabildo llevó el caso al Consejo de Estado, que en 2016 ordenó la consulta, que se llevó a cabo hasta 2019 y culminó con 46 acuerdos, entre ellos edificar una ciudadela para la comunidad indígena.
Desde entonces el Plan Parcial se tuvo que modificar, pues el crecimiento informal obligó a cambiar el terreno que se prometió a los muiscas. Ahora hay esperanza: desde el año pasado Renobo inició la adquisición de predios.
Compra de predios Ricardo Neuta señala que la negociación fue compleja. La comunidad tuvo que enfrentar discusiones jurídicas, urbanísticas y técnicas con entidades especializadas, por lo que fue necesario conformar equipos de apoyo para equilibrar las condiciones de diálogo.
Al final lograron acuerdos en tres componentes: la Ciudadela Muisca, garantizando un territorio urbano colectivo para ellos; un Plan de Vida, con 130 iniciativas relacionadas con cultura, educación propia, medicina tradicional y gobierno propio.Por último, territorio rural, con la entrega de 150 hectáreas para actividades agrícolas, culturales y comunitarias, de las cuales 27 estarían en la vereda Bosatama, en Soacha, y el resto en el predio conocido como Los Potreros, asociado al sector de La Poma. La comunidad exigió que estos terrenos contaran con fuentes hídricas, suelos fértiles y condiciones adecuadas para fortalecer sus prácticas tradicionales.
Para Carlos Felipe Reyes, gerente de Renobo, los avances representan el cumplimiento de una deuda histórica con la comunidad indígena de Bosa. Respecto a la ejecución de la Ciudadela Muisca, Neuta explica que el Distrito ha adquirido algo más que el 50 % de los predios, algo alentador, pero “debe adquirir y entregar los demás”.
Los restantes presentan algunas trabas judiciales o relacionadas con tierreros y dificultades en los registros de propiedad. Una vez se resuelva el tema, la construcción de las viviendas será responsabilidad del cabildo, que deberá gestionar los recursos necesarios.
El Distrito asumirá directamente la construcción de la Casa del Sol y la Luna, un equipamiento destinado al fortalecimiento cultural y al ejercicio del gobierno propio de la comunidad. Conozca más: Memorias del Bronx en cuatro actos: una década de la intervención que abrió una nueva grietaPara el líder indígena, el momento actual representa un avance significativo, pues considera que por primera vez existen recursos concretos destinados a cumplir los acuerdos alcanzados.
No obstante, aún queda un largo camino para hacer realidad la primera Ciudadela Muisca de Bogotá.Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.
Información de El Espectador (Colombia). Edición y redacción: Noticias Today.
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